Tauromaquia

Sánchez Vara y sus primeros 20 años de alternativa 

 


SÁNCHEZ VARA Y JOAQUÍN MORENO de SILVA, DUEÑO DE SALTILLO, UN REGALO PARA LOS AFICIONADOS

El pasado 18 de julio hizo 41 años que Francisco Javier Sánchez Vara vino al mundo, aquí en Guadalajara. Lo hizo con el pan, bajo el brazo, de una paga extraordinaria que casi siempre había que estirar para que luciera dentro de una familia, cuya patriarcal cabeza se la jugaba muchas tardes, como buen subalterno, por esos pueblos de ambas Castillas.

Ese fue el germen de una vida para y por el objetivo de ser matador de toros desde que, a los 11 años, en el pueblo paterno de la abulense Higuera de Dueñas, se enfrentase a su primer becerro en una tierra que, con posterioridad, recorrió por todos sus rincones para forjarse un estilo y una responsabilidad muy lejos de la comodidad vigente en esos años. Fue en el Valle del Tiétar y… hasta hoy.

Una vida que se encamina en sus orígenes taurinos, solo con 12 años y durante 4 en la Escuela Taurina de Madrid, bajo las mejores directrices de dos grandes figuras de La Tauromaquia de los años 50, como fueron el toledano Gregorio Sánchez y el colomense Joaquín Bernadó. Dos formas antagónicas del ver, interpretar y enseñar el toreo que a la postre asume y enarbola el paisano como bandera, para demostrar al que lo quiera ver, el dominio de todas las suertes para doblegar, en el mismo ruedo, a todo lo peor que pueda aparecer desde las tinieblas…

Es Torrejón de Ardoz en 1993 el que da fe de su debut sin caballos con ganado de Nuria Aguirre y de sus apreciables buenas maneras. Desde entonces se va forjando en el escalafón inferior, durante 3 años, enfrentándose a erales que, en la mayoría de veces le dejan, como indeleble recuerdo, las señas grabadas de identidad de quién tiene marcado desde el principio, para su porvenir profesional, su gran esfuerzo, su exigencia, su honradez profesional y el saber sobreponerse a todas las dificultades. 

Fogueado en duras batallas por plazas de toda índole y ganado de cualquier condición, es el 21/1/1996, en la veraniega Benidorm, cuando se estrena con los del castoreño con ganado de su consejero Ángel Teruel; quién tras solamente con 4 novilladas picadas en su historial, le arregla su debut, que se celebró sin estridencias, en Las Ventas de Madrid el 13/7/1996 con igual ganadería; en el festejo en que su hierro y divisa tomó antigüedad con solo cuatro reses.

No se conoce bien lo que viera o no en su pupilo el maestro de Embajadores… pero lo cierto es que, desde aquel entonces, es Sánchez Vara quien se tiene que resolver él solo las incógnitas de su destino, junto a los que le ayuden o quieran y puedan luchar por su futuro con un duro horizonte por escudriñar. Casi 60 festejos, en los 4 años de novillero, enfrentándose a verdaderos toros de todas las ideas y condiciones en circos del mundo que iban desde la mayor rusticidad de exigencia taurina a los de mayores valoraciones de arte. Todo esto le forjaron, sobre todo, en la necesaria habilidad de la defensa de su integridad para salir ileso de casi la totalidad de los enfrentamientos.

Fue un proceso y un progreso profesional a la antigua, que le ha marcado hasta hoy y representa una palmaria enseñanza para los que quieran saber de qué va la autenticidad en la Fiesta de Toros. En una palabra: Sánchez Vara se retrasó en la realización de su vida profesional casi un siglo, y así pudiera haber aprendido de la escuela de su paisano Saleri II , de su vida y cómo no hasta de sus milagros… y con el que, a pesar de la distancia temporal, tiene connotaciones profesionales muy a considerar por la afición alcarreña.

Entre las ilusiones de su vida taurina, estaba el consagrarse en el escalafón de matadores en su soñada plaza de Las Cruces; pero Guadalajara, con sus rarezas e intereses, a veces no considera como se debe a sus hijos y optó por ignorarle; sin que los responsables políticos y su gente del toro hicieran mucho por evitarlo. Así que, como a los humildes toreros locales siempre les quedará, desde 1910… Sacedón, el 30/8/2000 Luís Francisco Esplá, Fandi y un encierro de agradable juego de Soto de La Fuente, configuraron un festejo de grandes rehileteros, más que digno y triunfalista para que, el toricantano de 21 abriles se graduase. En realidad, con la sola perspectiva de verlas venir…

Porque ese era más o menos su panorama profesional en una época de gran brillo, en un escalafón superior, que tenía la gran riqueza de la variedad y el renombre de unos profesionales de cualificadas virtudes en el arte y el poderío taurino. Así, que viendo lo que había, se decidió por cruzar el charco y buscarse sus satisfacciones profesionales y de supervivencia en las tierras que el trujillano Francisco Pizarro conquistara. Y si había que torear a nivel del mar, como si en el mismo techo de Los Andes casi sin oxigeno a más de 4300 metros de altura. El caso, por obligado, era el triunfo para poder volver…

Este buscarse la vida lejos de tu tierra y de los tuyos, es también una referencia a lo dicho antes sobre las semejanzas profesionales con Saleri II; que tampoco dudó en recorrerse el mundo para satisfacer sus necesidades cuando la cosa flojeaba. Era el constante esfuerzo por llegar a ser lo que se proponía y al precio que la vida le exigiese.

La buena confirmación de alternativa en Madrid el 7/7/2003, con vuelta en su primero y oreja en su segundo, frente a los duros pupilos de Alonso Moreno, en una tarde donde se dio la curiosidad de que el director de lidia, Domingo Valderrama, toreó en tercer y cuarto lugar, por la confirmación también de Alberto Manuel; representó una llamada de atención a la afición del foro, que tomó buena nota de lo sucedido. 

Y este es precisamente el santo y seña de la carrera taurina de Sánchez Vara: los golpes de efecto en las plazas más importantes, por exigentes, para llegar a ser más tarde o más temprano un Torero. Así abrió las más duras plazas francesas y las más consideradas decisivas, por los aficionados, en su país. Igual que lo hiciera su paisano Saleri II durante su vida de torero y que todavía perdura en el recuerdo de los aficionados galos.

Tras un caminar muy duro, muy exigente, muy injusto e incomprendido… y con épocas de animadversión con sus compañeros, Sánchez Vara, en solitario la mayoría de las veces y con varios apoderados que, salvo el caso de Saboya, duraron muy poco a su lado; lleva una carrera profesional que se parece más a un vía crucis, que a la clásica transición con altibajos hasta el asiento definitivo en su zona del escalafón. Labrada en este caso con poca sangre, eso sí, por méritos propios; y mucho fuego cruzado, digamos… amigo.

Este largo proceso, que hoy 30 de agosto cumple 20 años de sacrificio, marca carácter en su sacerdocio profesional y configura un hacer, señalado por las exigencias de los materiales a los que el destino te reserva para poder seguir tu lucha y tu supervivencia. Y que lógicamente deviene después en el encasillamiento artístico, que en estos casos oculta la verdadera esencia de la Tauromaquia en su axioma: Torero es aquel que puede con todo tipo de toro que se cría. Y esta es la meta que vislumbra Sánchez Vara para su orgullo, pues son muy escasos los que lo logran.

Pero hay más en el haber del torero… porque sin lugar a dudas es el profesional actual más seguro del escalafón; contándose con casi solo dos dedos de una mano, las veces que conoció la existencia de las enfermerías de los cosos, enfrentándose a lo ya más que dicho anteriormente. Súmenle la honradez de su labor y el dominio de todos los tercios de la lidia y así concretaran la personalidad de un valiente, que se viste de luces, para propagar con orgullo su tierra y lugar de nacimiento por el mundo taurino.

Sánchez Vara, está en un momento en el que el buen aficionado atisba la posibilidad de alcanzar, con plenitud, lo que poco a poco va prodigando para la perfección de su labor, con esa parte añadida de calidad con cierto duende… que destila en señaladas faenas. Como un esbozo, a espera de un afianzamiento artístico en sus maneras. Es el resultado ilusionante del tener más que dominado todo el temario de la lidia y el sometimiento del enemigo. Raro, muy raro es el TORO que le haya podido a Sánchez Vara… y esos son sus hitos de referencia que dejan huella y al aficionado le lleva a su RECONOCIMIENTO.

El 31/5/2016 en la plaza de Las Ventas se produjo un acontecimiento que quedó para la historia de la misma y que tuvo como actores a nuestro torero alcarreño y a un toro de Saltillo, de aceptable trapío, muy justas carnes, pero con 503 kg de una estremecedora casta en mansedumbre imposible de poder imaginar. Cazarratas nº 45, vino al mundo a recordarles a los atónitos aficionados y a los horrorizados espectadores, la razón de La Tauromaquia en su gran esplendor. Solo ocurre cuando lo que se ve en el ruedo son los atributos de un animal de salvaje e indómita condición, que esa tarde se fue a encontrar con el ÚNICO torero del escalafón que le podía hacer frente: Sánchez Vara y la ayuda de una cuadrilla digna de llevar el traje de luces. El evento, sigue dando la vuelta al mundo… 

Desde aquella tarde Madrid, que tenía ya muy en cuenta a nuestro torero, condecoró al alcarreño con la medalla del RESPETO. Premio que solo otorga a sus escasos elegidos. Y también desde entonces, el foro sigue con gran interés la evolución del mismo, hacia un hacer más pausado y pensado, que lima los defectos adquiridos por la velocidad que conlleva una lidia para salvar el pellejo. El torero, yo creo, encontró así el recto camino y él debe profundizarlo porque en ello va su mayor satisfacción. En todos los ordenes.

Por ahora, solo nos queda felicitarle por la buena trayectoria de sus primeros 20 años como matador; y decirle que ya toca el record de la máxima estancia en el escalafón que alcanzara un alcarreño: Julián Sáiz  Saleri II con 21 años, (1914/1935). Y lo hizo, también, en posesión de sus mismas virtudes: la seguridad, poderío, valor, dominio de todos los tercios, variedad y vergüenza torera. Mucha vergüenza torera. Felicidades MAESTRO. 


SÁNCHEZ VARA, EN LA GANADERÍA DE SALTILLO, TENTANDO MACHOS ESTA PRIMAVERA.

El efecto Madrid
¡Aleluya!