Pablo López: su frontera, una canción

Pablo López: su frontera, una canción

Solidez, calidad y lleno total en el Buero Vallejo en la noche del viernes con Pablo López. El cantautor malagueño en su regreso a Guadalajara satisfizo al colorido y variopinto público que disfrutó con la sensibilidad y notable acierto de éste músico llamado a ser uno de los grandes de la música española. Sólo dos discos y tres años han bastado para ser uno de los fenómenos musicales más importantes en el mercado musical de habla hispana.

Si, sólo dos discos pero ya cuenta con varias nominaciones a los Latin Grammy y sus canciones son de esas que resuenan en los patios de vecinos, la oficina o en el silbido melódico del taxista;. El ex-triunfito, que pasó sin demasiado eco por el programa televisivo, se dedicó a la composición, cosa que hace desde los siete años, de hecho el malagueño tiene canciones mágicas interpretadas por otros como Pablo Alborán.

Él, que es artista con piano anexo y como uno de cola de impresionante, habla, construye, reforma y alicata los mensajes de sus temas que bailan entre lo romántico y lo social. Mucho de lo primero y un poco menos de lo segundo, pero con una poesía en cuanto hace que se cuela hasta los hígados, las meninges y la patata, que a ellas las vuelve coro de cuanto se cante incluidos los silencios.

El fenómeno fan se hace presente y los foros se llenan de jovencitas, éstas si pueden sin su madre que también está con su hermanita pequeña. Las tres, se saben el repertorio y ya están frenéticas; bueno, pues ellas y algunos abuelos-padres-maridos-hermanos que también encuentran el “tilín” en el trabajo del malacitano.

Fueron alrededor de dos horas, quizás un poco menos, que se mostraron intensas desde la presentación con el famoso y deseado feeling apareciendo en cuanto sonó la campanilla de comienzo del espectáculo. En cuanto a la calidad del sonido, como tiene que ser, buena, y en la interpretación por supuesto ni un gramo menos de lo que se esperaba.

Para Pablo López su dios es el amor y a él le canta de forma transgresora, sin vendas ni tiritas. Su amor, o como él lo ve, es la solución a un mundo que está hecho un asco por su más que notable ausencia y por eso hasta las canciones más reivindicativas tienen en él su referente.

No es cantautor al uso, melódico y “sosainas” ahí sentado practicando sus buenas artes. Pablo se mueve, es enérgico y transmite por empatía. Su música entra por los poros y además lo envuelve todo con un magnífico humor que permite interactuar al público, lanzándole frases o respondiendo a las palabras del cantautor.

“Once Historias y un piano” y “ El mundo y los amantes inocentes” son sus productos terminados y la base de un concierto que se haría corto tocando cuatro horas, porque Pablo López absorbe, completa y deja al personal con ganas de irse a casa o al coche a ponerse el cd para seguir repitiendo la experiencia. Antonio Orozco, Alejandro Sanz, Malú, Pablo Alborán, Juanes y otros tótems de la música en español ven en él  al músico de la década y ayer Guadalajara lo comprobó.

Este cantautor merece y además es agradecido, pues se acordó de su primer paseo por la capital de manos de Antonio Orozco que le invitó en su concierto. “Por eso quería volver”... y mira que estuvo atinado porque aquí había muchas ganas de disfrutar con él.

Bueno, pues ya tenemos fenómeno y lo vivió el Buero. Que alguien se apunte el nombre porque al año que viene puede ser muy, pero que muy caro.

cuQué buen concierto... Y suma y sigue.

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