Apuntes de un becario

¡Sí a la República!

Hace ya unos días que el actual monarca español, Juan Carlos I, ha anunciado que se va. Que lo deja todo… Hasta el lunes 2 de junio de 2014, este ciudadano, que ocupaba la Jefatura del Estado por mandado de Franco y ratificado por la Constitución, era el representante más importante de la estructura estatal de nuestro país. La cúspide de una nación europea, que según todos los estándares occidentales, cuenta con todas las libertades aposentadas. Pero cuya cima está ocupada por alguien que no sabe lo que significa someterse a votaciones.


Ahora, algunos dirán que fue él quien trajo la democracia al país. Frase tan manida como incierta. ¿Cómo es posible que alguien que no pasa por las urnas y por el escrutinio de la ciudadanía se convierta en el adalid del liberalismo? Es más, una persona inviolable e irresponsable legalmente, ¿se puede calificar de democrática en un Estado de Derecho? Obviamente, no. Ni él, ni la institución a la que representa.

Sí que es verdad que la Carta Magna de 1978, en la que establece en su artículo 1.3 la fórmula de la monarquía parlamentaria, fue votada por todos los ciudadanos. Y no sólo eso, sino que recibió un apoyo abrumador por parte de los compatriotas de aquel momento. Se cosecharon, nada menos, que 15.706.078 votos favorables, el 88,54% de las papeletas emitidas. Una barbaridad. Sin olvidar la labor de mediación que el rey llegó a desempeñar durante la Transición.

Sin embargo, de aquello hace más de 35 años, y la sociedad del país ha cambiado. Se ha transformado tanto que ya no la reconoce ni la madre que la parió. Muchos de los españoles ya no sólo dudan de la continuidad de la monarquía, sino que lo hacen de la forma más digna: solicitando más participación. Las nuevas generaciones piden –pedimos– que seamos nosotros, los habitantes de España, los que tomemos el timón y decidamos a través de un referéndum el modelo de Estado que queremos para nuestro país. Se trata del ejercicio pleno de la soberanía nacional, recogida también en la constitución del 78.

Pero, ¿tanto miedo se tiene a esta fórmula? ¿Por qué hay tanto terror en el gobierno y en determinados grupos políticos a que la gente decida? ¿Acaso tienen recelo a la voz del pueblo? ¿A esos mismos ciudadanos que, por cierto, les han puesto en las más altas cotas de poder? ¿Para unas cosas se puede votar y para otras no? ¡Basta ya de doble discurso!

Por ello, es perentorio realizar esa consulta, para que la gente hable y se exprese en libertad. Y, si los españoles lo decidimos así, se deberá instaurar una república social y ciudadana, en la que el verdadero poder sea del pueblo y no de  monarcas ni mercados. En la que dejemos de ser tratados como súbditos, y en la que exista una auténtica democracia. Por ello, digo bien alto: ¡Sí al referéndum! ¡Sí a la voz del pueblo! ¡No a la monarquía!

República
Entre el paraíso y la utopía