El blog de la señora Horton

Un mundo sin mariposas

Algunas mentes muy filosóficas piensan que el mundo no existe sin una conciencia que lo observe, algo así como si al cerrar los ojos se desvaneciera todo, el sueño y el durmiente y, sólo al abrirlos, y a toda prisa, se recompusieran la alcoba, el marido, el gobierno y la novela que estuvimos  leyendo con todo su minucioso mundo de ficción. Esto sería un esfuerzo infinito de desvanecimiento general a cada sueño y de recreación completa a cada despertar. Esa sensación que a veces tenemos, como si la realidad poseyera algún retazo dudoso, viene de lejos y es tan popular como los refranes, pues ya nuestras abuelas, si habían de madrugar mucho, ironizaban con aquello de que las calles aún no estaban puestas.

 

Estos mundos creados por la atención del que los inventa, están más o menos llenos o vacíos, de la misma manera que un pobre no tiene bajo su puente más que unos cartones y, por el contrario, un rico ligeramente hortera tiene una mansión atestada de Luis XV .

Les cuento esto, porque he visitado a un amigo enfermo que habita una cama desde hace más de ocho años y que vive bajo el imperio del dolor. Hallar un punto de referencia común entre el mundo que yo invento y el que inventa él y, por lo tanto, poder hablar de algo, ha sido toda una tarea: por su algodonosa realidad no hay más que empinadas cuestas (algias y espasmos) o narcotizadas explanadas mudas.

En ese laberinto que inventa mi amigo, no hay nadie que se llame señor Blesa, y apenas si se tienen noticias lejanas de Ángela Merkel o Arturo Mas. Duerme casi continuamente y, al despertar, puebla la tarde con un gato que se acula en su ventana.

Como no había materia para charlar sobre las cuatro paredes de su habitación ni sobre una postal de Bermeo que adornaba una de ellas, nos hemos centrado en el gato. Después, sorpresivamente, me ha hablado de una mariposa. Parece ser que el mes pasado una se poso en el alféizar: enorme, de vuelo leve, con las dos alas mayores verde malaquita y las menores de raso azul prusia. Se ha hecho lenguas de su belleza y por un momento su conversación ha sido brillante, emocionada, apasionada. Luego ha venido la enfermera y le ha inyectado.

De vuelta a la calle me he dado de bruces con la grúa municipal y con un par de especímenes del mobiliario urbano y unos dudosos arreglos del ayuntamiento. Por los alrededores no atisbé más que zanjas y barrotes disuasorios, así que a la hora de escribir esto no estoy muy segura de estar soñando un mundo mínimamente bello y decente.

¿Dónde están las mariposas?

Podemos
España (no) va bien