Un zángano en el palmeral

SOLSTICIO DE SOL CRECIENTE Y MÁS SOLES

Según la ciencia ayer, 21 de junio, solsticio de verano, fue el día con más horas de sol del año. Algunos, para simplificar, dirán que es el día más largo y, tomarán el atajo para sostener, sin embargo, un imposible: el día, siempre, tiene veinticuatro horas. Con periodos de luz y de oscuridad variables. Así pues, para entendernos sin dar lugar a interpretaciones interesadas, conviene ser preciso. Lo digo porque desearía evitar equívocos y malas interpretaciones, sucesos de inconveniencia, lejos de la naturaleza de lo que sigue...


Una muy estimada compañera, me confía “su” noticia: dará a luz cuando venza el plazo. Su segundo retoño. Un motivo natural de alegría al que me he sumado de todo corazón. Y lo he hecho así, sin contemplaciones. Atento a la sinceridad y lealtad necesarias e indispensables a la hora de observar una celebración como la dicha. A pesar, incluso, de mi notoria animadversión a la infancia. He sido siempre- y si no siempre, da igual- muy Herodes. Confieso que me divierten casos como el del pequeño escolar que viajaba en autobús a primeras horas de la mañana. De pronto se da cuenta del camino que hacen a pie compañeros suyos con pupitre en una escuela cercana. Los señala y saluda despidiéndose de ellos mediante el habitual giro de muñeca que hace de la mano un abanico. No le ven a pesar de rebasar al vehículo en el que nos desplazamos, detenido en la calzada por unos instantes. Se extraña pero no parece preocupado. Luego, justo cuando el transporte público reanuda la marcha, y tras una observación que le susurra su abuela, en ese momento ángel custodio de la criatura, sonríe más animado y una luz de perversidad destella sobre el perfil de sus labios... “Les has ganado”, expresión que enraíza de inmediato en el complicado mundo naciente del niño y supone algo similar a lo que los estirones de la edad hacen con los huesos: aparecerá ante los otros sintiéndose más alto, más ancho, mayor… Un precoz comportamiento de competencia cuya faceta infernal me parece de lo poco que se puede salvar, a veces, de tan diminutos seres... Eso sí, también digo, que no es lo mismo una multitud en estampida a la salida de un cine o sita- es una manera de decir porque los cachorros de ahora ni se tienen quietos ni hay quien les ponga en vereda- en el interior del mismo, que la personita con nombre y apellido a la que uno conoce y trata, o admite, por ser descendencia de quienes es fruto. Así son las cosas, los asuntos de este mundo tan pródigo en dificultades y rico también en ocasiones como la que aludo, felices, esperanzadoras y tiernas. Viene un chaval o llega una dama y la humanidad, por esa gracia, continúa. Sí, diremos que hay mucha gente en el planeta y cada vez menos sitio, sobre todo porque nos empeñamos en ocupar el mismo espacio, hacinados dentro o en la periferia de las grandes ciudades, todo hay que decirlo. Que las circunstancias económicas son desfavorables como hacía mucho y, los nuevos, en vez de presentarse con un pan bajo el brazo, traen una lista de exigencias que contemplan derechos pero no deberes. Por lo tanto, todo indicaría que no es buena idea atreverse con la maternidad y la paternidad en estos días. Algo a todas luces admisible, pero, y quién quiere ser razonable… Quién, salvo los centuriones de la salud a ultranza, los legisladores de usos y costumbres, aquellos que ponen pie en la privacidad para gobernarla a su gusto, quiere privarse de actuar sino conforme a lo que desea y aceptar los riesgos. De hecho, dónde estaríamos todos si nuestros abuelos, los que vivieron el final de una guerra y la tremenda miseria que dejó tras su conclusión, hubieran actuado prudentemente. Ellos debieran ser ejemplo para cada uno de nosotros ahora, los bien acomodados hasta hace dos días, nuevos ricos que nos creímos y, sin embargo, desnortados, perplejos e inanes casi, viendo como el oropel anteriormente administrado no es más que confeti. Porque el oro se tornó carbón y, es tan malo, que no vale ni para calentarnos. Sufrimos lo que nos parece tremendo desamparo y, seguro, a ojos de nuestros abuelos- y aún de nuestros padres- todo se asemeja a los aledaños del Paraíso comparado con lo que ellos vivieron y superaron. Ahí es donde debemos mirarnos y ofrecernos. Para ser mejores y prosperar, la eterna tarea. La que sé que va a abordar, con alegría, con respeto, con esfuerzo y mucho cariño, la familia que ha dado lugar a este comentario. Yo les felicito y me tapo ya. No es mi costumbre, huraño con la vida como soy, poner el punto y final tras manifestaciones generosas con el futuro. Será que, en el fondo, soy un sentimental. Maldita sea.

JAQUE MATE POR SAN JUAN
VEINTE AÑOS DESPUÉS

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