Dean Brown ayer en el Teatro Moderno exhibió su magnífica docencia musical. Dean Brown ayer en el Teatro Moderno exhibió su magnífica docencia musical. Foto: Jesús R. Valero Díez.

Dean Brown o el virtuosismo eléctrico

Cuando uno asiste a una clase magistral de Groove, una de esas variantes que ofrece el jazz, o se aburre como una ostra y no entiende nada, o se entusiasma viendo el impresionante manejo de los instrumentos de los artistas sobre el escenario. Es quizás el menos comercial de los sonidos jazzísticos pero también es fundamental para entender la progresión del soul y el rythm&blues hacia el funk. Dean Brown ayer en el Teatro Moderno exhibió su magnífica docencia para poner al repleto auditorio la piel de pollo con unas manos que viajan por los trastes a la velocidad de la luz, para llevar feeling hasta donde se reclama: el corazón.

Tres de tres. A esto en el mundo de los dardos se le llama hard trick y hablando de eventos es la consecuencia de pensar bien, trabajar bien y atreverse a hacer apuestas arriesgadas. Y es que un ciclo de Jazz lo es porque no es música popular de esa que llena las listas de éxitos y se cuela por los entresijos más recónditos hasta llegar por pura reiteración. El jazz tiene esa vitola de “música culta”, que siéndolo no le favorece demasiado pues son los melómanos más puristas quienes ponen esa barrera que lo aleja del populismo musical, en una actitud un tanto snob, aceptada por la masa como un hecho constatado.

Pero a medida que se acude a estos encuentros se aprende a escuchar, cosa que creemos saber todos  aunque en realidad sólo sepamos oír. Anoche tras el concierto el público no sólo hablaba de lo bueno del espectáculo y de la calidad del mismo; también comenzaron a escucharse conclusiones  sobre cuestiones técnicas, de coordinación y dirección de banda, transiciones o diálogos instrumentales. La verdad es que no siempre éstas eran acertadas pero evidencian que estamos aprendiendo a velocidades estratosféricas a disfrutar esos otros aspectos que se dan en los conciertos.

Para Dean Brown, prototipo de súper músico donde los haya, ejercer la docencia musical es algo que le sale solo. Hijo de militar y cantante de jazz, el “frenchie-american” (nació en Francia) lo mamó desde la cuna y ya a los 15 años dirigía a su banda tras su inseparable guitarra y ejerciendo de cantante.

Nada que ver con las dos primeras citas porque el músico navega por los mares del groove y la fusión sin exclusiones. Latin, jazz, funk...  todo ello elaborado con prodigiosa técnica y la dirección sutil, casi brindando por la anarquía dada la confianza que deposita en los no menos habilidosos compañeros de grupo.

A lo largo de las dos horas ese sonido de la costa este americana, el sonido Philadelphia que nos pone en la imaginación George Benson, fue combinando con fuertes apoyos rock, o dicho de otro modo, con gran carga de protagonismo para la guitarra. Dean Brown usa varias, Fender, Parker o Ibanez y una pedalera de efectos espectaculares que sirven a la tarea de incorporar sonidos que bien podríamos encontrar con Hendrix o David Sanborn, pero también de John Coltrane o George Duke, todos de gran influencia para él. 

Por otra parte impresionante el protagonismo de Barnard Maseli y su  xilófono electrónico, así lo llamaremos aunque oficialmente sea un vibráfono, sonando como tal, como una marimba o cualquier elemento de percusión, dotaron al repertorio de una intensidad notable.

Destacable también el violín electrónico Mateusz Pliniewicz que no siempre sonaba a violín; de hecho sorprendieron sobremanera algunos de los rifts en los que era una máquina de hacer efectos especiales sorprendentes de todo punto. Completando la formación, anárquico pero genial Linley Marthe con el bajo y Gary Husband a la batería que completan las composiciones de forma espectacular. Todo junto fue una delicatessen de las que uno puede presumir haber vivido.

Imaginen a un señor que se lo han rifado para sus grabaciones gente como Roberta Flack, Bill Evans, Christina Aguilera o la super diva del funk y jazz woman Josie Stone y hasta un centenar de personajes que encontramos en las primeras páginas de la historia de la música moderna viniendo a Guadalajara, al Moderno, ofreciendo una magistral clase de jazz ante unos pocos afortunados aunque estuviese lleno el teatro... Pues bueno, eso pasó y estuvimos disfrutando de su repertorio, especialmente de su último trabajo, RoLaJaFuFu, repleto de brillantez, tanta que hay que escucharlo con gafas de sol.

Sin duda la memoria musical de Guada debe tener un espacio dedicado a este concierto, igual que los dos anteriores del Ciclo Jazz en el Moderno 2016, con fotos y vídeos para contarlo porque en el futuro puede que no se crean que esta pequeña ciudad castellana tuvo sobre el escenario a estos genios del feeling.

Una pena, sólo falta una cita... ¿Han pensado en algún concierto bis?... Sí por favor, más, más.

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