Herreros y otros trastos viejos

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¿Y si no tienes COVID?

Que una enfermedad contagie a más de 33 millones de habitantes a lo ancho y largo del mundo en apenas unos meses es algo grave. Que esta enfermedad haya provocado la muerte de más de un millón de esos contagiados es también peligroso. Por eso, es absolutamente necesario que se dediquen recursos a atajar el contagio y, en caso de producirse, a curar a los enfermos, si estos lo necesitan. 

Pero, ¿qué pasa si estás enfermo y no tienes COVID? Pues en Guadalajara, lo que pasa es que no logras hablar con el servicio de citas del Hospital Universitario de la provincia. Que si llamas a atención primaria te dicen que no pueden citar en consultas sucesivas (esas que el especialista programa para ver a un enfermo crónico, como control de cáncer, diabetes, enfermedades autoinmunes, etc.). Es decir que si, pongamos, tú tienes una cita para el día X y ese día no puedes acudir por causas de fuerza mayor, por ejemplo, que estés confinado/a, pues no solo pierdes la cita para controlar tu enfermedad, sino que no logras que te den otra cita ni pronto ni tarde.

Teniendo en cuenta que están dejando de atender a decenas (o más) de personas, me pregunto cuánto habrán reducido las listas de espera. Si ya no citan, cuando de pronto vuelvan a hacerlo, supongo que no habrá que esperar meses, sino días o acaso semanas. Y sobre todo me pregunto por qué los especialistas del Hospital no teleatienden como hacen sus homólogos de atención primaria.

Entiendo que el trato a enfermos COVID es delicado, hay que protegerse, aislar a los pacientes y todo camino que estos recorran por el edificio y desinfectar, limpiar, etc. Sin embargo, no comprendo por qué las consultas externas se han paralizado y solo se atienden algunos casos muy contados y muy escogidos. 

Si las cifras con ciertas y ahora hay (información a 1 de octubre de 2020) 75 personas ingresadas por COVID en distinto grado de gravedad y en UCI, 16, es cierto que es un número tremendamente elevado para un hospital del tamaño y antigüedad que tiene el nuestro, pero también es verdad que desde que en 2007 anunciaran la ampliación del Hospital ya han tenido tiempo de ampliarlo y mejorar la calidad y, sobre todo, capacidad asistencial. 

El historial de esta fallida ampliación se remonta trece años. En ese momento, la Junta preveía que se iniciaría la construcción tras el verano de 2008. Pero no fue hasta mayo de 2009 cuando se adjudicaron las obras.

El 13 de septiembre de 2010, hace la friolera de 10 años, preveía el entonces consejero de Sanidad, Fernando Lamata, que para 2012 estaría terminado. Y la crisis se interpuso. Y el nuevo gobierno regional paralizó las obras porque no se podían pagar y la empresa constructora quebró… Y así, llegamos a la primera pandemia mundial en 100 años con un hospital del siglo pasado, sin recursos y sin capacidad de actuación.

Y lo peor de todo no es que no esté finalizado, sino que, dado el actual estado de la economía (local, regional, nacional e internacional) es poco probable que vaya a estarlo en breve, por lo que, la atención hospitalaria seguirá siendo deficiente y no porque los profesionales no lo intenten, sino porque simplemente no tienen recursos para hacerlo.

Con este panorama, lo que habrá que empezar a analizar los próximos meses es cuántas personas han fallecido por causa indirecta de la COVID. Algunos cardiólogos ya están denunciando en distintas partes de España que hay muchos más muertos por infarto, que no atienden casos leves de dolencia cardíaca. Y eso sin contar otros enfermos con fallecimientos menos impactantes que un ataque al corazón.

Con las noticias poco halagüeñas del crecimiento exponencial de contagiados, brotes y el crecimiento descontrolado de enfermos por coronavirus no parece probable que el resto de enfermos tengan la oportunidad de ser atendidos. Quizá los responsables de “controlar” esta pandemia (y lo pongo entre comillas con toda la intención), deberían dejar de pensar en cuál es el partido político de quien gobierna en cualquier parte y pensar más en esos conciudadanos que están viendo como se agravan sus dolencias, impotentes ante una jerarquía que ordena que no se les cite y, por ende, no se les atienda.

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