Cuentos con zanfona y en una cripta

Cuentos con zanfona y en una cripta

Guadalajara huele a cuento, de esos que Calleja contaba a raudales y que sirvieron para convertirlo en sinónimo de elucubrador, mentiroso, aunque el buen hombre sólo contaba viejas leyendas con moraleja.  Los cuentos siempre han sido una didáctica forma de enseñar la vida a los más pequeños, pero también son la forma de trasmitir el miedo, la picaresca, las ambiciones, los odios, la lealtad, el amor.... Y los cuentos ligan bien con la música; los juglares en el medievo hacían sus cántigas y laúdes, vihuelas, flautas o gaitas  acompañaban los textos, que por esas cosas del ritmo se fijaron en el imaginario popular y nunca ha faltado un sencillo soniquete para que las madres cantasen a los niños canciones que han llegado a nosotros formando parte de la música tradicional.

La Cripta de San Francisco es uno de los monumentos incluidos dentro de las actividades Monucuentos del Maratón y en la noche del viernes tenía José Antonio Alonso, etnógrafo, cantautor e incansable defensor de la música y tradición popular, como cuentista romancero.

Sin llegar a completar el escaso aforo, un público eminentemente familiar acudió sorteando el rodaje en ese momento de una serie de televisión que ha vuelto a pensar en el Fuerte de San Francisco como escenario y que obligaba a estar bien calladitos mientras la cripta se abría.

La espectacularidad de los uniformes y el aspecto decimonónico de los actores invitaba a hacer alguna foto pero figurantes y actores andaban muy preocupados con sus derechos de imagen, amenazando hasta a los niños con denunciarles si les sacaban fotos.  Muy feo que un guardia Civil del siglo XIX  dejase a un pequeño de unos diez años tan asustado como aquéllos quincalleros o gitanos que los temían como a la peste. Quizás alguien escriba un cuento algún día sobre ogros actores  que cobran 250 euros por ser retratado con los niños mientras se encaran con los padres. Dejaríamos reseña gráfica pero estamos hablando de cuentos, por lo que nos limitamos a comentar la molestia que supusieron.

Yendo al grano, José Antonio Alonso hizo un recorrido por las músicas tradicionales, todas ellas portadoras de historias que han perdurado siglos, unas basadas en realidades, otras en leyendas que iba describiendo una a una  de forma muy didáctica y comprensible hasta para los más pequeños.  Avisaba de que algunas de las letras del repertorio podían ser no muy apropiadas para los chavales, pero es que éstas fueron escritas en otros tiempos y lo que hoy no es aceptable  era cotidiano en el pasado. El cauntautor serrano hablaba de una que glosaba los amores del padre con la hija, aunque dado el lenguaje arcaico los más jóvenes no tendrían muy claro su sentido.
Con la naturalidad propia del paisano nos contaba que él mismo y sus hermanos no dejaban de escucharlas de voz de su madre, que ya nonagenaria sigue con su gran memoria descubriéndole los cánticos de toda la vida.
La zanfona, instrumento musical medieval de aspecto orondo como un laúd medieval, con trastes, herrajes, cuerdas de tripa y ese sonido característico que toda reminiscencia medieval tiene, fue la protagonista la mayor parte del evento al ser quizás el más sugerente y apropiado  para interpretar romances que de modo parecido ya se cantaban con Alfonso X el Sabio.
Los romances fueron saliendo como son ellos, a veces trágicos, otras amorosos o  heroícos, es decir, más bien un poco tristes, aunque eso cambió porque también salieron las alegrías con canciones que ya escucháramos con otras voces y mayor acompañamiento musical, alguna de ellas recogida en el mágico y agotadísmo disco de Alquería, la formación folk guadalajareña que en los 80 abanderó el movimiento folk de nuestra ciudad y provincia.
Preguntando sobre su reedición conseguimos un “ puede ser”, pero lo que sí es seguro es que en unos meses el cantautor guadalajareño presentará su nuevo trabajo discográfico en el que ya está trabajando.

El concierto de estos cuentos cantados, que es como José Antonio Alonso llama al repertorio finalizaba con la participación de Narciso Hernandez y  José A. Camacho en un romance a trío que de nuevo podremos escuchar hoy en el Palacio del Infantado.

Interesante este encuentro con nuestras músicas, esas canciones que grandes y mayores han escuchado sin apenas variación durante cientos de años. Cuentos cantados como se los contaban o cantaban a nuestros tatarabuelos.

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