Una butaca escorada

SEARCHING FOR SUGAR MAN

Dir. Malik Bendjelloul

Me desvelo si pienso que alguien, al otro lado del mundo, pudiese llegar a sonreír con sólo imaginar mi risa, pudiese derramar una lágrima con sólo intuir mi llanto, si mi tarareo invadiera su hastío, si mi coqueteo languideciera su ánimo. Es la única evidencia que tenemos de estar vivos.

Quizá en algún rincón lejano del mundo, quien sabe si a orillas de cualquier mar en calma  o al abrigo de esa soledad longeva, alguien se paró un instante a recordar lo que aquella vez le dijimos, lo que con complicidad eterna una vez le susurramos, a pensar en lo que pudo ser y finalmente no fue, lo que en silencio gritamos para olvidar a quien quisimos.

La vida está llena de alianzas que nunca fueron pactadas, de imprevistos que se presentan cuando más se los espera, de amores a destiempo y desgarros que atemperan, de osadías que siempre ultrajan la cautela de “a qué esperas”. Son sorpresas que no atienden a razones y que hacen que la vida merezca (más) la pena.

Y de eso nos habla “Searching for Sugar Man”. Cuenta la historia del cantautor norteamericano Sixto Díaz Rodriguez, quien durante casi dos décadas desconoció ser el abanderado de la lucha contra el apartheid y el estímulo vital de una sociedad anestesiada. Fué, sin saberlo, quien compuso las canciones que hicieron despertar la conciencia de un país. De un país en el que nunca había estado, un país del que nunca había oído hablar, un país que descubrió a la vuelta de la gloria, que le hizo reencontrarse con su vida tras la muerte.

Que existan historias tan bonitas y redondas como la del cantante norteamericano, que pueda el destino ser tan caprichoso como para convertir en cuento una vida de fábula, que pueda de esta manera tan esperanzadora pellizcar al presente para hacerle un guiño al pasado, que pueda un descolgar del teléfono vapulear toda una vida, que ocurran todas estas cosas en un instante cualquiera, es el mejor ejemplo de que nada está de antemano escrito, de que la vida es una página en blanco que con esmero debe ser escrita, vivida, soñada.. Ese negro sobre blanco en forma de  intenciones no es más que eso, la bienintencionada voluntad de evitar el desgarro, de ser felices a ratos, de acariciar la cordura desde la más racional de las locuras.

Lo único que podemos afirmar con rotundidad acerca de lo que vendrá, es que siempre una mirada cómplice es lo que antecede a un beso. El resto son, simplemente, maravillosas quimeras.

A OTROS CON ESA BROMA
Las Mujeres

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