Ponentes en la Mesa redonda sobre la vidad de Buero celebrada ayer en el Teatro Moderno. Ponentes en la Mesa redonda sobre la vidad de Buero celebrada ayer en el Teatro Moderno.

El falso realismo y la revolución de las conciencias de Buero

La vida y obra de Antonio Buero Vallejo fue el eje central de la mesa redonda que ayer se celebró en el Teatro Moderno, organizada por la Fundación Siglo Futuro, y contando con la presencia de cuatro figuras muy cualificadas para hablar de ello, ya que conocen tanto la obra como al dramaturgo.

Mariano de Paco y Virtudes Serrano, matrimonio de investigadores teatrales y expertos conocedores de la obra de Buero, venidos expresamente desde Murcia, y Ana María Leyra, profesora de Filosofía en la Universidad Complutense empeñada en demostrar que la filosofía debe dedicarse también a pensar la literatura y esposa de Enrique Pajón Mecloy, ausente en la mesa pero experto también en la figura de Buero, fueron los encargados de llenar de contenido esta mesa redonda moderada por otro gran conocedor del protagonista, su hijo Carlos Buero.

Al acto, que prácticamente llenó el Moderno, acudieron numerosas autoridades del consistorio local y la Junta, así como un buen número de alumnos de los institutos Brianda de Mendoza y Buero Vallejo, participantes en un concurso periodístico sobre el dramaturgo alcarreño organizado por Siglo Futuro, que precisaban presenciar la charla para llevar a cabo su cometido.

La tarde empezaba con un acercamiento a la figura de Buero Vallejo desde el ámbito personal, en el que los participantes comentaron cómo llegó Buero primeramente a sus manos, en forma de textos teatrales, y después a sus vidas en forma de amistad duradera. Todos ellos coincidieron en que sus relaciones comenzaron de forma protocolaria y profesional pero que el propio Buero dio pie, con su atención y su cercanía, a establecer duraderos lazos de amistad.

Algunas anécdotas como la desaparición del discurso original que leyó Buero en su ingreso a la Real Academia Española, que debió ser sustraído por algún invitado en un momento de despiste, fueron también repasadas en este momento.

Posteriormente, los participantes se centraron en la obra del autor, debatiendo en torno a la dialéctica simbolismo-realismo presente en la obra del autor o, extrapolado a la filosofía, qué hay de apolíneo y de dionisiaco en la obra de Buero. Mariano de Paco afirmaba al respecto que la obra de Buero “tiene una envoltura simbólica tan poderosa que podía ocultar a quien no profundizara en ella todo el realismo y el contenido social que encierra”; en este sentido, el investigador comparaba las dos obras que fueron presentadas al Premio Lope de Vega, Historia de una escalera y En la ardiente oscuridad, obras completamente diferentes en las que el autor tanteaba al público en distintas direcciones pero ninguna de ellas libre de carga simbólica o realista.

Ana María Leray rechazaba el intento de etiquetar la obra de Buero como realista pues considera que era una forma de desvalorizarle y vincular sus textos a un teatro pasado de moda, un teatro “para el pueblo en la peor acepción de pueblo, para un grupo analfabeto capaz solo de llegar a hacer una lectura superficial de la obra”. Pero las obras de Buero resultan ser “falsamente realistas” ya que dicen “aquello que dicen y mucho más”.  Nietzsche decía que el contenido representa lo apolíneo y la forma lo dionisiaco y que “en una obra de arte, la forma y el contenido no se deben discernir”; en este sentido las obras de Buero son una expresión clara de arte, según la propia Leray.

También hubo tiempo para trazar paralelismos y concomitancias entre la producción pictórica y dramatúrgica del autor: “el Buero que escribía y pintaba era el mismo, la misma mirada a la realidad, la misma visión del mundo” decía Mariano de Paco, trazando vínculos incluso entre obras como “El mundo de Goya Que el autor dibujó con doce o trece años y “El sueño de la razón” que escribiría mucho después.

Virtudes Serrano habló también de “las mujeres de Buero”, no de sus personaje femeninos en general sino de “sus heroínas”, a las que dota de una proporción dual “sus sueños y su acción” que a menudo van de la mano. También traza una línea que separa las mujeres del teatro de Buero anterior a la democracia y las de después, algo que se explica en el trasfondo realista de Buero que refleja en su obra la apertura de la sociedad y el impulso de la mujer en España: las heroínas que se rebelan en las obras anteriores a la democracia acaban con sus personajes vencidos por la estructura de la obra, como un reflejo del poder del sistema patriarcal en la época, mientras que las posteriores no vienen no están necesariamente condenadas a la caída. “Creo que Buero quería mucho a las mujeres” comentaba Virtudes Serrano recordando una entrevista del autor en la que comentó que éstas son “la mitad mejor del género humano”.

En cuanto a los personajes de la obra de Buero, los expertos debatieron sobre  la dualidad de caracteres que se marcan, entre personajes activos o pasivos. Ana María Leyra apuntaba en este sentido al tipo de revolución que perseguía el autor “una revolución que recogiera toda la grandeza del ser humano”. Para ello no se podía escoger un solo tipo de personaje, ya que “los activos destruirán todo y los pasivos no harán nada”, se busca así el “activo-contemplativo”, un personaje capaz de llevar a cabo una acción positiva constante, que pueda ser destructora de leyes o sistemas, pero nunca de seres humanos ya que “los muertos y la sangre no son revolución, son una revuelta”.

Y es que, como decía el propio Buero y también apostillaba su hijo al cierre de la mesa redonda, “sin la revolución de las conciencias no va a ser posible ninguna otra revolución”.

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