Francisco García Marquina, junto a Herrera Casado y Luisa Chang, en la presentación de "Cela, retrato de un Nobel". Francisco García Marquina, junto a Herrera Casado y Luisa Chang, en la presentación de "Cela, retrato de un Nobel".

Cela versus Marquina, la entrega de un escritor a la vida de otro

Cuando a uno le nombran albacea testamentario de lo que otro dice, le están haciendo el mayor honor profesional, el de ser biógrafo, y la mayor faena vital, la de dedicar gran parte de su vida a la vida de otro. Cuando ese otro es además un escritor de la talla de Camilo José Cela, un personaje heterodoxo y con leyenda, y una persona con caparazón, la tarea requiere no solo años de esfuerzo e investigación, sino además un talento desvergonzado, que es el que posee “Paquecito el de las truchas”, que así llamaba Cela a Francisco García Marquina.

Que Marquina viviera en la misma casa que Cela en Madrid, en Alcalá 185, de donde partió Cela en 1946 a su Viaje a la Alcarria, cuando Marquina tenía 9 años y Cela 30, puede ser el cabo de ese hilo del destino que cosió ambas vidas, aunque hay otras muchas casualidades y causalidades para que “Cela, retrato de un Nobel”, la biografía ampliada de un ensayo anterior publicado por García Marquina en Estados Unidos hace ya once años, se sincronice con el centenario del nacimiento de Cela, que se cumplirá exactamente el próximo miércoles, 11 de mayo.

Causalidad es que García Marquina acabara viviendo en la Alcarria, tras leer el Viaje a la Alcarria, casualidad es que años después también lo hiciera el propio Cela de la mano de Paco, por una cuestión de amores, pero hay poca casualidad y mucha causa de investigación y conciencia que recompensa este libro, pues no hay celebración más jugosa para un centenario, que hacer memoria fiel en perspectiva.

Y ayer Paco Marquina presentaba esta inmensa biografía sobre Cela en la Feria del Libro de Guadalajara, con la satisfacción del trabajo hecho, que recoge todos los pormenores de lugares, fechas y personajes en mirada instrospectiva, pero también toda la relación entre la vida y la obra de Cela, desde la fascinación inagotable, y al mismo tiempo desde la crítica y desde la ironía de quien ha tenido el privilegio de haber observado de cerca tanto al personaje real, como al ficticio y al literato. 

“Para decir que ‘La Colmena’ es una novela excelente y ‘Viaje a la Alcarria’ es un texto maravilloso, tengo también que decir que ‘El asesinato de un perdedor’, es una castaña o que ‘La Cruz de San Andrés’ no aporta nada”, justificaba el propio Marquina ,explicando el propósito de objetividad de esta biografía. Así recordaba Marquina que la primera edición de la biografía tuvo sus buenas y malas críticas, buenas como la del director de la Real Academia, Dario Villanueva, que dijo que dentro de las biografías del Nobel, y con mucha diferencia, esta es la mejor y más completa, y “otras cosas que no gustaron a la Fundación Cela”.

Además de satisfecho, a Marquina se le intuía feliz en la presentación de su libro, por la compañía de otros personajes que también han compartido amistad con Cela, como Jesús Campoamor, o como la traductora al chino del Viaje a la Alcarria, Luisa Chang, que también participó en la presentación.

“Cuando un escritor ha marcado mucho a su obra, en el momento que desaparece la persona, la obra queda en una cierta nebulosidad, porque falta quien que lo sustenta”, señalaba Marquina, para explicar por qué su primera biografía de Cela no vio la luz en España y ésta si, “porque existe un gran grado de innovación, ya que he seguido investigando, y es además es un libro más equilibrado”.

Imposible condensar casi 700 páginas de biografía y décadas de investigación en ninguna presentación, así que Marquina, con el humor que le caracteriza, hilvanó unas cuantas anécdotas, como la de la alpargata que Cela colgó en el balcón tras volver del viaje a la Alcarria, “porque le salió buena”, que era su modo de decir, todo está contado en el libro, “que es un libro muy barato, donde casi están pagando solo el papel”, bromeaba.

“Paco necesito asilo para la segunda generación de mis amores”, contaba Marquina que le dijo Cela, para explicar como llegó  a afincarse en Guadalajara, “y con gran provecho, porque aquí recibió el Premio Nobel, aquí le dieron el título de Marqués y aquí se casó”. “Y aunque Cela decía de Guadalajara no me echan más que conducido por la Guardia Civil, bastó la mano de pequeña pero firme de Marina, para llevárselo a Madrid”, apuntaba Marquina, significando esos 17 años de relación más estrecha con Cela en Guadalajara, “que son muchos”.

Cela desde Taiwan

Luisa Chang, experta hispanista y traductora del “Viaje a la Alcarria” al chino, que confesaba haber descubierto un nuevo continente en La Alcarria y se mostraba orgullosa de participar ”en este acontecimiento trascendental”, agradecía primero el trabajo de Antonio Herrera Casado como editor, también presente en el acto con discreto papel de presentador, “porque por mucho que uno investigue, sin un editor vidente, no sería posible que vea la luz el arduo trabajo”, y después el trabajo “de un gran biógrafo".

Chang recordaba que ha sido recientemente nominada Académica Correspondiente en la RAE, para expresar su admiración por Marquina y su agradecimiento. “Si yo soy académica correspondiente quién serías tú, que has sido mi asesor durante 18 años, corrector de estilo y todo”, decía con el corazón en la mano y un castellano musical, gracioso y simpático.

Contaba Chang como conoció a Cela en 1989, tras recibir éste el Nobel, y colarse en un hotel de Madrid a hacerle una entrevista y que en 1992 es cuando empezó a traducir su obra, con la Familia de Pascual Duarte.

En 1994 Cela aceptó la invitación del Gobierno de Taiwan y un año más tarde traducía el Viaje a la Alcarria al chino, que este año del centenario se va a volver a publicar en China, aunque con otra traducción.

“A Paco Marquina le conocí en la Fundación Cela, en un curso de verano, donde empezó la amistad de dos amantes de la Alcarria”, contaba Chang para relatar la trayectoria común, al tiempo que señalaba que en esta biografía, "Marquina tiene el detalle de un artista, en el retrato, para describir a un Nobel, que quiere decir gran personaje”

“La ventaja de esta biografía es que además de seria es interesante”, aseguraba Chang, poniendo en valor el trabajo de investigación, “que es más que el de un académico”, dijo. “Y aunque es una obra `gruesa´ es muy entrañable y neutral”, añadía, recordando que escribir la biografía de un gran amigo no es fácil, y “Paco lo hace contra viento y marea”.

Luego era el propio Marquina quien a preguntas del público explicaba el por qué del`Viaje a la Alcarria', “donde el propio título ya es una ironía, pues sería  Viaje al Tibet, pero paseo a la Alcarria” y reseñaba una vez más la polémica de si Cela es cruel con o no con los personajes alcarreños. “Cela utiliza la técnica de la crueldad, porque solo lo que duele se recuerda e identifica. Cela era un hombre muy sensible con un exterior adusto, que se estaba siempre defendiendo de su ternura, aunque quienes le conocemos si le hemos visto llorar”.

Ya casi en tono de tertulia se sucedían las anécdotas, tanto contadas por Marquina como por Luisa Chang, de un Cela que era ocurrente en cualquier circunstancia, incluida la de un análisis de orina en Taiwan, remarcado con versos de Rubén Darío, y que tiene tantas aristas como la de que quiso ser torero, porque como decía Marquina, “Cela, cargando hasta el fin con su leyenda, era real protagonista de sus hechos apócrifos”.

El horario de la Feria del Libro impuso un final un tanto brusco para este acto de presentación, que si supo a poco, tiene su buena continuidad en la lectura del libro, “Cela, retrato de un Nobel”, libro que la mayoría de los asistentes se llevó debajo del brazo, con rúbrica dedicada e inspirada del autor.

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