Fumarse un puro ante la Santa Inquisición y otras historias de brujas muy reales

Fumarse un puro ante la Santa Inquisición y otras historias de brujas muy reales

El mundo de la magia y los sucesos paranormales constituye un elemento clave de la cultura de muchas sociedades y las brujas siguen siendo un elemento muy presente en nuestro imaginario colectivo. Si bien hoy la industria televisiva y cinematográfica nos presenta universos y personajes mágicos de forma divertida e intrigante, la saga de Hogwarts o la Bruja Avería poco o nada tienen que ver con el fenómeno de brujería que fascinaba y perturbaba, a partes iguales, a las sociedades europeas de hace varios siglos.

“Pasaporte de Bruja (volando en escoba, de España a América, en tiempo de Cervantes)" es el libro que la historiadora María Lara Martínez ha presentado esta tarde acompañada de su hermana a quien ha nombrado comisaria de Pasaportes de Brujas, la también historiadora Laura Lara Martínez, y del delegado de medios de comunicación de la diócesis, Álvaro Ruíz Langa, sacerdote licenciado en Sigüenza, como Pedro Pérez, personaje que aparece en el Quijote, esa obra en la que “Cervantes refleja tan bien toda la preocupación de la sociedad por la magia o las ilusiones”.

Un cura navarro del s.XVI que decía desplazarse en las nubes y contaba que había volado hasta Madrid para ver los festejos taurinos sin pagar, desde el palco privilegiado que le otorgaba su nube o “la cieguita de Marchena”, última condenada a la hoguera en España, en 1781, que “lo mismo veía al niño Jesús,  que decía que ponía huevos” y cuyo último deseo fue fumarse un puro ante los inquisidores, son solo algunos de los personajes reales que aparecen en este libro.

Tras nueve años de investigación bebiendo de las fuentes mágicas, e históricas sobre todo, María Lara ha presentado esta obra que se acerca al mundo de la magia y lo esotérico, que tanto interés despierta, desde un punto de vista científico para “purificar los conceptos y clarificar este aspecto que se nos presenta tenebroso y oscuro”, tal y como señalaba Ruíz.

Y es que, según recalcaba la autora, “no todo es lo que parece”. Su libro busca “reconciliar a eclesiásticos y brujas” porque “ni unos fueron siempre tan malos, ni otras fueron siempre pobres víctimas”. La historiadora apuntaba a la famosa “Leyenda Negra” que se forjó en la enemistad de holandeses e ingleses hacia los españoles y que contribuyó a desdibujar ciertos episodios de la Historia. “Se achacó a los países católicos y latinos, donde operaba el Santo Oficio, toda la fama de crueles e insaciables cazadores de brujas cuando en fue en los países germánicos donde más se persiguió la brujería”. De 300 hogueras que hubo en España, la autora apuntaba a las 25.000 del resto de Europa para hacer balance.

También rompía una lanza en favor de los inquisidores cuyo oficio incluía a menudo muchos otros para los que no estaban preparados “psicólogo, abogado, catequista, o detective al estilo CSI”, relataba María Lara, afirmando que “el hecho de inquirir, preguntar, no tiene nada de malo, otra cosa son las torturas y las penas de muerte que las hubo y no son justificables”. Si bien hubo inquiridores sanguinarios, María Lara no duda que también los hubo benévolos al igual que entre las acusadas de brujería “también había mujeres perversas”. Valga el ejemplo de las brujas de Pareja que “entraban en las casas, atacaban a los niños, amenazaban a los adultos y los dormían con somníferos”.

El problema, atajaba la autora, “es que pagaron justos por pecadores”: mientras gentes como las brujas de Pareja tan solo fueron expulsadas, otras personas acusadas de hechicería pero completamente inofensivas, fueron ajusticiadas. María Lara recordaba a Lucrecia de León, “la Cassandra de Madrid”, que tenía sueños proféticos y apocalípticos de carácter político y que llegó a predecir la derrota de la Armada Invencible; o a Eugenio Torralba, el mago conquense que en Roma conoció a un ángel, Zequiel, a quien nadie más podía ver, que le acompañaría siempre, ayudándole y revelándole grandes noticias. Tanto Lucrecia como Eugenio fueron ajusticiados y es que en la España del Renacimiento “se temían más los presagios que ponían en peligro los propósitos de los Austrias o que podían desestabilizar el orden público” antes que a los delincuentes comunes. Sanadoras, curanderas, visionarias o personas con una demencia de fondo podían ser pasto de las llamas ante una acusación de brujería.

“Todo está documentado”, señalaba la autora que aseguraba que, en ocasiones, las brujas le habían hecho dudar de su criterio, como cuando el vuelo de las hechiceras era descrito de la misma manera en muy diferentes documentos. Pero no vuelan. “Los vuelos corresponden a las alucinaciones provocadas por intoxicación de drogas de abuso”, explicaba María Lara.

En España, el auto de fe de Logroño, reunió a 30.000 personas, muestra del espectáculo de masas que suponían estas ejecuciones. En el auto fueron quemadas las brujas de Zugarramurdi, once personas, aunque cinco de ellas ya habían muerto en las cárceles de Logroño “y no de torturas ni envenenamientos sino porque estaban tan acostumbradas a sus dosis de drogas de abuso que morían, probablemente, de síndrome de abstinencia”. Tras las ejecuciones, Alonso de Salazar y Frías, fue enviado a Navarra a inspeccionar la zona de Zugarramurdi y descubrió que quizás se había asesinado a inocentes ya que “no había brujas hasta que se empezó a hablar de ellas”. Por tanto, alentó a la Iglesia a establecer un pacto de silencio para evitar nuevos brotes de “psicosis brujeril” que animasen a la aparición e imitación de brujas o la inculpación masiva por el miedo a la excomunión.

Las brujas  también “hacen las maletas” para viajar a América, “donde tanto las de origen español como las indígenas, sacan de quicio a los conquistadores”. La  obra recoge, por tanto, casos del continente americano, como el de las brujas Salem, pero también plantea muchas otras cuestiones como la misoginia que esconde la caza de brujas, por qué “aquelarre” significa “campo de flores” o el motivo por el que los niños de Zugarramurdi llevaban sapos a la escuela. Un libro lleno de datos históricos y brujería que sus presentadores esperaban pueda llegar a muchas hogares próximamente, quizás a través de la magia encantadora de los Reyes Magos.

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