Pablo Rubén López Sanz, un pintor madrileño, de Griñón, se llevó el primer premio pintando la fuente del Parque de La Alameda. Pablo Rubén López Sanz, un pintor madrileño, de Griñón, se llevó el primer premio pintando la fuente del Parque de La Alameda.

Pintando bajo la lluvia la belleza otoñal de Sigüenza

La ciudad de Sigüenza,  cubierta por un cielo gris, que tan pronto dejaba pasar un rayo de sol como descargaba una lluvia fina, recibió ayer a 36 pintores venidos de toda España y les ofreció su belleza, en esta ocasión típicamente otoñal.

El agua intermitente, combinada con una temperatura templada, de en torno a quince grados, le está viniendo de maravilla a las ya próximas Jornadas Micológicas que se van a celebrar en la ciudad en noviembre, y, a juzgar por la magnífica colección de cuadros que quedaron ayer expuestos en el Ayuntamiento, tampoco le ha venido mal al XVIII Certamen de Pintura Rápida. La calidad de los cuadros  fue sobresaliente, según convenían todos los miembros del jurado que falló los premios, al filo de las 18 horas de la tarde. El pintor Emilio Fernández Galiano resumía el sentir de sus compañeros diciendo que “en todas las obras hemos observado, cariño, ilusión y arte”.

Brumas matutinas, nubes y claros, luces tenues, ofrecían a los pintores panorámicas distintas a las habituales, “melancólicas”, como definía la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Sigüenza y presidenta del jurado, Sonsoles Arcones.  Las calles mojadas, para alborozo de algunos artistas, como el valenciano Francisco Pérez, quien tiene por costumbre pintar reflejos en el suelo -“hoy no he tenido que imaginármelos”, decía ayer- veían como el color se iba sobreponiendo al blanco original de los lienzos.

Decenas de visitantes curiosos, que este fin de semana, uno más, han llenado la ciudad, admiraban el trabajo de los pintores, apostados en lugares emblemáticos, y comparaban la realidad con la visión que de ella dejaban los artistas en sus obras. En el transcurso del día, la Torre del Gallo les advertía, con el sonido de sus campanadas atenuado por la borrasca, sobre el paso de las horas. A partir de las 17 horas de la tarde, las dos galerías porticadas de la Casa Consistorial, en las plantas baja y primera, albergaban la lucida muestra de cuadros, protegiéndolos allí de las inclemencias del tiempo.

Además de Arcones y Fernández-Galiano, el jurado lo integraron también la cronista oficial de la ciudad, Pilar Martínez Taboada; el artista y cincelador, Mariano Canfrán; el maestro vidriero Angel Ibarra; el pintor Santiago Morollón; y Javier Sanz, en este caso en su condición de ilustrador.

Preludió el fallo el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre, que destacó la participación de artistas, “venidos de todos los puntos de la geografía española”, dio las gracias a los patrocinadores del Certamen, al tiempo que subrayó el esfuerzo que han hecho los pintores “en un día desapacible en lo meteorológico para estas lides, pero que descarga un agua que le viene muy bien a nuestra tierra”.

La decisión, como anticipaba Emilio Fernández-Galiano, no fue en absoluto sencilla. El primer premio se lo llevó Pablo Rubén López Sanz, un pintor madrileño, de Griñón, viejo conocido de la ciudad, puesto que en el año 2013 se llevó también el primer premio, pero entonces de la XV edición del Concurso Fermín Santos. El ganador, “viendo que había mucha competencia y nivel”, eligió un formato vertical, de metro y medio de alto con el que quiso, y consiguió, sorprender al jurado pintando la fuente del Parque de La Alameda. El agua de su pilón circular, y el reflejo de la ciudad en ella, le dieron pie para pintar la Catedral y la cuesta de la calle Medina. “El agua me ha perjudicado en parte, porque he tenido que resguardarme pronto, pero por otra parte, la humedad le viene bien a mi forma de pintar.  He podido hacer aguadas mucho más suaves, evitando las prisas”.

El barcelonés José Millas eligió una panorámica lejana, y no tan figurativa, en la que sintetizó la ciudad “desde uno de sus extremos, contrastando un edificio antiguo con lo que podríamos llamar el 'sky line' de Sigüenza”. La de ayer fue la primera visita a la ciudad del Doncel del de Igualada quien, pese a reconocer la dificultad de pintar bajo la lluvia, también destacaba que el agua resalta colores y matices “que de otra manera, no se aprecian”. Millás, según sus propias palabras, pasó “un gran día” luchando contra los elementos y el tiempo. Detrás de la vieja casa que aparece en el primer plano de su cuadro, los colores perdían tonalidad hasta convertirse en grises. Sabiéndose ya ganador del segundo premio, reconocía que “al igual que hay lugares donde no ves los temas por ningún lado, en Sigüenza me ha pasado justo lo contrario”.

El vizcaíno Julio Gómez, se decidió por la portada de la Iglesia de San Vicente. Al filo de las cuatro de la tarde, remataba su obra guareciéndose bajo sus mismos arcos. “Pintar lloviendo tiene su encanto, por el juego de luces y brillos”, decía frente a una obra en la que destacaba el contraste entre monumentos y gente. En la escena, la portada, gris, contrastaba con el fondo de la Plazuela de la Cárcel, iluminada por una mayor claridad. Hacia allí se dirigen, ya para siempre, unos viajeros con sus paraguas. Gomena, como es conocido en el mundo de los concursos, es otro de los pintores habituales de una ciudad  “a la que habrá que volver, porque como decía Humphrey Bogart, siempre nos quedará Sigüenza”.

Después de la entrega de los premios, fueron muchos los cuadros que pese a no resultar premiados, acabaron vendiéndose.

Pintando bajo la lluvia

La mayoría de los pintores decidió apostarse en el entorno de la Catedral, seducidos por su majestuosidad, al tiempo que podían trabajar protegidos de la lluvia, al abrigo de los soportales de la Plaza Mayor.

Miguel Angel Rodríguez, de Alovera, remataba, al filo de las tres de la tarde, su acuarela con una imponente perspectiva de la Plaza Mayor, en tonos sepia. También participó hace dos años. “Lo que más me gusta de la Catedral es que es un edificio antiguo, irregular, con muchos matices”. Pese a que, en su caso, hubiera preferido pintar en un día soleado,  se mostraba satisfecho con el resultado, mientras daba unos últimos retoques al inicio de la Calle Mayor en la escena.

El barcelonés Antonio Darias es un participante habitual del concurso doncelino. “Vengo siempre que puedo”, aseguraba, después de repetir participación en Sigüenza por segunda edición consecutiva. Prácticamente en la puerta del Ayuntamiento, había elegido otra panorámica de la ciudad muy distinta a le la calle Arcedianos que pintó en 2014.  “Me gusta pintar lo que veo, sin ayuda de la fotografía. No es difícil suponer que la Plaza Mayor es el emblema de Sigüenza, por lo que creo que a alguien le gustará el cuadro, jurado o público, porque la segunda satisfacción más reconfortante que un pintor se puede llevar de un concurso, después de la de ganarlo, es la de vender su obra”.  Darias añadió en su acrílico a la escena de la Plaza Mayor, el ambiente. “Prefiero humanizar los edificios. Además, el agua me ha dado la oportunidad de dibujar paraguas, un tema que nos gusta mucho a los pintores”.

Paco Campos, madrileño y habitual de estos concursos, eligió una panorámica de la ciudad de Sigüenza, con los edificios al fondo, pero dándole gran protagonismo a la tierra mojada, llena de charcos, que casi podía percibirse detrás del olor a aguarrás típico de los cuadros recién acabados. Puede decirse que entre artista y panorámica hubo amor a primera vista, puesto que la eligió desde el coche a su llegada a la ciudad. “Pintar el agua es muy atractivo. He reflejado un ambiente gris, con la humedad en el cielo, a punto de precipitarse, la ciudad y la tierra mojada, en diferentes planos”, explicaba.

El joven pintor Eduardo Alsasua, de Vitoria, eligió una de las estampas más típicas de la ciudad, la calle Mayor a la altura de la Iglesia de Santiago, en una hermosa perspectiva descendente. La de ayer era su primera visita a Sigüenza. “Me ha encantado la ciudad, impresionante, la majestuosidad de la catedral, la bruma de la mañana y el ambiente gris. Soy de los que prefieren pintar con sol, pero para variar, trabajar los grises y ocres ha sido gratificante”.

También Francisco Pérez, pintor valenciano, llegaba ayer mismo por primera vez a la ciudad del Doncel. Le sorprendió la impresionante reja del atrio catedralicio. “He querido representar un día lluvioso perfecto, resaltando la potencia que tiene la verja, y al fondo, la Catedral”.

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