Un zángano en el palmeral

POR FIN SE HACE JUSTICIA

Según leo en Guadaqué, la diputada delegada de Cultura, Marta Valdenebro, sostiene que, “La readmisión de los miembros de la Banda se hará conforme a la ley, y no como diga el PSOE”. Alude a la reciente resolución judicial conforme a derecho, que incluye el mandato de restaurar los vínculos laborales extinguidos de los que fueron privados los miembros de la agrupación. Y parece, con tal aserto, cargada de razones para indicar que los representantes del Partido Socialista pretenden una interpretación distinta a la referida por el juez…

Naturalmente, todo se hará de acuerdo a lo que dice la ley y a lo que dictan los jueces. Aunque es cierto que si las siglas de los partidos se intercambiaran en esta noticia, nada sustancial habría cambiado.

¿Digo con eso que los partidos, los políticos, esos “malotes” en boca de todo el mundo a fe de escarnio- entendiéndose “a fe de escarnio”

por linchamiento público- son responsables de dar alas a la presente desautorización del ordenamiento jurídico, las leyes y su oportuno cumplimiento? Sí, pero no sólo ellos.  Es un asunto este, me temo que universal y que se origina en algo que, por lo visto, el común de los mortales no acaba de entender. Una cosa es el derecho y otra lo que es justo. Para dilucidar esto último hace faltan más que leyes. Hacen falta acuerdos, establecer un denominador común que permita a las comunidades partir de unos referentes éticos y morales indiscutidos.

Eso no quiere decir que lo que se apalabra acabe por ser lo mejor.

Hacer de lo malo bueno y de lo bueno aún otro bien preferible, es una obligación, deber, constante que debiera animarnos siempre. Sin embargo, las partes de un conflicto siempre pretenden tener razón y, lo pasmoso, no es que haya que acudir a las Salas de Justicia, sino la constante que se enuncia con estas pocas palabras: la justicia es injusta y favorece siempre a los mismos. Si el veredicto nos favorece, se ha hecho justicia; si la sentencia es adversa, somos víctimas de atropello… Es verdad que existen muchos motivos de reflexión y denuncia. Para quien esto redacta es incomprensible, por ejemplo, que los magistrados formen en organizaciones que se dicen progresistas o no progresistas. Que se pueda decir sin sonrojo que tal juez o jueza es afín a un partido u otro. No porque tales profesionales tengan que carecer de ideas y simpatías ideológicas, que va. Pero que los asuntos a dirimir mediante la intervención de un tribunal se presupongan desde origen, viciados por la conocida postura política del responsable o responsables de impartir justicia, contribuye a la confusión y la sospecha. Conviene pensar en la imparcialidad, en el sentido profesional de tales agentes, pero, en esta vida, no es insensato desconfiar hasta del propio padre. Dicho todo esto, sin embargo, contando con muchos otros problemas y carencias del sistema judicial español de los que no doy detalle, me preocupa el aspecto de lo que mencioné anteriormente: se nos hace justicia sólo cuando una sentencia da la razón a nuestra parte. ¿Porque desconocemos las leyes, porque nos hemos acostumbrado a delegar tanto que lo dejamos todo en manos de la magia? Muchos pretenden hoy, porque consideran que el sistema es un artefacto que funciona en perjuicio de los menos pudientes, solucionarlo todo a voces y fuera de ese mismo sistema. Quizás si aprendiéramos a participar de verdad, en todo tipo de organizaciones sociales, si nos informáramos más allá de lo que nos proporciona la WIKIPEDIA, nos iría mejor. O no, pero lo habríamos intentado.

Como el Cola-Cao
Reforma laboral, suicidio empresarial