Ray Gelato, el padrino del swing

Ray Gelato, el padrino del swing

Cincuentón, elegante y divertido, Ray Gelato llenó en la noche del jueves el teatro Moderno en la cuarta entrega del ciclo de jazz, lleno, como ya es habitual. El público disfrutó de una velada cargada de swing y canciones de crooner que hacen de esta modalidad jazzística la más popular.

Llegar con el concierto empezado a veces es buena cosa, aunque uno se pierda los primeros acordes. Al penetrar por la entornada puerta de acceso al céntrico y coqueto teatro Moderno, parece que estamos en un acceso dimensional y hemos acabado en uno de esos salones donde se cena y escucha el show de los Pack Rats en un casino de las Vegas de los sesenta. ¿Qué quiénes son esos?, pues ni más ni menos que los que interpretaban las canciones que acunaban la infancia Ray en Londres. Su padre era piloto americano allí destinado, y amante de la música crooner, esencialmente swing,  bebop, algo de latin jazz y rythm & blues.  De tipos como Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis y Peter Lawford. ¿Vieron la primera peli  “Ocean's 11”?, pues esos.

La indumentaria, la elegancia, ese saxo alto que llena todo, el frenesí de pies imposibles de parar, la voz templadita y penetrante -no la mejor del mundo, pero de empaste perfecto- que nos recordaba a los citados y algunos más. Ray Gelato es un padrino del jazz , sobre todo en las islas británicas, donde es es el jefe y se le respeta. Jamie Cullum, el genial y joven crooner, quizás el mejor, vio como le ganaba la corona, cuando Ray se fumaba unos puros kilométricos y se convertía en el más aclamado difusor del jazz popular. Para muchos es el premio completo,  porque canta bien y toca mejor. Además dirige sus formaciones de forma sutil, o no tanto, por sus divertidas conversaciones y posturas, dando importancia, señalando al protagonista del rift en ese tramo de interpretación.

En USA sus habilidades ponen música a multitud de películas y series, además de haber tocado con los mejores, como el propio Cullum o Robbie Williams, por citar alguno moderno y en candelero, y en los mejores sitios de jazz. Incluso puso banda sonora en la boda de Paul McCartney y tocó para la Reina de Inglaterra.

Tampoco olvidamos su paso por el Carnegie Hall o el festival de Niza, donde la influencia italiana le llevó a la cumbre musical con la introducción de temas de Renato Carosone que le permitieron girar por el país latino, e incluso grabar disco en vivo.

Su actuación en el Moderno fue un condensado de todo esto, con un repertorio repleto de conocidísimas melodías como “Tu vuo fa l'americano” del citado Carosone,  “Just a Gigolo” de Louis  Prima o  “Fly me to the moon” que hemos escuchado a Sinatra y algunos más, y que conforman buena parte de la historia musical de la segunda mitad del siglo XX .
Encantó al personal, atrapado por el sonido sexy que produce su instrumento  viento metal, y con esa batería sencilla, pero de frénetico ritmo o suaves barridos, cuando son escobillas en lugar de baquetas lo que se usa. Además un contrabajo de categoría, nada de bajo eléctrico, y un piano magistral.

El padrino estaba encantado porque la experiencia le mostró al público más cariñoso que ha tenido, aunque seguramente sea muy parecido a cualquiera de los centenares de conciertos que se hizo por los pubs ingleses, ante auditorios familiares, antes de tocar para miles de personas en sitios de enjundia.

La gente  de Guada soltaba sus sentimientos  y aplaudía, coreaba... hasta que un momento dado, casi abrumado por tanto ímpetu, Ray Gelato dijo,  “¡Hey,  that i'm not Justin Bieber”. No, ya quisiera él, porque en Guada no sé yo si hubiese caído tan fenomenalmente como este tipo, parecido a Loquillo, pero más bajito, con algún añito más, pocos, y con una calidad y calidez difíciles de encontrar juntas.

Estamos enamorados de este festival de jazz de noviembre y casi diciembre. Pues el próximo jueves, el día 1, será el último concierto con uno que es de por aquí, de la piel de toro, pues  se presenta Marco Mezquida. Probablemente de lo mejorcito desde  Tete Montoliú y con una dimensión brutal que trasciende las fronteras. Si se lo pierden asegúrense de que la razón es importante, porque  estas virguerías se dan pocas veces por tierras arriacenses. Corrijamos, ya les va dando la gana venir (creo que lo dijo Cela antes).

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