Buero y Cela al descubierto por sus trazos

Buero y Cela al descubierto por sus trazos

Después de tantos actos de homenaje a Buero y Cela uno podría tener la sensación de que ya está todo dicho sobre ellos. Sin embargo, todavía hay actos que consiguen abordar estas figuras desde ámbitos muy poco habituales. Este ha sido el caso de la conferencia “La escritura del escritor: Cela y Buero desde la grafología” que el periodista y grafólogo Pedro Aguilar ha realizado dentro del programa de actividades que se están desarrollando en el Archivo Histórico Provincial con motivo del centenario de estos autores.

Aguilar ha realizado una pequeña introducción para explicar el objeto de la grafología, que pretende explicar a través de la escritura manuscrita “cómo es y cómo se comporta el individuo” ya que “la cabeza y el trazo van al mismo ritmo”. El ponente explicaba que “consciente o inconscientemente escribimos desde el corazón o el cerebro”, primando uno u otro según la ocasión, por lo que en grafología “el significante contiene también significado”.

Así, para ir introduciendo al público en materia, Aguilar ha mostrado una serie de firmas de diversos personajes del mundo de la creación artística como Dalí, Lorca o Miguel Hernández, se han comparado firmas de personas anónimas en función de su profesión, se ha analizado la evolución en la firma de Adolf Hitler a lo largo de su vida y se ha mostrado incluso una carta de André Bretón para evidenciar cómo la psicología también se sirve de la grafología a la hora de analizar a un sujeto.

Para Aguilar, esta forma de desentrañar lo que implican las letras manuscritas es una ciencia con sus leyes, técnicas y mediciones propias que se estudia en algunas universidades, especialmente en el ámbito de la psicología, y que va ganando aceptación en diversos campos. La grafología permite analizar, en base a unos parámetros como la presión, la velocidad, la dirección, la forma o la cohesión de las letras cuestiones como la motivación, las emociones, la inteligencia o la creatividad de cada individuo.

Así, dado que tanto Buero como Cela escribían a mano, Aguilar ha podido desentrañar algunos rasgos de sus personalidades y su evolución en el tiempo a través de la comparación de diversas firmas de cada autor ya que la firma es “el logo personal que asumimos como nuestro y nos representa en lo más íntimo”.

En el caso de Buero, se ha centrado en las firmas de juventud, algunas de las cuales son visibles en la exposición “Buero, Guadalajara siempre al fondo” que se aloja en el propio Archivo Histórico Provincial hasta diciembre. Además de los múltiples cambios en la firma, fruto de los cambios de la adolescencia y el desarrollo de la personalidad, el ponente ha destacado que el trazado de Buero, ya con diez años, mostraba una gran madurez tanto que llegó a durar que fuese la caligrafía del dramaturgo.

Los nervios en la firma de su examen de acceso al instituto, su seguridad en sí mismo y la terquedad propia de los más jóvenes, así como una progresiva dulcificación de los trazos a medida que avanzaba en edad y aumentaba su socialización y su actividad cultural y creativa quedan patentes en los cambios en sus primeras firmas.

Además, la firma de Buero no incluyó su segundo apellido hasta mucho muy adelante, cuando ya era reconocido como Buero Vallejo, muestra de la influencia de su padre, que además se refuerza en sus primeras firmas con una rúbrica bajo su apellido. Esta rúbrica también iría evolucionando en el tiempo hasta desaparecer ya que según Aguilar “a mayor rúbrica, menor personalidad” y “con el paso del tiempo las firmas se simplifican y queda lo esencial” apareciendo rasgos que denotan el apego que Buero sentía hacia su pasado y su honestidad y rectitud en sus principios y, aún en sus últimos años, una actividad y creatividad.

En el caso de Cela, las firmas son posteriores, pero también se nota cierta evolución en el tiempo. Llama la atención que el autor firma como Camilo José, separando las letras en las sílabas de Camilo pese a que los dos nombres están enlazados como uno solo. Según Aguilar, Cela desde pequeño ya hacía hincapié en que le llamasen Camilo José, en un afán por diferenciarse quizás de su padre y su abuelo con quienes compartía su primer nombre. Aguilar ha destacado las letras claras y legibles de una personalidad honesta y franca y la ausencia de rúbrica, aunque no se sabe si es signo de madurez o una herencia de la cultura inglesa de la madre del autor. Otros elementos de la escritura de Cela han sido leídos como muestra de su gran autoconcepto, de una personalidad curiosa y perspicaz y de una persona culta e inteligente.

Mientras que en el ámbito personal es más comedido en los trazos y firma como Camilo José o incluso “Marido”, en el ámbito formal aparece ya el apellido Cela al que acompaña con un pequeño adorno que, a medida aumenta su reconocimiento público, crece convirtiéndose en una filigrana exageradamente larga signo de cierto “histrionismo” y se evidencian algunos rasgos propios de una persona práctica y observadora.

Tras la explicación, Aguilar ha respondido diversas cuestiones de su auditorio especialmente relacionadas con el funcionamiento de esta ciencia para algunos, pseudociencia para otros, pero bastante desconocida en general, que es la grafología.

 

 

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