Pee Wee Ellis, una leyenda del jazz en Guadalajara

Pee Wee Ellis, una leyenda del jazz en Guadalajara

Lleno total en el Teatro Moderno con la llegada de Pee Wee Ellis al ciclo Jazz  con un mpecable concierto de recorridos blues, soul y funk en una magnífica jazz session que viene a otorgar “galones” a esta cita que en noviembre tiene el Jazz con Guadalajara, con gran acierto hasta la fecha.

Si la emoción salía por los poros de los espectadores hace una semana con la visita de Speak Jazzy, la segunda entrega de este ciclo de Jazz ha sido la de la admiración, porque no es normal que se presente en Guadalajara uno de esos músicos más influyentes en el devenir musical americano, donde tal vez el Soul y el Funk serían de otro modo sin él.

Pee Wee Ellis que en abril cumplirá 76 años, es músico de jazz y saxofonista pero si algo destaca en su currículo es su enorme influencia en la carrera musical de Van Morrison y especialmente James Brown, el padre del soul. Tras su incorporación a la troupe del bluesman en muy poco tiempo sus arreglos y letras alcanzaron rápido éxito, lo que le llevó a ser el director musical del cantante durante varios años. Y de ahí a una discográfica donde hizo lo propio para gente como George Benson,  Hank Crawford, Morrison...

El arquitecto de Brown es ya mayor y su notable volumen dificulta sus movimientos; no le resulta sencillo moverse y es una silla su principal aliado en el concierto. Su voz de tono bajo y roto sale también con cierta dificultad cosa que para el auditorio es un añadido más para terminar de no entenderle, lo que provocó alguna situación divertida a lo largo del encuentro.

El Moderno está lleno y se notan las ganas de buena música; respetuosos y convencidos de que aquéllo es un recital de música culta, que sin duda lo es, da la impresión de que estamos esperando uno de esos encuentros de música de cámara; refinamiento y un poco de elitismo. Y es que existe la idea de que el Jazz es para expertos, música de snob's aunque es un gran error porque gente como Ellis, magistral músico donde los haya, lo han hecho  popular. Sus concepciones musicales nos han traído el funk, buena parte del dance funk y las reiteraciones soul que son norma desde que el de Brandenton (Florida) las hiciera habituales en las canciones de Brown.

En el Moderno el hipnotizante sonido del saxo al que lleva pegado desde los ocho años entra en los cerebros sutilmente para relatar un repertorio magnífico. New Moon, Lovely sentimental; Mercy, Mercy... todas ellas elaboradas propuestas jazzísticas que van interpretando como si estuvieran ensayando.

El público se entusiasma con los diálogos instrumentales, pero de puro educados y quizás “in albis”, con el inglés un tanto confuso de Pee Wee, no contesta a las peticiones de interacción desde el escenario. Corean alguna cosilla pero arriba miran como diciendo “¿Estamos de soul o de clásica?”. La situación es cómica porque la gente quiere pero tiene miedo a romper algo o desentonar y el músico se encoge de hombros, pero insiste: “One more time”. En un ratito los chicos ponen un tono y las chicas otro quedando la cosa decentita, pero constatando que no tenían la sangre del público de una jazz session en Menphis, no.

El entusiasmo arriacense se muestra de otra manera. Ahora y ya más valientes que otra veces aplaudiendo a rabiar los rifts de los excelentes músicos o los homenajes que Pee Wee dedicó a Brown o Louius Amstrong. Qué bonita la versión del Wonderful World a la que su voz le iba al dedillo.

Al final como suele ser, la despedida. Y esta vez los músicos no se van vivos sin el bis; aunque no se escuchan los “otra, otra, otra” de por aquí, si que a la impresionante tanda de aplausos final le sucedió un acompasado palmeo/pataleo que va in crescendo hasta que vuelven a ocupar su sitio tras los instrumentos.

I feel good, de Brown es el tema que vamos a llevar en la cabeza hasta casa, pues aparte de inolvidable suena distinto, slow, masticado profundo y, es una percepción, más original que el original. 

Es hora de irse pero va más lenta la salida que la entrada. Hay motivo; la gente no quiere marcharse sin llevarse su disco; esta vez se vende hasta el mantel del improvisado tenderete. Da gusto conocer en vida a los arquitectos divinos de la música. Y Pee Wee Ellis es uno.


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