Un zángano en el palmeral

UN BRINDIS

Han pasado los días del azar y su consuelo, la salud, los días de la familia y la nostalgia, los días de las grandes palabras y su sonido de obligatoria armonía, la coartada que habilita una pretensión cuya base es el exceso. Han pasado y se acercan las horas en las que se exalta el tiempo: de un segundo a otro, dicen, la vida cambia… Dicen, queda atrás lo que fue, aunque lo que ha sido apenas esté separado de lo que es y lo será por algo infinitesimal. Durante el brindis se romperán las copas y, antes y después, una pegajosa emanación de obsequiosas voluntades surtirá los efectos del dulce algodón de feria en el apetito de los golosos… ¿Qué otra cosa cabe sino demostrar lo merecedores que somos de todo tipo de bienaventuranzas clamando con alborozo para que sean de inmediata atribución ajena?... Recibimos, recibiremos palmadas y palmadas repartiremos. Tenemos, dicen, propósitos nuevos- que son los de siempre- y juramos que los llevaremos a cabo armados de una fe que, en privado, solos frente a ese espejo espejito mágico que tanto sabe de nosotros mismos, produce espasmos de autentico delirio para nuestro propio regocijo. Nada nuevo. Somos previsibles como Rajoy. Somos audaces con lo que no podemos cambiar, como Rubalcaba. Somos del Madrid, del Barcelona, independentistas, constitucionalistas, ricos venidos a menos, pobres cual es de pobre la pobreza y no perdonamos el yate, y no perdonamos el chato en el bar de la esquina, al igual que no perdonamos el marisco cueste lo que cueste. Pero no pasa nada. Salvo lo perecedero, nada va a detenerse. Salvo lo que se entorpezca por mor de la santa huelga, nada impedirá que se haga camino al andar. Quisiéramos ser como el río y avanzar hacia el mar que es, oh Jorge Manrique, el morir, sin haber permitido que nadie se bañe dos veces en el mismo flujo de nuestras aguas. Pero, “oh, pequeño saltamontes”, no estás preparado todavía para un logro filosófico tan ambicioso. De modo que, si desde el principio de la edad de cada uno se han sucedido los segundos, los minutos, los días, las semanas, los meses y los años, mencionaremos una suma nueva a la hora de recitar las fechas laborables, jornadas de asueto, fiestas patronales, vacaciones, bodas, bautizos, comuniones, saraos, excursiones, citas culturales, reuniones de escalera de vecinos, onomásticas, romances, y nuestra sangre circulará como siempre por los mismos canales que cubre la piel que la naturaleza nos ha dado. Es lo que hay. Nada más. Brindo por ello.

Porque no hay quinto malo
Sobre el incendio de Guadalajara de 2005 y las ayu...