Un zángano en el palmeral

TEATRO MODERNO: MEJOR UN INDICIO

No me gusta que se cierren los teatros. No me gusta que se retiren recursos a la sanidad, a la enseñanza, a la empresa, a los veterinarios, a las amas de cría o a los poceros. No me gusta que se cierre ningún teatro. No me gusta que las bibliotecas cierren salas, mermen sus servicios, prescindan- a su pesar- de trabajadores. No me gusta tener la edad que tengo y comprobar que difícilmente volveré a encontrar quien me emplee…

 

Pero, no todo está perdido. De hecho, convendría admitir entre lo posible que, casi todas las cosas, las que nos afectan en especial, aquellas que nos importan y quedan a nuestro alcance como para ser modificadas a favor de obra, dependen de lo que hagamos o dejemos de hacer. ¿Qué suben el IVA a los productos culturales- la cultura es otra cosa- y nos dan con el veintiún por ciento en las narices? Bien. Vale. ¿Por qué no acudir al cine, asistiendo sólo a proyecciones españolas? Con semejante subida es carísimo pagar lo que cuesta una entrada. Claro que, si además prescindimos de las palomitas y los refrescos, contando con que la producción de lo hecho con denominación de origen España es menor- y todo hay que decirlo, generalmente menos interesante- habrá menos historias filmadas de las que disfrutar, disminuyen las posibilidades de tomar asiento a oscuras y, por lo tanto, lo comido por lo servido.
Porque lo que ahora toca es manifestar el gusto por la cultura. Que se note no sólo en las plataformas de protesta y en las manifestaciones, sino en aquellos lugares donde se expone, se hace música, se proyectan documentales o películas, se declama, se cuenta, se lee… Debemos exigir respeto por la cultura y demostrar amor por sus expresiones y agentes- me refiero a productores y artistas – precisamente, interesándonos, y no testimonialmente tan sólo, por cuanto se nos ofrece, mejor, regular o no tan bueno. Que la gente, profesional o de a pie, sin falta, se persone en todos los sitios dónde late la cultura- siempre- para vivirla y establecer el mejor de los avales a favor de la permanencia de todos esos valores que tan justamente se reclaman. Lo digo porque no es verdad que sea así. Sobre todo si la proposición viene de la mano de un creador sin fama. Ciudades como Guadalajara, debieran poder llenar una sala de doscientas localidades al menos una vez por semana.
Pero no me gusta que se cierre el Teatro Moderno, aunque la pequeña sala reúna, pocas veces, en el patio de butacas, un número tal de personas como para colgar el cartel de NO HAY BILLETES. Debiera llenarse y, si la gente que ama la cultura en la ciudad es tanta, muchos encontrarían tal saludo al intentar acceder a la taquilla. De modo que, he aquí la oportunidad. Todos con la cultura, pero no solo desde las trincheras porque los que gobiernan ahora traen la Sodoma y Gomorra de Eurovegas: para eso y para celebrarla. Ante todo para celebrarla con gusto e imaginación. Nuevos tiempos imaginación, compromiso, soluciones y participación. Que la cosa no quede en un pliego de firmas dónde los que rubrican afirman estar de acuerdo en algo que parece de sentido común. Que sea un indicio enseguida consolidado como prueba. En valor demostrable por el acto de asistir.
¿Alguien da menos?

No, Guadalajara no es Somalia
EL AMIGO DE MI HERMANA