Un zángano en el palmeral

Pactos

Todo tiene su momento. Algunas ocasiones son de falda corta, otros de pajarita y predominan los bolsos grandes o los cordones en los zapatos según una voz autorizada haya dictaminado, “Aquí estoy yo”. Y lo dicen, las voces autorizadas, con voluntad de permanecer. De regresar incluso, en el caso de que hubieran de marcharse. Por eso, porque existe la moda, también con la crisis regresan los pactos… ¿Regresan?...

Veamos… Según la Real Academia “pacto” es: 1- Concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado… /2- Cosa estudiada para tal concierto… De modo que  un pacto es cosa de varios. Pactar con uno mismo es en cierto modo como llegar a acuerdos con un amigo invisible y, aunque se dice que solo los niños pueden ver enanitos y otros seres asombrosos, no es admisible por ser prácticamente lo mismo que una cuestión de fe: no se demuestra, hay que aceptarlo sin réplica. Por lo tanto, las modalidades de pacto serán, conforme al supuesto “dos o más de dos”,  tantas como individuos distintos participen… Por ejemplo… “Mirad muchachos, vais mal, vais mal y os vamos a ayudar: nosotros ponemos la idea- todo lo que ya os hemos dicho en otras ocasiones que había que hacer- y vosotros chocáis esos cinco con nosotros admitiendo el plan que os proponemos: todo sea por el pacto, ¿no?…”… O… “Está bien, está bien: lleváis razón. Pongámonos de acuerdo en todas y cada una de las iniciativas que ya conocéis porque son, sin falta, las que hemos propuesto siempre. Una vez las hayáis aceptado, vosotros y nosotros estaremos conformes y saldremos sonrientes en la tele o en el cine… “… O… “Creo que podremos llegar a un buen entendimiento mediante una de las dos alternativas que comprenderéis son las que conviene poner en marcha a nuestra entera satisfacción. Así pues, vosotros mismos: o garrote vil o guillotina…”… O, esperen, lo olvidaba: se necesita voluntad de pactar. Que sean dos o más de dos y que quieran admitir principios ajenos a la vez que renuncian a algunos de los suyos. Algo, la verdad, que hace tan ilusorio el pacto como sostener que uno se reúne con su persona para conversar y plantearse soluciones propias y no propias. Porque los vecinos no pactan, se imponen. Se imponen los forofos deportivos. Se imponen los ateos a los conversos y viceversa. Se imponen los políticos, los que reniegan de los políticos- al menos en las redes sociales- y los que quieren que no haya políticos, ni estado, ni sistema, modalidad de desorden que suelen expresar durante el circo de machotes urbanos: facinerosos contra policías. Se impone la señora al caballero, el novio a la novia. Se imponen los bancos, se impone la prensa, se impone el restaurador, se impone el cineasta, se impone quien quiera que se imponga… “Al mar o a la montaña de vacaciones, pregunto… No, no digáis nada: ni para mi ni para vosotros: este año a la montaña y el año que viene al mar… si seguimos juntos…”

 

Los ojitos llenos de ayer
Sangre y arena en mayo