El atencino Tomás Gismera Velasco reedita la biografría de José Antonio Ochaíta. El atencino Tomás Gismera Velasco reedita la biografría de José Antonio Ochaíta.

Regreso de José Antonio Ochaíta, la voz de La Alcarria

Al cumplirse el 43 aniversario de la muerte de José Antonio Ochaíta, se reedita biografía que escribiese Tomás Gismera Velasco, con aporte de nuevos datos hasta ahora desconocidos en torno al autor alcarreño.

José Antonio Ochaíta es quizá el personaje más mediático en la España del siglo XX, que dio la provincia de Guadalajara. Nacido en Jadraque, el 8 de agosto de 1905, tuvo una infancia azarosa a raíz de la temprana muerte de su padre, Antonio Ochaíta Bachiller, natural de Trillo y maestro entonces de la escuela de niños de Jadraque.

La muerte de don Antonio, el 13 de enero de 1911 marcó a la familia, teniendo el joven José Antonio que marchar a un internado de Madrid, al Colegio de San Ildefonso, de donde salió para comenzar a ganarse la vida trabajando en numerosos empleos hasta que, mediada la década de 1920 marchó a Vigo, a estudiar al Colegio de los Salesianos, de donde saldría para ir a Salamanca donde se licenció en Filosofía y Letras. De Salamanca marchó de nuevo a Vigo, donde había comenzado una vida literaria que le hizo figurar entre los grandes maestros de la literatura gallega, con los que se codeó y entabló multitud de relaciones.

Sus colaboraciones periodísticas fueron habituales en numerosos medios de prensa gallega, desde El Faro de Vigo, donde comenzó a dar sus primeros pasos, al Compostelano, Vida Gallega o numerosas revistas literarias de aquella comunidad que lo encumbró como un autor imprescindible, y de referencia para la cultura poética y literaria de la Galicia del primer tercio del siglo XX.

Vigo se convirtió en escenario en el que representar sus primeras obras teatrales. El Colegio de los Salesianos vio el estreno de su primera obra, de temática histórica y en verso, del “Mendigo de la Rábita”, su primera obra teatral conocida, estrenada el 12 de octubre de 1928. Después vendrían otras más, y se haría imprescindible su nombre en el teatro García Barbón. Fue igualmente Galicia la estampa sobre la que plasmar sus primeros versos, habituales en el diario “El Compostelano”, fruto de los cuales nacería su primer libro de poesía: “Galicia verso y jardín”; y en Galicia obtuvo su primer premio literario, en 1930, dotado nada menos que con 500 pesetas de la época.

Su activa defensa de los colegios religiosos, con sus creencias y su catolicismo, le llevaron a granjearse no pocos enemigos, hasta hacer que, en los primeros días de julio de 1936 tuvo que dejar Vigo precipitadamente, marchando a Madrid, donde pasó el resto de la guerra, que no lo dejaría de marcar. Para entonces había pasado por ser profesor en el Colegio de los Salesianos, y poeta de éxito en Sevilla, de la mano de su tía, la también poeta de referencia en Sevilla, Eva Cervantes, o Esperanza Perales, casada con su tío Mariano. Había pasado por los triunfos al lado de José María Pemán o Eduardo Marquina; rivalizado en obra con los hermanos Alvarez Quintero e, incluso, codearse con los poetas andaluces de renombre, entre los que estaban García Lorca, Villalón o Rafael de León, de cuya mano entraría en el complejo mundo de la copla, o de letrista de canciones de éxito.

Antes de que esto sucediera regresó a Galicia al término de la guerra civil. Fue su primera salida de Madrid, en el mes de mayo de 1939, para darse cuenta de que en Vigo lo había perdido todo, incluso sus primeras obras. Su visita, dada su personalidad, la recogió la prensa gallega, en portada, en la esperanza de que se quedase nuevamente en aquella tierra.

Pero regresó a Madrid, a triunfar en el teatro junto a Rafael de León, primero; y en solitario después. Algunas de sus obras recorrieron los escenarios de España. Al tiempo que las primeras voces del panorama musical comenzaban a grabar en disco la letra de sus canciones, con títulos que incluso al día de hoy, continúan siendo celebrados: Cinco Farolas; Eugenia de Montijo; el Porompompero; La Lirio… Sin olvidar su paso por el mundo del cine, como guionista de películas de la mano de Florián Rey, o la más celebrada de “Bienvenido Míster Marshall”, para la que escribió la letra de sus canciones.

A ello añadiría una intensa labor poética en torno a Guadalajara, con larguísimos poemas que trataban de descubrir una tierra entonces desconocida: La Alcarria; la Guadalajara para la que comenzó a forjar una serie de obras que, en unión de otros guadalajareños de referencia para la provincia, entre los que no podía faltar Layna Serrano, Sinforiano García Sanz, Fermín Santos y tantos más, llegaría a forjar la tertulia “La Colmena”, antecedente de la Casa de Guadalajara en Madrid; la propia Casa de Guadalajara en su reapertura; el Núcleo Pedro González de Mendoza o los “Versos a Medianoche” que recorrieron la Guadalajara de la década de 1960.

Fue precisamente en la noche del Carmen de 1973, durante la celebración en Pastrana de aquellos “Versos a medianoche”, donde la muerte le sorprendió de forma fulminante, mientras comenzaba a recitar uno de sus últimos poemas alcarreños: “Manos nuevas para mi tierra vieja”. Fue enterrado en Jadraque al día siguiente, al pie del castillo para cuya reconstrucción había trabajado intensamente, y al que puso nombre oficial: “Castillo del Cid”, a raíz de la celebración de un grandioso homenaje nacional al Cardenal Mendoza, allí celebrado el 14 de junio de 1959.

Esta es, a grandes rasgos, la esencia de la obra biográfica que ahora, revisada, incluyendo muchos de estos datos que en la primera edición quedaron fuera, se presenta 14 años después de su primera edición.

Su autor, el atencino Tomás Gismera Velasco, la acaba de poner en manos de los lectores, para engrandecer un poco más la figura de un hombre que llevó a Guadalajara por bandera a través de la geografía nacional, y cuyo nombre permanece fresco en la memoria. Y si en la primera edición de la obra se incluían los títulos de sus cerca de mil canciones documentadas –y en ella quedan-; en esta edición se incluyen decenas de composiciones poéticas hasta ahora desconocidas, en un libro de 225 páginas que, al igual que el anterior, no deja de ser un homenaje al letrista, autor teatral y poeta más reconocido de la provincia a lo largo del siglo XX.

 “José Antonio Ochaíta. La Voz de la Alcarria. El Príncipe de la Copla”, puede adquirirse en cualquier parte del mundo, a través de Amazón.

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