Castilla a la intemperie

Bitácora de Guadalajara sobre nuestra región castellana con sus luces y sus sombras. Cultura al plato con aroma de identidad y emulsión de sociedad al toque de política. Disfruten vuestras mercedes.

Sin caballo y sin azor

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Hoy inauguro este espacio en el diario Guadaqué a modo de bitácora o columna personal, donde repasaré con mayor o menor fortuna la realidad cultural, social y política de esta provincia de Guadalajara y de nuestra tierra de Castilla. Antes que nada, desde estas líneas quiero agradecer a Guadaqué y a Blanca Corrales que hayan pensado en mí para esta colaboración, pues es un honor poder participar en este espacio de la mano de uno de los principales diarios de Guadalajara, decano de la prensa digital en la provincia que siempre se ha destacado por su pluralidad y su buen hacer.

 En caso de que el improbable lector no me conozca (algo que no le voy a afear porque carezco de cuenta en Panamá) paso a presentarme brevemente. Mi nombre es José Manuel Sanz, soy Ingeniero de Caminos de profesión, amante de la historia y de nuestra tierra. Empecé a interesarme por la realidad provincial y autonómica allá por 2009, donde tuve oportunidad de conocer durante varios años con cierta profundidad el escenario en que nos movemos (o nos mueven) de la mano de la política. De la de poner esfuerzo, tiempo y dinero a cambio de sinsabores y pequeñas alegrías, no vayan a pensar. Como ya he comentado no conozco otra Panamá que Panama Jack. Tras mi paso por dicho mundo finalicé la carrera y tuve que emigrar, pues era la época de las tres salidas laborales universales: por tierra, mar y aire. Todavía lo sigue siendo. Pero yo soy como el maestro Delibes, que dijo aquello de “Soy como los árboles, crezco donde me plantan; hasta tal punto que si me alejaran de Castilla no acertaría a vivir”. Hace un año quiso la Providencia (y supongo que mis méritos, pero de esos tenemos todos en mayor o menor medida, por lo que a veces la primera marca la diferencia) que se presentara la oportunidad de volver a Guadalajara, con lo que aquí me tienen desde entonces. Ahora desde esta bitácora que seguro aportará un punto de vista interesante a la realidad de Guadalajara.

Sin caballo y sin azor. Parece una paradoja, pero así nos encontramos. He venido a invertir el título de la famosa leyenda del Poema de Fernán González, aquel en que el Rey de León solicita del conde castellano el caballo y el azor y éste se los regala sin pedir nada a cambio. El leonés no lo acepta y solicita dar un pago, a lo que el castellano establece una cantidad simbólica que se multiplicaría por dos cada día que pasara hasta su abono. A los siete años no había rentas ni grano en todo el Reino de León para pagar la deuda con Fernán González. Pues bien, nosotros, las gentes de Guadalajara, los buenos hombres de Castilla, hemos regalado el caballo y el azor en aras de un proyecto común que ha sido más común para unos que para otros. En la generosidad que pervive en la idiosincrasia del pueblo castellano nos hemos sacrificado durante varios siglos a cambio de una palmada en la espalda, un saludo y a veces un gesto torcido. No solo hemos regalado el caballo y el azor, sino las rentas de ambos y el agua de abrevar el caballo. Este año va camino de ser uno de los más duros que se recuerdan en Entrepeñas y Buendía, embalses de un Tajo que no es excedentario y a quien se le obligó a pagar con su vida el negocio y el desarrollo económico de Murcia.

En toda esta dinámica los políticos provinciales y autonómicos, que nunca han respetado a esta tierra y siempre la han utilizado como trampolín de salida hacia la Carrera de San Jerónimo, no han defendido los intereses de nuestra gente. Cuentan con la pasividad general, el control de los grandes medios estatales y la fácil impregnación de nuestro pueblo por todos los bálsamos de Fierabrás que salen de Madrid. Guadalajara ha sido siempre una provincia que se ha contagiado (para bien y para mal) de la Villa y Corte. Toda Castilla en general ha padecido esa visión exclusivamente central, fruto de tener la capital del Estado aquí. Algo que debe ser compensado o balanceado con el conocimiento, el respeto y la defensa de la realidad castellana más allá de los grandes titulares nacionales, pues en ese balance, en esa compensación entre la identidad nacional y regional, está el equilibrio y la supervivencia de los pueblos. Es tremendamente nociva la existencia única de una visión local, que degenera en aldeanismo, separatismo y odio como estamos viendo en muchos lugares de España. Pero igualmente nociva es la visión exclusivamente estatal, ciega y sorda a la pluralidad de las regiones y a la riqueza de los pueblos hispánicos. Agravada en Castilla, donde es ciega y sorda también al conocimiento de la identidad, la realidad social y cultural castellana y a la defensa de la dignidad política de nuestra tierra.

Con estos mimbres hay que hacer el cesto: trataré desde esta bitácora de dar al improbable lector esa perspectiva complementaria, esa visión regional castellana con acento arriacense que se encuentra pocas veces en nuestra provincia, pero que es tan necesaria para hacer un balance saludable y comprender nuestra realidad de forma completa.

TAUROFOBIA
Mucho más que olvido