El concierto del pasado viernes del grupo Miss Caffeina en Guadalajara fue todo un éxito. El concierto del pasado viernes del grupo Miss Caffeina en Guadalajara fue todo un éxito.

Otro vuelo por Guadalajara con Miss Caffeina

Pintaba un día de mierda. Bien podía tratarse de uno de esos viernes en los que pones fin a una semana de muchas entregas, exámenes y noches de estrés. O una larga semana de trabajo con clientes agobiando y jefes tensos. Incluso podía ser un viernes de esos que se te planteaban inalcanzables dos días atrás, cuando te encontrabas entre mocos, medicina con jeringuillas y biberones. Y todo esto podría ser porque efectivamente Miss Caffeina lleva ya 13 años en la escena musical y sus filas han ido sumando adeptos de todas las edades. Incondicionales y agnósticos que allí nos encontrábamos dispuestos a presenciar el milagro del viernes salvado.

Qué actitud no falte, porque si en Guadalajara tenemos de algo es actitud. Hablamos de orgullo rural, aunque nuestros pueblos están cada día más abandonados. Actitud de capital aunque hay pedanías del centro con más habitantes y ofertas culturales. Actitud de cercanía aunque vamos a todos los sitios en coche. 

Y esa noche había actitud, nos habíamos congregado una multitud, hasta completar el aforo, con entradas de 20 euros. Con actitud de ahorrar hicimos la inversión de la semana de nuestros modestos sueldos para poder disfrutar (sueldos de estudiantes, becarios, mileuristas agradecidos o buscadores incansables, digo esto no por desmerecer ni acotar el público de Miss Caffeina sino por impregnar estas líneas de la realidad social). 

Minutos antes del arranque de la actuación ya quedaba poco espacio en la sala, empujones por intentar mantener o hacerse con los mejores sitios mientras el nerviosismo crecía esperando el primer acorde que llegó y encontró la respuesta masiva de un público entregado que coreaba y bailaba con los escasos movimientos que permitía la falta de espacio propia de los éxitos de taquilla. 

Una tras otra las canciones de sucedía y la gente que nos habíamos congregado iba recitando al dedillo la lección satisfechos cómo tras un examen bien resuelto. Pero pronto llegó el silencio cuando Alberto Jiménez, cantante del grupo, compartió con todos los asistentes una anécdota de su trayectoria. 

Narraba que para ellos era imposible visitar la ciudad de Guadalajara sin recordar su primera vez, esto pasa muchas veces y más si en tu primera vez no se vendió ni una mísera entrada. Su primera experiencia en tierras arriacenses fue con un concierto privado para camareros y técnicos de sonido, pero ya se habían resarcido y venían con ganas de subir el listón.

Tras escuchar este dato, todos los que habían tomado cada canción como un alegato a su fidelidad eterna hicieron silencio. Y para compensar, Miss Caffeina decidió pasar el trago con uno de los mejores momentos, arrancando las primeras notas de unos de los grandes temas de su nuevo disco, “Merlí”. El público enloqueció y en la cara de los intérpretes de podía leer la sorpresa ante tal respuesta, miradas cómplices y desconcertadas que se fueron sucediendo a lo largo del concierto mientras descubrían que en Guadalajara también tenían un público que ahora les era fiel.

Pasada la hora y media de concierto, llegó el momento final con esa canción convertida ya en himno al carpe diem y a la intuición para seguir hacia delante, “Mira como vuelo” consiguió encender todos los móviles y multiplicar exponencialmente el alcance de aquellos acordes, consiguiendo lo que parece que es la triste forma en la que deben disfrutarse hoy día los conciertos. Mientras progresaba se sentía esa dicotomía en el público entre la alegría desbordada y la tristeza preconcebida de saberse llegando al final del concierto. 

Desconcertando por completo, el grupo recogió los instrumentos y vació el escenario con apenas un “hasta pronto Guadalajara”. Daba la impresión de que quizá Miss Caffeina fuera otro de esos grupos que se sumaba a la sinceridad de tocar todas sus canciones sin bises y sin sorpresas. O quizá todavía inseguros por sus primeras experiencias en Guadalajara y no confiaban en el que el público fuera a corear sus nombres exigiendo sus bises.

La sorpresa fue mayúscula cuando no sólo volvieron a tocar algunas de sus míticas canciones sino que nos regalaron su versión de un éxito del siglo pasado. Y con esto, ya sí que sí, dieron por finalizada su obra y su aportación a nuestro viernes, convirtiendo un día anodino de final de la semana en un recuerdo imborrable, el ajuste de cuentas de una ciudad con el talento.

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