Ara Malikian te hace vibrar con una particular historia del violín. Ara Malikian te hace vibrar con una particular historia del violín. Foto: J. Fraile / Guadaqué

La increíble historia de Ara Malikian

El violinista libanés, español de nacionalidad y de origen armenio, Ara Malikian, llenó este sábado de magia el escenario de la Fuente de la Niña en el primer gran concierto de las Ferias y Fiestas de Guadalajara, ante más de tres mil personas, en una noche fresca y húmeda, que al menos espantó la lluvia.

Y aunque había confusión sobre la hora de inicio del concierto (en unas entradas ponía a las 22:30 y en otras a las 23 horas), a nadie le importó la espera en ese patio de butacas de plástico improvisado sobre el césped de las pistas de atletismo, donde fue bajando la temperatura hasta hacer necesario ponerse las chaquetas e incluso alguna manta.

Pero cuando Ara Malikian saltó, literalmente, sobre el escenario y comenzó a tocar un tema del grandísimo Jimi Hendrix, la temperatura emocional comenzó a subir y se mantuvo así durante las casi dos horas en las que el duró La increíble historia de violín, en la que Malikian narra, con alguna que otra invención, el particular periplo del instrumento musical que heredó de su abuelo, mientras que desgrana con su violín la historia de la música con ritmos que van desde el rock y el tango hasta el flamenco, y un repertorio que cabalga desde Bach a Paganini, o de Led Zeppelin a David Bowie, con toda naturalidad.

Quién iba a decir que ese Ara Mlikian que hace diez años actuaba por primera vez en Guadalajara y apenas chapurreaba el castellano (lleva quince años en España), iba a convertirse en un monologuista al más puro estilo del Club de la comedia, capaz de bautizar a su lutier como Alfredo Ravioli. A un genio como él, no solo se le permite hacer el ganso, sino que se le agradece, pues es su estilo propio y virtud.

Y en el cuento del violín había grandes verdades, como la de que su abuelo se salvó de la guerra en Armenia por él, y a él y a todos los refugiados que huyen de la guerra, dedicó un impresionante tema de composición propia casi al final del concierto, donde uno podía oír caer las bombas o escuchar el llanto desesperado de cualquier madre, en cualquier guerra. 

Y sí, el suyo es el violín de su abuelo que nació en Módena hace más de 300 años y viajó hasta Líbano para encontrarse con un pequeño Ara de tres años, al que su padre, también violinista, enseñó a tocar. Solo que ahora le ha enganchado una petaca para amplificar el sonido y moverse sin cables con los que tropezar por el escenario.

Oírle tocar "La Campanella" (la campanita), que es el movimiento final del Concierto para violín nº 2 en Si menor Opus 7 de Niccolò Paganini, fuera de toda ortodoxia, puede que para algunos suponga rasgar las vestiduras de la música clásica, pero Ara Malikian consigue no solo con su música, sino también con sus brincos y cabriolas lo que otros virtuosos del violín no hacen,  y es emocionar al público, más allá del conocimiento.

En el escenario, esta vez sin foso ni vallas, que emula a un particular Corral de Comedias del siglo de Oro, le acompañan siete grandes músicos (contrabajo, guitarra, batería, percusión, violonchelo…) que van enloqueciendo al ritmo de Malikian y que acaban haciendo vibrar al público como infinitas cuerdas de un violín, en una experiencia diferente con la música. Y cuando Malikian se baja al final del concierto del escenario, por la escalinata habilitada, y pasea con su violín entre el público creo que lo  hace en esa necesidad de comprobar si ha alcanzado su objetivo de acercar su música. Malikian con su violín lo consigue y esa es la verdadera historia.

Gran concierto, concierto, de Ferias, no solo por el formato, sino por la huella que deja, en esta Guadalajara, a la que Ara Malikian confesaba tener especial cariño y muchos amigos.

GALERÍA GRÁFICA ARA MALIKIAN

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