Rock en familia, un concierto para todos

Rock en familia, un concierto para todos

El sol empieza a salir de su letargo y con sus rayos nos anima a salir a nosotros de los pequeños núcleos que llevamos tiempo cuidando con tanto celo. Ahora que las medidas empiezan a aflojarse y nos toca recorrer la compleja senda entre la normalidad y lo pandémico cuesta encontrar espacios en los que sentirse tranquilo, pero el ciclo de Ferial21 ha conseguido postularse como uno de ellos. 

La mañana del sábado ha sido el turno de “Rock en Familia” y su repertorio ha recorrido los grandes éxitos de Metallica y AC/DC, haciendo disfrutar a pequeños y mayores. Pese a las restricciones de movilidad y la imposición de ocupar los asientos. Un concierto de rock para todos los públicos ha sido la mejor decisión para los cientos de personas que se han dado cita en el recinto ferial de Guadalajara. 

Ha sido imposible mantener a los más pequeños quietos pero sin duda han podido disfrutar de los clásicos del rock, un buen tributo, que ha sabido recoger la esencia del rock y transcribirla en un ambiente óptimo para todos los públicos. 

Con juegos, gritos y buena música, los más pequeños han podido adentrarse en el mundo del rock en directo y hasta pedir sus primeros bises. 

Ángel Stanich en la mañana del domingo

La mañana del domingo tuvo nombre propio y fue Ángel Stanich, que tras más de año y medio sin dar conciertos vuelve a los escenarios con ganas de encontrarse con su público y recobrar la magia de los directos.

Canciones personales, nuevas y otras más escuchadas que dejaban trascribir un estilo muy personal y ritmos propios. 

El viento hizo también su aparición y dejó notas difusas y un ambiente algo más fresco, pero son cosas del directo, o cosas de adaptar la acústica a espacios abiertos. La cuestión es que pese a todo o gracias a ello, el concierto ha sido un éxito del que han podido disfrutar los asistentes incluso bailar desde las sillas lo que quizá sea pronto una nueva modalidad de baile. 

Es curioso porque aun con la variedad musical y el acondicionamiento de un espacio abierto, amplio y limpio, el aforo sigue sin ser una respuesta adecuada, al menos no tan optimista como la organización parece prever ya que siempre quedan sillas vacías. 

¿Será que no concebimos la cultura como una esfera lo suficientemente segura? ¿Será que ya nos hemos olvidado de la necesidad de sentir la música en directo? ¿No tendrá la suficiente difusión? Muchos esfuerzos para reanimar esta ciudad dormida a la que habrá que seguir tomándole el pulso. 

 

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