Un momento de la actuación del pianista Darío Meta. Un momento de la actuación del pianista Darío Meta.

Darío Meta volvió a ser profeta en su pueblo, Cabanillas

El cabanillero Darío Meta no defraudó, y volvió a ser «profeta en su tierra», con el que ya es el séptimo concierto navideño consecutivo que ha ofrecido en la localidad. Si en años anteriores Meta llegaba a Cabanillas con su «ImproPiano», este año el programa era novedoso, y se presentaba bajo el título de «Debussy Blues».

Más de 150 personas disfrutaron del espectáculo, gracias a la doble sesión programa (con pases a las 18 y las 20 horas), algo que permitió superar las restricciones de aforo del 30% que marca Sanidad, y que dejan en apenas 90 butacas las que pueden ocuparse al tiempo en la Casa de la Cultura de Cabanillas.

Hay que reseñar que en su actuación de este año Meta varió notablemente la lista de temas inicialmente previstos, e introdujo algunas interesantes novedades, que hicieron de la cita un concierto muy dinámico, trufado de sus habituales charlas didácticas entre pieza y pieza, en las que el artista explica curiosidades muy interesantes sobre los compositores y las piezas que se dispone a interpretar.

Apareció Meta en el escenario con una pieza jazzística, el Preludio nº1 de George Gerswhin, que ya estaba fuera del programa inicialmente planteado, y que sorprendió al respetable. Con ello quiso explicar el pianista que algunos compositores clásicos impresionistas son claros precursores de lo que luego fue el jazz al piano, y comentó sus similitudes.

A continuación siguió Meta fuera del programa inicialmente previsto, e introdujo dos piezas no previstas de de J.S. Bach («el padre de todos los demás», aseguró): «Preludio y fuga nº5» y «Partita nº2 Rondeaux».

Después, ya más ceñido a la escaleta, dio paso a piezas de Chopin. Meta explicó antes la relación de este compositor con Debussy, y comentó la importancia de la música popular como inspiración de ambos, y de otros musicos del XIX, como Manuel de Falla. Del compositor polaco interpretó dos mazurkas (una en sí menor y otra en do mayor), antes de dar paso a la parte central del programa: el impresionismo musical.

Como preludio de Debussy Meta ofreció otra pieza fuera de programa, la «Canción sin palabras» Opus 8 nº2, de Mendelsson, comentando la relación que tenían, pues ambas son composiciones que buscan describir imágenes y sensaciones de la naturaleza, algo común a «Reflets dans l’eau», la pieza de Debussy, que marcaba el punto central del concierto.

Para finalizar, y también relacionado con la música que introducía elementos populares en el XIX, Meta quiso dar una pincelada española, con la presencia de Manuel de Falla. Ofreció el pianista una pieza de sus inicios como compositor, e interpretó su «Serenata andaluza», con la que finalizaba formalmente el recital, antes de los bises.

Como regalo final, y al igual que en años anteriores, Meta cerró el concierto con dos piezas de jazz-pop contemporáneo, en las que además de tocar, cantaron tanto él como su hermana Yael, cuya voz extraordinaria y presencia en el escenario cada día recuerda más a la añorada Amy Winehouse.

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