Hieles y mieles

Yo también fui fumador

Tengo que reconocer
que yo también he sentido
“la vergüenza de haber sido
y el orgullo de no ser”.

Que antes vivir no podía
sin chupar del cilindrín;
pero conseguí por fin
desengancharme un buen día.

Desde que soy desertor
del vicio del tabaquismo,
vivo con más optimismo
y hasta respiro mejor.

Tal vez haya retrasado
mi paso a la vida eterna;
pero la gloria superna
puede esperar. ¡No me enfado!

El tabaco, por supuesto
podría llevarme al cielo,
mas, por quedarme en el suelo,
yo no me siento molesto. 

Para dejar el pitillo
hay dos potentes razones:
que te jode los pulmones
y que te ordeña el bolsillo.

Para fumar, sólo una:
la falta de voluntad,
puesto que necesidad
de tabaco no hay ninguna.

Luego están los bravucones
que dicen: “No me hace daño”
y siguen año tras año
sin atender más razones.

Los que aún sigan dispuestos
a incinerar su dinero
sepan que el país entero
disfruta de sus impuestos.

Por eso, sin suspicacias,
si eres un buen ciudadano,
al fumata veterano
debieras darle las gracias.

Espero que en el futuro
no me vuelva a reenganchar,
porque sería actuar
como un perfecto inmaduro.

Pero, al recordar hoy día
mis tiempos de fumador,
me digo ufano: ¡Señor!
¡Qué gilipollez la mía!

Sta Lucía… guía, también, de los ganaderos de brav...
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