Arrasando en casa con el Solsticio Folk

Arrasando en casa con el Solsticio Folk

El parque de San Roque de nuevo se llenó este sábado en la cita anual con el Solsticio Folk que esta vez se presentaba con un fuerte componente Rock y música de cercanías.  Teloneando Maeloc, una banda guadalajareña que sorprendió al personal por su calidad superior y La conquense Judith Mateo,  quien violin en ristre encabezaba un cartel muy Castellano -manchego para un evento con mucho calor en el que no conectó del todo.

Antes de comenzar el Solsticio Folk se presumía metalero porque Judith lleva años flirteando con el  Rock, interpretando melodías de la historia del Rock a las que el violín les sienta como un guante. Tampoco decían otra cosa las referencias que nos llegaba de los paisanos Maeloc con tíos que son la música con piernas en sí mismos.

Luis Ortiz, su bajista es el mismo que a finales de los 70 ponía las bases graves a las canciones de Azimut  y ya por entonces era devoto confeso de Jetrho Tull. Maestro de músicos como su hijo Ángel, multo instrumentista, voz, blues man (y BluesVan) y amigo de no perderse una session. No es de extrañar que fuera una seisiún, que es lo mismo pero en gaélico y donde se toca en modo celta , donde naciera  Maeloc.

En esas reuniones aparecieron Rubén Marquesita con una flauta y otros chismes, Ciarán O’Donghaile flautas y otras gaitas y Nacho de Andrés con un violín que llena todo.

Son descaradamente folkies porque se zambulleron en todas las piscinas de las naciones celtas y en alguna escandinava, porque hacen sonar muy bien la Polka. Eso no quiere decir que no interpreten con mucho rock por medio, como Jetrho o Ñú, que les gusta mucho a todos. Llevan poco más de un año y ahora están preparando su disco, que saldrá sin prisa alguna.

Si es por calidad podrían “ayer”, porque fue sensacional lo de anoche.  ¿ Y estos son de aquí? Era la pregunta que se hacían quienes no les conocen “de Guada”.  Sonaban las gigas, que no es la medida de memoria informática si no la danza irlandesa, y ni el clan Brenan -  Clannad, los parientes de Enya- , ni Luar na Luvre lo hacen mejor.

Su repertorio es una suma de sonidos atlánticos, europeos, que empiezan por Galicia y siguen costa arriba hasta acabar en una irish tavern. Divertidos y virtuosos  transmiten y entusiasman, y eso que en lo referente  a moverse, dar algún salto que otro,  o son reticentes o aún no lo han pensado. Por lo demás, ¿ Cuando el próximo?, que allí estaré...

Ni largo ni corto, hora y algo para ser exactos … (Oiga que es verano, no vamos estar al segundo.. ) fue lo que duró el magnifico trabajo de MAELOC. Por cierto,  lo he buscado en gaélico escocés, en irlandés y en galés  y no hallo el significado. Ya sacaremos esa mosca de detrás de la oreja en otro momento porque tras el descanso, que tampoco fue ni largo ni corto,  Judith Mateo se subió al escenario cargada de energía. Nada o menos fue lo que tardamos en comprobar que caña no iba a faltar. Judith empezó fuerte pero el calor y algún duende se aliaron en su contra. El violín sudaba la gota gorda, que corría por el RE desafinándolo, lo que obligó a la conquense a llamarlo al orden en más de una ocasión. Por otro lado  el duende hacía picias a la electricidad... Nada que no se solucionase en breve pero que apagó un poco los ánimos.

A partir de ahí el concierto se desarrolló bien. Las bien trabajadas versiones de clásicos del Rock, tamizadas debidamente para su violin y ciertos brillos celtas son su sello personal, su estilo, muy influenciado por el sonido Ñu, José Carlos Molina, de quien es confesa admiradora y con quien ha tocado en más de una ocasión. Tampoco faltaron las más “folkies”, las canciones de su etapa irlandesa que quizás tuvieron más encaje en la noche de ayer entre un público más folkie que rockero.

Fastidia criticar pero ayer se volvió a las andadas. Si en 2016 Kaláscima reconciliaron los pies de los paisanos con el baile, la pasada noche fue un escenario, un hueco y un montón de gente más parada que los pinos.  Judith reclamó varias veces la cercanía pero la respuesta fue tímida. Estaban en modo “escucha” o en modo “descolocado”, porque el feeling de los conciertos no llegó del todo. A la gente le gustaba pero no le entusiasmaba.

Esto no quiere decir que fuese un mal concierto, ni mucho menos, simplemente  ayer fue un día raro, sin aire, de calor pesado como para no moverse, para que se desafine un instrumento o se vaya una sección de la luz. En esta parte de la región de Castilla La Mancha tenemos una palabra para hablar de como nos deja este calor,“ Abotargaos”.  Pero también algo quedó en el aire. Sin desvalorar el magnífico trabajo de Judith y su grupo más de uno se preguntaba sobre el encaje del rock más fuerte, menos folkie, en un encuentro que nació con espíritu de celebración atlántica, céltica, celtibérica si se quiere. Es decir, que le gustaba pero...

Ay ese pero...

Como resumen, cosa breve:  Un Solsticio 2017 con grata sorpresa de los de casa, calor, buenas músicas y calidad al interpretarlas y  algún pero.

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