Apuntes de un becario

Rosa Aguilar y la fácil división

Esta semana se ha vuelto a hablar de Rosa Aguilar, la que otrora fuera el buque insignia de IU –gracias a ostentar la alcaldía de Córdoba, única capital con la que contaba la coalición-, y ahora firme defensora del PSOE a través del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. Sin duda, el de Aguilar es un perfil políticamente muy rentable. Es buena gestora, dialogante, busca puntos de encuentro y cuenta con cierta popularidad entre la ciudadanía. Por ello, no es extraño que los partidos se peleen por ella y que en Izquierda Unida haya un cierto escozor hacia su persona.

Es verdad que la torpeza de la cordobesa quedó patente a la hora de dejar el bastón de mando de su ciudad. No puedes levantarte un día, echar todo al traste y decir: «me cambio de puesto y de partido», abandonando un cargo para el que te había elegido la ciudadanía a cambio de un puesto en el Gobierno de Andalucía, gobernado por los socialistas. Tendría que haber sido un poco más prudente, haciendo un traspaso de poderes a alguien de confianza y dejando transcurrir un tiempo más o menos prolongado antes de aceptar su nuevo destino en la Junta –y, ahora, en el gobierno nacional-.  Sin embargo, tal y como lo hizo, sólo ha conseguido perder credibilidad y aumentar las irascibilidades en una formación en la que militó durante décadas.

Dicho esto, desde IU a nivel nacional tendrían que realizar un análisis crítico de la política que están desarrollando. No sólo se les ha ido uno de sus mayores activos –el goteo de bajas en la coalición ha sido continuo desde que Julio Anguita dejase el cargo de coordinador general-, sino que no están consiguiendo capitalizar el descontento de gran parte de la izquierda con un ejecutivo, como es el de Zapatero, que se ha lanzado a la aprobación de medidas que rozan y superan la derecha en lo económico. Algo está haciendo mal el equipo de Cayo Lara. Quizá debería ponerse en contacto con líderes provinciales de su formación como el de Guadalajara, José Luis Maximiliano, cuyo discurso tiene una buena y justa acogida entre los medios de comunicación arriacenses.

Pero no es todo culpa de IU. Tienen razón cuando sus miembros afirman que la ley electoral vigente en España es injusta. ¿Cómo es posible que partidos como el de Lara o UPYD, que cuentan con 950.000 y 300.000 votos respectivamente, sólo cuenten con un diputado, mientras que el PNV, con 303.000, tenga siete representantes en la carrera de San Jerónimo? Por ello, el presidente del Gobierno, haciendo gala de su tan manido talante, debería impulsar una reforma de la norma para corregir este problema.

Lo ideal sería establecer una circunscripción única a todo el país, en la que todos los votos valieran lo mismo y no se establecieran porcentajes mínimos para entrar en la Cámara Baja. Simplemente se tendrían en cuenta los apoyos que recibiese cada candidatura y, mediante una fácil división, ver los escaños que le correspondería a cada una de ellas. Pero Zapatero no caerá en esta brega. Ni Rajoy tampoco.

El canto del ruiseñor
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