Darío Pozo, ingeniero informático y “aerotrastornado de toda la vida”, como él mismo se definió ayer, y repasó los logros en el campo de la aviación de estas pioneras. Darío Pozo, ingeniero informático y “aerotrastornado de toda la vida”, como él mismo se definió ayer, y repasó los logros en el campo de la aviación de estas pioneras.

Las pioneras de la aviación en el XIII Ciclo de Conferencias de Archivo de Sigüenza

Darío Pozo, ingeniero informático y “aerotrastornado de toda la vida”, como él se definió ayer, disertó, en el Centro Cultural El Torreón, la primera ponencia del ciclo veraniego de Conferencias de Archivo. El evento, todo un clásico del verano cultural de Sigüenza que llega en 2018 a su XIII edición, lo organiza la Asociación de Amigos del Archivo Histórico de Guadalajara (AAAHPGU) y el Ayuntamiento de Sigüenza. Como recordaba ayer el presidente de la AAAHPGU, Manuel Martín Galán,  “nuestra entidad cuenta con 24 años de historia, y más de la mitad, 13 con este, hemos celebrado este ciclo de conferencias”. Igualmente el presidente señaló el cambio de tercio que este año experimenta el argumento del ciclo, poniendo el foco en el final del siglo XIX y fundamentalmente en la primera parte del siglo XX, y también que, “en un mundo absolutamente masculino, como es el de la Historia en general, y especialmente el mundo de la técnica, el ejército y la aviación, también ha habido mujeres, por lo que merece destacarse también el interés del ciclo de este año por hacer visible la participación de las féminas en este campo”.

Por su parte, José Manuel Latre, alcalde de Sigüenza, acudió a la conferencia, y felicitó por su convocatoria y organización tanto a la AAAHPGU como a la archivera municipal, Amparo Donderis, y recordó los atractivos culturales de la ciudad, citando los más próximos en el tiempo. Fue la propia archivera, nexo de unión entre Asociación y Ayuntamiento, quien glosó la figura del ponente. “Piloto privado, que vuela los fines de semana, es además miembro de la Asociación de Amigos del Museo del Aire y de la Fundación Infante de Orleans, que se dedica a mantener el patrimonio aeronáutico español”, presentó. 

Durante más de una hora, Darío Pozo habló sobre las aviadoras que hicieron historia durante las cuatro primeras décadas del siglo XX. Todas ellas, dejaron además una huella imborrable en la sociedad en que vivieron, que sirvió de ejemplo y de impulso a mujeres contemporáneas, “no sólo en el campo de la aviación”, puntualizó Pozo, debido a la enorme trascendencia mediática que tuvieron sus hazañas. 

El ponente comenzó por la primera aviadora de la historia, la francesa Raymon de Laroche. El 22 de octubre de 1909, De Laroche voló 270 metros en Chalons, a 140 kilómetros al este de París, donde los hermanos Voisin realizaban sus maniobras. Ella fue la primera en superar las pruebas para obtener una licencia de la Federación Aeronáutica Internacional, es decir, se convirtió en la primera aviadora por derecho propio. Eso no significa que fuera la primera mujer en elevarse en el aire. Elisabeth Thible lo hizo en globo en 1784. Ni tampoco la primera en despegar en un avión, quien probablemente fue la también francesa Therese Peltier, aunque no completara curso alguno ni llegó por tanto a obtener una licencia de piloto.

Pozo sobrevoló después las trayectorias vitales y profesionales de pioneras, como la norteamericana Bessie Coleman, que en 1920 se convirtió en la primera piloto de color, con la enorme dificultad que entrañó su logro “por el hecho de  ser negra, mujer y pobre”, destacó. Además de ser la primera mujer afroamericana piloto de la historia, fue la primera persona de ascendencia afroestadounidense que obtuvo una licencia internacional de piloto.

Pozo dedicó un capítulo muy especial de su intervención a la gran Amelia Earhart, cuyo avión desapareció sobrevolando el Pacífico, después de haber logrado diferentes hazañas -muchas de ellas habiendo sido la primera persona en conseguirlas- a lo largo de su carrera. Fue la primera mujer en sobrevolar el Atlántico, cruzando desde Harbour Grace, Terranova y Labrador, a Gran Bretaña. Lo hizo en 1928 como miembro de la tripulación, no como piloto, de un Fokker trimotor bautizado como 'Friendship', un año después de que Charles Lindberg lo hiciera en solitario en 1927.  En 1932 Earhart también lo hizo en solitario, pilotando un Lockheed Vega, un avión se conserva en el National Air and Space Museum de Washington. Recordó Darío su famoso aterrizaje en el norte de Irlanda y su encuentro casual con un granjero.  En esa travesía impuso marcas como ser la primera mujer en hacer un vuelo solitario en el Atlántico, primera persona en hacerlo dos veces y el de la distancia más larga volada por una mujer sin parar.

En 1934 anunció su siguiente aventura sería un vuelo a través del Pacífico, desde Hawái a California, y después a Washington. Diez pilotos lo habían intentado antes. Todos murieron. Salió de Honolulu el 11 de enero de 1935 y aterrizó en Oakland, California, ante una multitud que la vitoreaba. Roosevelt le envió sus felicitaciones.  En 1935 comenzó a planear hacer un viaje alrededor del mundo en el aparato Lockheed Electra 10E. La trágica travesía alrededor del mundo terminó con el funesto accidente que acabó con su vida en el Pacífico.  “Hay muchas teorías sobre su desaparición, que pasan incluso por la conspiración, aunque la más plausible sea que su avión impactó con el mar cuando se quedó sin combustible”, dijo Pozo. En todo caso, durante la disertación expuso, con todo lujo de detalles, cada una de sus hitos aéreos, y su hipótesis del accidente, con abundante material gráfico. Amelia Earhart, que fue amiga personal de la familia Roosevelt, decía que si “esto lo podía  hacer ella, lo podía  hacer cualquiera”. “Su influencia hizo que mujeres de todo el mundo se decidiesen a elegir otras carreras o profesiones que no fuesen las de ama de casa”, señaló Pozo.

También habló el ponente sobre  Amy Johnson. Hija de un pescadero, descubrió la aviación  por casualidad, perdiendo un autobús. Después de dos vuelos consecutivos de instrucción, bien diferentes el uno del otro, se enamoró de las alturas. Fue la primera mujer piloto en volar sola de Gran Bretaña a Australia. La De Havilland Moth con la que Amy Johnson llegó a Australia se puede visitar en el Science Museum de Londres. Volando en solitario o con su marido, Jim Mollison, estableció numerosos registros de larga distancia durante la década de 1930. Voló en la Segunda Guerra Mundial como parte de Auxiliar de Transporte Aéreo y murió durante un vuelo en Ferry en 1941. 

Por último, Pozo dedicó un capítulo especial a las aviadoras españolas. La primera documentada –aunque expuso su teoría de que en realidad pudo ser Irene Aguilera, esposa del piloto e instructor de vuelo Emilio Herrera- María de la Salud Bernardo de Quirós Bustillo, en 1928. “Se encontró con todo tipo de dificultades, desde familiares a sociales, en el final de la dictadura de Primo de Rivera, cuando no había llegado aún todavía la apertura que vendría después con la República”, señaló. La prensa española de la época le dedicó mucha atención. Pozo recordó la frase que la hizo famosa: “la sociedad se irá dando cuenta que las mujeres sabemos hacer algo más que bordar”.

 

Hoy, el ciclo continúa con la segunda ponencia. Le corresponderá a Amparo Donderis hablar sobre “Aviadoras en guerra”. “Felicito a la Asociación por este ciclo de conferencias, que además, este año le da también un protagonismo muy especial a la igualdad de género, y animo a los seguntinos a acudir a la que tendrá lugar esta tarde”, afirma Sonsoles Arcones, concejala de Cultura, y presente ayer en la conferencia.

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