Un zángano en el palmeral

ZIDANE

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Españoles, castellano manchegos, guadalajareños, merengues, Zidane ha dimitido. Fue ayer, sepan que redacto esto el viernes 1 de junio. Pretendía conocer de viva voz, por medio de la radio, lo que se cocía en el Parlamento, los detalles de la moción de censura presentada por el PSOE contra Mariano Rajoy, y, de pronto, la noticia: el entrenador del equipo de fútbol que acababa de conseguir su “orejona” número trece, dimite, se aparta, abandona…

Zidane, francés como Valls y Macron- es importante mencionar a dos políticos para ir determinando cierta ilación- considera que su ciclo ha terminado. Según sus propias palabras, publicadas- por ejemplo- en el diario El Mundo, estima que “Este equipo debe seguir ganando y por eso necesita un cambio”. Piensa, por tanto- o podemos figurarnos que piensa- que, con él al frente del Madrid, pudieran llegar las derrotas y… y se va. Cuidado, no vaya a ser, puede que piense Zidane, no vayan a presentarse las vacas flacas. Ya se sabe: la merma por el reproche, la censura, el descrédito que conlleva la derrota. Porque, a ver, de presentarse ante propios y extraños con el traje impoluto, a que se aprecien en el irreprochable terno manchas y lamparones… Pero se va. Algo parecido a lo que está a punto de sustanciarse en el terreno político aunque el que pudiera tomar las de Villadiego, no se va- o sí- porque le echan. Y es en estas razones cuando me veo dominado por unas ansias de fabulación frecuentes en mí y recuerdo algo propio de la saga de La Guerra de las Galaxias, de una de las películas, Las Guerras Clon. Un suceso que, en el cine, tiene que ver con la traición, un revés inesperado que acontece a partir de la “orden 66”, emitida por el Emperador Palpatine: a consecuencia de tal imposición algunos de los soldados afines obran en contra de sus jefes y compañeros… Pero menciono este episodio, no como ejemplo de iniciativa de felón, sino cual sorpresivo acto de origen desconocido, cuyo traslado a la realidad institucional española puede empezar a notarse desde el mismo instante en el que otro dirigente sustituya en la jefatura del Gobierno a Mariano Rajoy… cosa probable y conocida cuando lean esto… Por lo tanto, ¿acaso no podrían estar conectados todos los políticos con aspiraciones a presidir el Gobierno de España y, tras recibir un imperativo secreto- la orden- ya que alcanzar la confianza mayoritaria para ser inquilino de La Moncloa, es obtener uno de los más altos honores, antes de poner en peligro la propia reputación y arriesgarse a estropear algunos de los logros indiscutibles desde los inicios del fin del gobierno Zapatero hasta la jornada de la fecha de hoy, acaso no convendría abstenerse, retirarse? Hacer como Zidane, tengo mis orejonas, mis honores, mi prestigio, quiten que prefiero dar un paso atrás, como se decía hace poco, y permitir las oportunidades que merecen otros candidatos. Vaticino que lo hará Sánchez. Como Zidane. Y lo hará Rivera. Como el exentrenador del Real Madrid. Porque la ficción, amigos- emperatriz a la que tengo por regidora de estos ensueños que estoy compartiendo- es poderosa: no tanto como lo que estimamos cierto, pero mucho más amena en ocasiones.

LA DESTRUCCIÓN DEL PALACIO DEL INFANTADO
SÍ AUNQUE SEA CON PEDRO SÁNCHEZ