ÁNGEL OTERO Y SU GRAN PAR AL BARRABÁS VINATERO. FOTO: Plaza1

Desde los tiempos de Chopera, la última semana de la feria isidril se consideraba como la torista por antonomasia. Y aquello era un buen desfile de lo más clásico del campo ganadero. Ahora esa referencia se diluye en unos cuantos festejos de escasa variedad de encastes, con añoranzas de los que fueron emblemáticos de cercanos tiempos.

Lo del lunes, fue el anunciado estrambótico desfile de los samueles, que nadie sabe ya lo que representa en el campo bravo, no solo por el popurrí de encastes que van por sus venas y por su falta de raza y el sobrante de cuernos de que presume, cuales torosaurios. En los 60 se los disputaban, pero aquello empezó a derrumbarse tarde sí y otra también y salvo rarezas, ha llegado hasta aquí sin horizonte alguno. Ni para el ganadero ni para los de luces, que sí se justifican como pueden, gracias a su largo trayecto profesional. Y ahí Robleño y Morenito de Aranda son profesores; y Damián Castaño aún no conoce facilidad todavía y se defiende bien. Así que el agradecimiento es obligado por la afición y debería ser también por la empresa. Pero de estas, con afición, ya no quedan

El martes 31, es parte de la historia de las ferias isidriles… porque lo vivido y la manera de vivirlo, no se olvidan. 6 TOROS 6, como se anunciaban en el pasado, cada uno con su personalidad, gran trapío y reluciente carrocería. Lo de José Escolar siempre interesó al tendido y triunfó con lo excelente y con el barrabás Vinatero que venía enterao desde el cercao y a poco nos viste a todos de luto por causa de una porta gayola desterrable, por innecesaria, de todos los ruedos. La venganza, con arte, se la dio Ángel Otero en el par de la feria que ya es historia de Las Ventas. La excelencia fue de Milagroso, que desde el primer embroque dejó vista su clase albaserrada de las que ya no quedan. Su escasa pelea en varas le privó del harem. Pero ahí quedó su vida rendida en lucha con un torero de los grandes, que lo tienen a un lado, porque esto está así… Gómez del Pilar cortó un trofeo de mucho peso y se llevó un cornadón de 20 cm. Chacón hizo lo que pudo y Lamelas fue un jabato sin reposo, con valor. Fue una tarde de… 6 TOROS 6. Sí, que lo fue

Y al día después de la Ópera, se programó la Zarzuela… cuando debió ser al revés. Y claro cuesta un mundo, al que escribe, el sustraerse a lo vivido con el drama del Tristán e Isolda de Wagner y al día siguiente tener el género musical escénico madrileño, con La Verbena de La Paloma de Bretón. Que, siendo una gran obra, no es comparable, ni explicable. Lo mismo que no se sabe, qué le pasa a la ganadería de Alcurrucén que se aproxima cada vez más al comportamiento de los domecq, sin entrega en los caballos y luego, pues a ver qué pasa, pero sin el nervio de lo de nuñez. Y claro, si sale cara, como le salió a Morante de La Puebla en su segundo, pues es de reconocer que, con su inspiración, la buena música y el libreto que parece criao para que el cantante se luzca y sea premiado. Aunque el do de pecho final, eso sí, no sea muy afortunado. Pero es lo que tiene la Zarzuela con su pegadiza alegría… poco más le pasó a El Juli y a Marín, sin libretos ad hoc y el chasco que les representó el vestuario de las reses que, al menos, al espectador le prometiera algo más que un colorido desfile de capas y pelajes…

El jueves, no hubo milagro para salvar de la cornada a Rafael González en el toro de su alternativa. Un fuenteymbro con genio, como casi todos los lidiados, que lucieron la divisa verde por tercera tarde en la feria. Unos lotes que, curiosamente, entre ellos, presentaron las variedades de lo bueno, regular y malo que posee Gallardo. La tarde fue de Leal que apechugó con gallardía y fases de buen toreo los tres que mató, salvando los muebles de algo parecido a una emboscada con un trofeo por su buen tono en los naturales al segundo, Galdós, sin ánimo, desdibujado y sin el ímpetu que acostumbra.

El viernes tocaron los toros salmantinos del Puerto de S. Lorenzo, con un encierro de cierta mansedumbre, pero que se dejó hacer las cosas por la terna. Otra fue lo ocurrido con Alejandro Marcos, que se supone por los nervios de su confirmación…dejémoslo ahí. Manzanares fue desbordado por su primero y en el último, que se hizo dueño de todos los terrenos, dibujó unos apuntes que no fueron suficientes ni para aseverar una buena feria. Rufo, recibió un agrio saludo en el quite del segundo, que solo representó el arrancamiento del corbatín y los tirantes… en el buen sexto, donde lució el arte  rehiletero de Fernando Sánchez, se volvió a ver las posibilidades que tiene en una faena con altibajos, pero de firmeza y confianza que le aseguran la atención de los aficionados.

Con los Adolfos, no hubo sorpresa… porque esta ganadería va cuesta abajo y no la salva ni el primero, con su edulcorada embestida franciscana. Rafaelillo estuvo bien con el, pero se le notó la ausencia de encuentros con toros como ese. Una estocada en la yema, pero con pérdida de muleta, hizo justicia con un trofeo. El resto fue la voluntad sin pausa de Escribano en su lote; y la abulia y canguelo de un Talavante, que no se reconoce por los aficionados. Una orejita en cuatro tardes, son vacaciones hasta el año que viene…si viene. Lo mismo para la ganadería por su infumable envío y van… complementado con un desahuciado garcigrande que se reventó en el peto. No les echará de menos; no…

Y ya es clásico que los victorinos echen el telón de la feria y esta vez lo hizo con toros de mas acusada característica albaserrada. En tipo y en sus modos, siempre con la atención tanto de los toreros como del público. Dieron juego, sí; y en diferentes condiciones que tanto Sergio Serrano como Román supieron aprovechar, pero que ambos dejaron sus respectivos trofeos sin cortar, por la honradez del intentar matar por arriba… y el foro tomó nota. Una entrega sin medida en busca de sus oportunidades, merecieron el reconocimiento en su despedida. Ferrera, curtido en cien batallas con estos toros, anduvo apretado en su primero y sobrado en el cuarto, aunque sin gran brillo, por causa de su forma peculiar de entender la estética delante del animal. Y se acabó S. Isidro 2022 con el sabor agridulce del ganado y de los profesionales. Ambas partes no alcanzaron las cotas de triunfo que se esperaban y de los últimos… fallaron, a los que más se esperaba.