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Pablo Rivero, el pianista que, junto a Ariel Bringuez al saxofón, deleitó al público seguntino. Pablo Rivero, el pianista que, junto a Ariel Bringuez al saxofón, deleitó al público seguntino.

Aires de La Habana sobre la primavera seguntina

El jazz ha vuelto a Sigüenza. Después de que, en 2020, se hubiera de suspender el festival por la pandemia, la VI edición ha vuelto a impregnar las viejas piedras de El Pósito con la sutileza y delicadeza, y la energía positiva, de las improvisadas notas del jazz. 

En su presentación, la concejala de Cultura, Ana Blasco, recordó el recorrido del Festival de Jazz en Sigüenza, empezando por el  periodo de jazz vanguardista (2005-2010), “que llegó a los medios internacionales”.  Tras un periodo de ausencia, en 2015 volvía el jazz, entonces de la mano Francisco Mejorada, tristemente fallecido a comienzos de 2021, para quien la concejala tuvo unas palabras de reconocimiento. En 2021, el Ayuntamiento ha confiado la programación a la Asociación Sigüenz(A)rte. También tuvo Blasco palabras de ánimo hacia ellos y de reconocimiento a su esfuerzo y al éxito de la presente edición. Y mencionó, por último, la labor de personas importantes, como Rafael Busquets, el afinador del piano, o Fernando García, técnico de sonido del festival. “Gracias a todos ellos, Sigüenza ha sonado, suena, y sonará a jazz, en un renovado escenario de El Pósito”, terminó.

El festival se ha celebrado con todas las medidas de seguridad necesarias, en cuanto a control de aforo, distancia de seguridad, toma de temperatura o gel hidroalcohólico en la entrada. 

El viernes, abría el festival el trompetista norteamericano Chris Kase. “Nos hizo disfrutar de una velada fantástica, con su jazz nocturno de trompeta intensa, muy bien arropada por Marcos Collado, a la guitarra, Ander García, al contrabajo, y Miguel Benito a la batería”, valoraba María Hernando, responsable de la programación.

Y de las notas norteamericanas, a las caribeñas. El sábado, el Auditorio de El Pósito se impregnó de nostalgia cubana, fusión entre canciones tradicionales y el jazz, de una manera íntima. “Con Nostalgia Cubana versionamos canciones muy conocidas en el mundo entero, pero también acercamos al público otras, menos populares, que queremos compartir, boleros  e incluso algún tema del siglo XIX. Una gran variedad”, definía Pablo Rivero, el pianista que, junto a Ariel Bringuez al saxofón, deleitó al público seguntino. “Hacemos un viaje, pasando por diferentes compositores, ritmos y estilos”, añadía el saxofonista.

Bringuez se declaraba, poco antes del concierto, un fan la Ciudad del Doncel. “Me encanta venir a Sigüenza. Me apasiona la devoción con que la gente recibe la música. Es muy especial. Siempre he encontrado un público entusiasta, sensible y respetuoso, porque el jazz demanda ese punto de atención para los momentos sutiles, cuando están pasando cosas constantemente”, señalaba.

La complicidad y admiración mutua entre ambos intérpretes se podía sentir a cada momento del concierto. “Pablo es el mejor pianista cubano del momento. Me gusta hacer música con la gente que admiro y a la que amo. Entre Pablo y yo, hay una compenetración natural”, señalaba Bringuez.  “Cuando tocamos, sabemos el principio, pero el final no se sabe. Puede ocurrir de todo. Es la magia del jazz, de trabajar juntos. Para mi gusto, Ariel es uno de los saxofonistas de la música en general, de los que hay que seguir en cada proyecto que hace”, añadía Rivero.

Y como bien decía Bringuez, siempre positivo,  el arte -la música- durante la pandemia, ha visto subrayada su dimensión ancestral, la de “acompañar al ser humano en los momentos de necesidad emocional, espiritual y mental. El arte y la música durante este tiempo especialmente,  están teniendo un punto casi medicinal”, explicaba el saxofonista. Los dos lo confirmaron sobre las tablas de El Pósito, dejando fluir a cada momento aires de La Habana sobre la primavera seguntina.

Para ayer quedaba el concierto didáctico de Pascual Piqueras y su cuarteto, un concierto pedagógico sobre la evolución del jazz en el siglo XX que tiene el necesario componente pedagógico para involucrar también a los niños en la música. Piqueras tuvo el detalle de llamar a escena al músico local Iván Miño, para poner el broche de oro, al concierto y al festival con un maravilloso dúo de trompetas.


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