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El retrato de Luisa de Medrano

El retrato de Luisa de Medrano

Me encorbaté para argumentar que tenemos en Atienza el retrato de una catedrática notable. Fueron varios artículos y una conferencia. Destaco, entre los artículos, los publicados en 2014 en los números 65, 66 y 67 de "Atienza de los Juglares". Sigue una referencia de todos: https://www.facebook.com/jacinto.santamera/posts/1714434855260914. Ahora aquí me despeino para sintetizar todo aquello pero sin rigidez académica.

Luisa López de Medrano de Bravo de Lagunas y Cienfuegos de la familia de los alcaides del castillo de Atienza, fue una mujer culta como tantas otras que se criaron junto a la reina Isabel la Católica.

Tras la derrota de los Comuneros se borraron las huellas de estas mujeres ilustres. La reina Juana (loca?) fue la más machacada. En 1530 el nombre de Luisa de Medrano aún aparece en algún ejemplar que escapó de la quema de la enciclopedia titulada “Cosas memorables de España” que el emperador Carlos V mandó retirar. En las dos siguientes ediciones -en latín y castellano todas- se suprime, entre otros, el nombre de esta "doncella elocuentísima". Todo rastro desapareció después. Solo perduró la fama.

En 1934, durante la II República, Therese Oettel llegó desde Alemania para investigar su historia. En internet, se puede consultar su tesis. Poco nuevo se ha añadido a aquella biografía, excepto que nació en Atienza y no en el castillo de San Gregorio de Soria. Identificar su retrato contribuirá notalmente a su conocimiento.  http://www.cervantesvirtual.com/obra/una-catedratica-en-el-siglo-de-isabel-la-catolicaluisa-lucia-de-medrano/

Nada sabía yo de la catedrática cuando, ya de niño, me sentía interpelado por una Mujer de Rojo que se contorsiona para mirarme. La sentía más viva, más real que cualquier otra persona pintada. Con el tiempo me fui impregnado de arte y aprendí a intuir que no es lo mismo un retrato tomado del natural que uno copiado de otra pintura. Quien contemple serenamente la tabla "Sibilas de Atienza" sentirá que una de las tres tiene como un aire propio… vamos, que es un retrato.

 A mis alumnos de Historia del Arte les hacía analizar obras siguiendo un esquema que yo, poniéndome de ejemplo, aplique a esta tabla. Ya puestos, seguí analizándola más allá de lo académico. Encontré modelos en los que se inspiró el autor para la composición y para pintar la cara de las otras dos sibilas, pero de la Sibila de Rojo no encontré referentes. Publico las imágenes que confirman que dos sibilas comparten genes con otras pinturas, pero la tercera no tiene parientas. No te extrañes, en el Renacimiento es tan normal copiar grabados como acoplar el retrato de la amante a un cuadro de época.

 ¿Quién será la Mujer de Rojo?

"Una empaná, una empollona" me respondió una adolescente. Y lo parece: no tiene bastante con el librazo común, que lleva otro bajo el brazo. Claro que como representa la Sibila de la isla griega de Samos, le encontraba su lógica: va de filósofa. En mi estrechez masculina no se me ocurrió entonces pensar en catedráticas.

¿Cuántos años le echas? Pregunté a otra Sonia. "Cuarenta y tres, como yo" sentenció. Me quedé 'pasmao'. Entonces yo ya calculaba que Luisa de Medrano se había muerto a esa edad, y que el cuadro se había pintado entre 1527 y 1532, cuando el pintor Juan Sureda ya había acabado el retablo de Sta. Librada en Sigüenza y antes de liarse con esa maravilla de Olivares del Duero en 1532. 

¿Y la familia qué tal?

Pues por el testamento de su madre, Dña. Magdalena, se sabe que en diciembre de 1527 Luisa ya había muerto y su hermano Luis también. Por aquel entonces la altiva señora, que sirvió a las reinas Isabel y Juana, y  el pendenciero alcaide, su hijo, se pleiteaban con al Cabildo de Clérigos. Mientras, su hermana Catalina remodelaba la capilla funeraria familiar en el convento de san Francisco. (Ojo, no confundir con otra capilla funeraria que la misma familia tiene en Berlanga, donde está enterrado el padre del comunero Juan Bravo).

¡A saber que artes harían con los repudiables franciscanos estas cortesanas! pensarían los rancios del Cabildo. 

Pero ellas tenían criterio, riqueza y causa como para ser las mecenas de "Profetas y Sibilas". Además tienen dos ilustres difuntos recientes, ambos catedráticos de Salamanca, memorables personajes muy dignos de pasar a la Historia. 'Y si representamos a Luisa como Sibila griega y a Luis como profeta Jeremías con gorro troyano?' Porque traerlos a Atienza aunque hubiesen muerto -supongamos- en Salamanca o en Coria, ni se dudaría, pues para los muertos de entonces la distancia no era problema: al padre y al abuelo los trajeron desde Granada.

Estas señoras mecenas eran muy de papeles: ¡dejaron cada testamento! Seguro que al pintor le hicieron firmar un contrato muy pormenorizado. Es la prueba empírica que falta: ¡estamos sin papeles! ¿Ocultarían ellas documentos ante los aires flamencos del emperador que decapitó al pariente comunero y que quemaba todo lo que escribía su propia madre, la rebelde Juana, a quien ellas cuidaron? Quizás. Porque… eso del martirio de la patrona de Catalina decapitada como Juan Bravo y bajo el águila bicéfala es sospechoso (también esta pintura está en el Museo de San Gil, al entrar). Aunque más bien creo que, como un siglo después, estas cuatro tablas ya eran  propiedad del Cabildo de Clérigos, pues… quizás se extraviaron los papeles. 

  ¿Para una capilla funeraria?  

Solo por exigencias del guión un pintor que se lució en Sigüenza haciendo paisajes volverá a la moda anterior de fondos dorados que a la luz velas adquieren misterio y expresan mejor lo eterno, pues el oro no se oxida. 

Tate! de ese fondo, como viniendo del más allá emerge la potente mirada de la catedrática. Me costaba admitir que entre tanta perfección nos pintasen a una mujer de culo, con la falta de decoro que implica… incluso ahora, el uso esta palabra. Claro que, situada allí -en la capilla funeraria del lado del camino- representar a una muerta que vuelve la mirada nostálgica a los vivos, es arte.

¿Dónde podían estar mejor -este arte y aquellos muertos- que en el convento de los franciscanos? Ellos fueron los confesores de la reina y los preferidos del púbico a la hora de las pompas fúnebres. Además estaban enemistados con el Cabildo -como el alcaide y su madre- y tenían la misión de convertir a los judíos camuflados.

¿Judíos? (judaizantes, para ser precisos)
En Atienza había muchos. Manuel Martín Galán nos habló de ellos, casa por casa. 'Soreda' el apellido del pintor lo es. Sus "Profetas" rezuman judaísmo: por el tema, el mensaje, los perfiles, las filacterias y su correcto hebreo. Sería lógico que quien pagó las cuatro cabalísticas tablas también lo fuese.

Pero eso no me encajaba con las Medrano, protegidas por la reina que expulsó a los judíos. Pero, ¿por qué no imaginar que la familia del alcaide de Atienza había sido judía? Eso me conectaría todos los cables: el tema de los profetas, la oposición del Cabildo, los franciscanos, cierto secretismo… e incluso la presencia de las sibilas buenas sacerdotisas paganas que ellos admiran desde el siglo I. 

Me apareció entonces una cita que transcribe Paloma Alonso Sigüenza, del último equipo de restauración: "El 22 de enero de 1498 se apremia a la mujer, hija (Dña. Magdalena) y testamentarios de García Bravo, celebre alcaide de Atienza, para que entreguen ciertos libros al judío Yusef de Madrigal". ¡Judíos, judíos!

¿Judíos sin estrella? Si eran judíos estaban limpios. Al apostar por los vencedores en el asalto -con alevosía y nocturnidad- de Atienza durante la Guerra Civil y al morir el abuelo y el padre matando moros en Granada, seguro que les aseguró la limpieza de sangre y -como ya sabemos por papeles- la protección de la viuda y las huérfanas. Por eso medraron, claro.

Apenas tenemos escritos de la época, pero sí pinturas para leer y datos para ensamblar. 

Recapitulemos: Retrato de cuarentona culta y de mirada sabia; con una especie de areola que viene a decir "Made in Dios" (recordando los piropos que le dedicó en vida Lucio Marineo Sículo); conservado milagrosamente en su propio pueblo; financiado por su culta hermana y valiente madre; pintado por el mejor pintor de la diócesis pero sin la supervisión del obispo; silenciado por  judaizante y femenino; pero de tal calidad que lo recicla el Cabildo aunque no comulgue con su filosofía… En definitiva: 'blanco, en botella, huele a leche, sabe a leche' ¿Qué será? Leche! Se busca la etiqueta que lo niegue o lo confirme. 

Aunque nos falte el contrato, tenemos publicidad antigua: Tomás Gismera Velasco recientemente comentó que "Un retrato en tabla, que refleja su fisonomía (de Luisa de Medrano), se cita entre los archivos de la biblioteca de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, sin que se conozca a su autor".

Pero, pero… en Bochones me queda otro cabo suelto, ¿Qué pintan otras sibilas encaramadas al retablo y una copia de época de "Profetas y Sibilas"?

¿Mera hipótesis? No. Tesis.
Verdad provisional hasta que sea refutada, falsada como diría Karl Popper. 

 

Jacinto Chicharro Santamera, 23 de junio de 2018,
mientras se inaugura en Atienza la biblioteca Luisa de Medrano.  

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