Francisco García Marquina y Antonio Pérez Henares en la presentación del libro. Francisco García Marquina y Antonio Pérez Henares en la presentación del libro.

Marquina: "Que la muerte nos coja ya divertidos"

“Morirse es como un pueblo” es el título del nuevo libro de poemas que Francisco García Marquina ha presentado ayer en la Sala Tragaluz del Auditorio Buero Vallejo en el marco del programa de actividades de la Fundación Siglo Futuro. Lo ha hecho acompañado del presidente de la asociación, Juan Garrido, que ha presentado a los intervinientes y de Antonio Pérez Henares, “Chani”, que ha tenido el honor de hacer de maestro de ceremonias y presentar el libro de su amigo.

Un libro que, aunque su título haga casi pensar en un responso, es en realidad un canto a la vida, algo que agradecía Chani tras descubrir con alegría que Marquina “habla de la muerte pero no como un legionario, sino como si se hubiese ido de copas con ella”.

El autor, por su parte, confesaba que está en una época en la que “uno ya no piensa que solo se mueren los demás” y que se siente como en una lista de espera “más rápida que las de la Seguridad Social; probablemente me pueda morir antes que conseguir una radiografía”, bromeaba.

“Morirse es como un pueblo” es una frase del surrealista belga, Louis Scoutenaire, que Marquina ha adoptado para hacer referencia al carácter vulgar pero realmente democrático que tiene la muerte y cómo uno, al morirse, “consuma del todo un hecho universal, participando en ese pueblo que muere”.

Pero además, el autor aporta herramientas para enfrentar la muerte como son el humor, “en los cementerios se hacen muy buenas bromas”, y el arte (en su caso la literatura), que es “el invento mayor de la humanidad para librarse de la fatalidad”.

Su libro, aseguraban los ponentes, es sencillo en el lenguaje y de fácil comprensión, y en sus páginas el autor dialoga consigo mismo dándole vueltas a la muerte, abordándola también desde la infancia, el amor o la naturaleza, explorando diversas posibilidades ante un fenómeno tan popular y desconocido a la vez y citando a algunos autores, como Shakespeare o Séneca, y la filosofía vividora de Bukowski, con la que él se identificaba.

Marquina ha remarcado que, si bien “podemos vivir hasta los 80, 90 o incluso cien años”, no es nada comparado con todo el tiempo que vamos a morir, “nos vamos a hartar de muerte”, advertía. No obstante, nos animaba a matar a la muerte mientras podamos, aprovechando la vida al máximo: “podemos cachondearnos cuando queramos, que la muerte nos coja ya divertidos”, comentaba.

El autor recordaba que la muerte no es nada épico y que a menudo llega de forma ridícula, como bien pudo constatar cuando sufrió un infarto y estuvo en parada cardiorrespiratoria durante diez minutos: “si no me hubiesen recuperado, me habría muerto pensando ¿quién coño pone los aspersores esta noche?”, un final tremendamente deslucido. Sin embargo, si la muerte hubiese paseado ayer entre las butacas de la Sala Tragaluz, le hubiera costado llevarse a alguien que no estuviera riéndose a carcajada limpia con las ocurrencias y las confesiones de Paco García Marquina.

Los asistentes a la celebración, desde luego, no tuvieron ocasión de sentirse abrumados por la temática del acto ya que el propio autor decidió endulzarles aún más el rato con bombones de chocolate y limón que fueron repartidos por la sala.

Mientras todos degustaban los dulces, el autor compartió algunos poemas de su obra, arrojando a los oyentes múltiples alternativas, como la posibilidad de que la muerte forme parte de un ciclo que nunca se detiene ya que, al fin y al cabo, de la nada venimos y a la nada vamos, y especulaba adivinando su futura vida convertido en margarita, carbonato de sosa o en el tejido de la camisa del vecino. También pudiera ser que la muerte no sea más que “un desahucio forzoso de este mundo”, un cambio de lugar y no de ser, o que si todo está destinado a su fin quizás la muerte tampoco se libre y “si la muerte muere, ya dejará de matar alguna vez”.

En cualquier caso, tal y como advertía Chani en su introducción, “quizás morirse no sea tan malo, según lo cuenta Marquina” que, desde luego, ha logrado con su libro y su presentación de ayer, “burlarse de la muerte por escrito”. No obstante, por si acaso erraba en sus fantasías literarias, en un gesto de honradez deseaba a los presentes “un brillante porvenir entre las infinitas maneras de no ser” y, puesto que para él, “el único pecado que merece el infierno es el miedo” invitaba a todos a vivir la vida entre risas, movimiento y ajetreo.

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