Un zángano en el palmeral

Restos urbanos

Fue ejemplo de vocación orientadora, bautizar el espacio que reúne los textos agrupados para su lectura con mi firma en GUADAQUE, “Un zángano en el Palmeral”. Una manera de advertir que lejos no supone jamás; que estando allí, puedo estar aquí en el momento menos pensado. Además, las palmeras ilicitanas, una plantación originalmente creada con fines agrarios- distinguido por La Unesco con el título de Patrimonio de la Humanidad- son altas y desde ellas, además de admirar el Mediterráneo, existe el modo de otear los restos urbanos de Guadalajara…

 

Sí, restos urbanos… Según recoge Guadaqué, “Plantas y arbustos en un resto urbano de Aguas Vivas”. Una actuación cuya responsabilidad es atribuible a la Concejalía de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Guadalajara, vinculada al acondicionamiento de zonas sin edificar, para las que, en vez de otras soluciones, se antepone la pujanza de lo natural: sombras, mobiliario para reposar, árboles y matorrales. Rincones habilitados conforme a lo que podrían considerarse islotes a salvo del hormigón, acero, cristal, arena y limo- Serrat en el recuerdo- en ocasiones archipiélagos dentro de la ciudad, en ocasiones continentes, dependiendo del tamaño… Restos urbanos… Pues bien, pues vale, me alegro. Que haya sitio para todo. Si además se cuidan habitualmente, se mantienen limpios y se fomenta la educación de los ciudadanos para que respeten y aprovechen cívicamente tales lugares, en colaboración con las familias e instituciones ocupadas de formar a quienes un día serán adultos, miel sobre hojuelas… ¡Pero, restos urbanos! Un nombre con el que no se puede llegar muy lejos. Decirlo así es como avisar de lo que vendrá: “cumplimos ecológicamente, somos modernitos de fachada y, dentro de unos días, como ni tendremos dinero ni voluntad de tener preparada la suma que sea necesaria para mantener lo creado, asunto concluido: ¿quién se acordará?”… Y si eso es lo que les espera a los jardines que nacen porque conviene evitar que el imperio de la arquitectura consiga ser absoluto, sobre todo en su vertiente más árida, si eso es lo que les espera, entonces “restos urbanos”, merece esta definición: “lugares sin dueño dentro de una ciudad que, antes y después de su adaptación para disfrutarse como parque, podrían ser descritos como el ejemplo de evolución que, partiendo de lo silvestre culmina, sin embargo, en el supuesto de vertedero más o menos amable que se conozca”… En la ciudad del Misteri se acaba de hacer el recuento y medición de “las columnas que caminan”- como escribiera, en singular, Miguel Hernández- y hay, aún a salvo del temido Picudo Rojo o ya a su merced, entre huertos conveniados, públicos y privados, 73. 051 palmeras: 11. 459 más que en el año 1. 999. Con todo y con eso, un organismo asesor de la Unesco, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Histórico-Artísticos (ICOMOS) “recomienda” al Ayuntamiento y la Generalitat, más vigilancia y medios para prevenir riesgos. Lo que ha de hacerse, por responsabilidad y competencia, aquí y allí, para evitar que todo se convierta en “resto”.

 

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