Hieles y mieles

Por qué destrozamos nuestra lengua

Y no me refiero al paleto alcarreño, esa especie ya extinta, cuya forma de hablar fue considerada como rebuznos por dos curas que presumían de doctos. Aludo a errores garrafales, incluso de personas consideradas como auténticas autoridades culturales. Veámoslos.

Monarquía

Sin entrar en consideraciones políticas, sino simplemente léxicas, nada mejor para empezar que nuestra Constitución vigente que, en su artículo 1. 3, dice algo que es imposible:

 “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

Si recurrimos a la etimología del término “monarquía”, encontramos que procede de dos palabras griegas: 

μόνος  (monos) solo, a; único, a || solitario, a.

ἀρχή  (arjé) poder, gobierno, imperio.

Por tanto, podemos deducir que son monarcas las personas que ejercen el poder de un modo completamente absoluto, como varios reyes y emires de países musulmanes, el rey de Tailandia e incluso jerarcas no coronados, como Fidel Castro, Maduro y demás gobernantes dotados de un poder omnímodo, con el mismísimo Franco incluido en la lista. 

Por otro lado, tenemos que, según el diccionario oficial de la RAE, la palabra “parlamento” significa:

  1. m. Cámara o asamblea legislativa, nacional o regional.

Si, según esta última definición, es el Congreso de los Diputados el que legisla, queda el monarca completamente desprovisto de esa ἀρχή o poder, imprescindible para ejercer autoridad, y llegamos a la conclusión de que, si nos atenemos al verdadero significado de las palabras, estamos ante un caso de incompatibilidad manifiesta: una monarquía no puede ser parlamentaria, por mucho que digan políticos e intelectuales a nivel mundial.

“No te escucho bien” en vez de “No te oigo bien”.

“Escuchar” y “oír” son dos verbos que, por mucho que algunos los consideren sinónimas, tienen un significado muy distinto.

El DRAE nos dice:

escuchar 

Del lat. vulg. ascultāre, lat. auscultāre.

1. tr. Prestar atención a lo que se oye.

De donde se deduce que una persona puede estar escuchando muy atentamente, sin conseguir oír absolutamente nada.

Ahora, veamos qué ocurre con oír:

oír 

Del lat. audīre.

1. tr. Percibir con el oído los sonidos.

Está claro y evidente que oír es percibir un sonido, tanto si le prestamos atención como si no, y escuchar es prestar atención para oír, aunque no consigamos lo segundo.

Aquellos que…

Añadir palabras innecesarias puede dar brillantez a un discurso poético o literario, siempre que se haya hecho una elección acertada del vocablo que pretendamos introducir; pero me resulta repugnantemente pedante en el día a día de políticos, locutores de radio, presentadores de televisión, etc.

Sin querer profundizar en el tema más de lo necesario y dando la razón al proverbio italiano que dice “traduttore traditore” (traductor traidor), lo atribuyo a una contaminación del inglés o del francés, lenguas en las que hay que poner un demostrativo (“those” o “ceux” respectivamente) delante de “who” o “qui”; pero en castellano podemos poner el artículo delante del relativo y resulta no sólo innecesario, sino también de mal gusto el tan difundido uso de “aquelllos”. Hagamos una comparación:

Hablo para aquellos que quieran escucharme.

Hablo para los que quieran escucharme.

Los gerundios

¡Otra vez los traductores!

En inglés, la terminación –ing del gerundio, llamado también “participio presente” puede utilizarse para los tres tipos de subordinadas:

1.- Completivas, traducidas con un infinitivo: I like singing = Me gusta cantar.

2.- Adjetivas o de relativo, traducidas con una oración de relativo: The boys coming this afternoon are my friends = Los muchachos que vienen esta tarde son mis amigos.

3.- Adverbiales o circunstanciales, traducidas con un gerundio español: My brother came running = Mi hermano vino corriendo.

Veamos un ejemplo de casos demasiado frecuentes, en que se utiliza incorrectamente en castellano el gerundio, en vez de la subordinada de relativo:

Los ciudadanos viviendo en Madrid son madrileños.

Evidentemente, la frase correcta sería: “Los ciudadanos que viven en Madrid son madrileños.

De acuerdo con

Y seguimos con otra influencia absurda del inglés. According to puede traducirse sencillamente por según; pero no por de acuerdo con. No pude evitar echarme las manos a la cabeza, cuando leí en un periódico ecuatoriano que “De acuerdo con la policía, los ladrones se han llevado un suculento botín”. Según el redactor, la policía no había actuado como informadora, sino como cómplice del robo.

Alrededor de

En este caso tenemos la influencia perniciosa de la palabra inglesa around que, por cierto, es complicada, incluso en inglés. En este caso, el ejemplo de mal uso podría ser: Esta marca tiene sucursales alrededor del mundo.

Lo que se encuentra alrededor de algo está envolviendo y, por consiguiente, fuera de lo envuelto. Aplicado esto al ejemplo expuesto, resultaría que las sucursales están no en el mundo, sino fuera de él. Hubiese sido correcto e indudablemente más sencillo decir: Esta marca tiene sucursales por todo el mundo.

El más mínimo

En mi infancia, me enseñaron que los superlativos relativos se formaban con un artículo, el adverbio “más” y el adjetivo en grado positivo; pero ahora predomina el vicio de utilizar el superlativo, en vez del positivo, porque mínimo es el superlativo de pequeño. Aunque la RAE lo acepte, ese más está sobrando.

Hasta que no

Es otra locución que he oído muchas veces. No voy a perder tiempo en análisis y explicaciones de que sobra el no, porque da a entender todo lo contrario: basta con los ejemplos.

Yo me quedo aquí, hasta que no vengas

Yo me quedo aquí, hasta que tú vengas.

Y podemos añadir los neologismos, como miembra, portavoza, proponido y alguno más que no puedo recordar, introducidos en el léxico castellano por nuestros ilustres políticos, cuyo nivel cultural resulta evidente. 

Y eso no es todo. Hay muchísimo más; pero creo que por hoy es suficiente y lo dejamos para otros días.

El Sr Marqués de Quintanar, tiene un problema…
HIENDELAENCINA Y LA FIEBRE DE LA PLATA DEL SIGLO X...