Semana de buenas vibraciones

Semana de buenas vibraciones

La actividad musical de Guadalajara sigue creciendo. A lo largo de la semana han sido varias las citas de calidad en el Teatro Moderno. El miércoles eran Bardos Druidas y otras movidas quienes acercaban desde Soria su música tradicional en un evento incluido en la programación cultural de Siglo Futuro. El jueves volvía el Jazz con la última propuesta del ciclo Jazz en el Moderno; Marco Mezquida y Antonio Serrano, cerraban con broche de oro una exhibición de calidad y soberbio sonido en un concierto inolvidable; al magistral piano de Marco se unía la magnífica interpretación del armonicista considerado uno de los mejores del mundo. Con ellos se puede decir sin temor a equivocarse que el jazz español, puede sacar pecho.

Bardos Druidas

El miércoles los sorianos se acercaron a territorio arriacense cargados de instrumentos tradicionales, para desarrollar un didáctico concierto en el que principalmente interpretaron temas del acerbo cultural español; desde Canarias a Galicia pocos sonidos populares se quedaron en el tintero. Jotas, coplas, romances fueron protagonistas previa explicación de sus pormenores.

Pero no se quedaron ahí porque también el folk europeo tuvo su hueco con varias adaptaciones de temas de cultura sajona, gigas y romances de aire medieval sonaron de forma impecable y con aires modernos fruto del trabajo de adaptación de los músicos sorianos. La formación nació a finales del siglo pasado, en 1999 con la intención de hacer un folk moderno pero respetado en sus conceptos. Así, la zanfona las dulzaínas, gaitas, flautas de pico, cortina de cencerros, campanillas, panderetas, d'jembe, el cajón y también la mandola y la guitarra española o la eléctrica y acústica fueron, entre otros muchos los que sonaron para disfrutar de una velada que esta vez no llenó completamente quedándose en ciento veinte espectadores los que presenciaron el recital.

Bardos Druidas son Fernando y Paco a los instrumentos de viento y cuerda, Oscar es el encargado de la percusión y Raúl, encargado de guitarras y otros instrumentos de cuerda completa la formación. Encantados y agradecidos los sorianos dieron todo en la provincia hermana, siendo muy aplaudidas las canciones más familiares en Guadalajara al tener muchos puntos en común.



Maravijazz

El jueves se esperaba con cierta ansiedad y muchísimas ganas vistas las entregas anteriores del  Ciclo de Jazz en el Moderno. Marco Mezquida y Antonio Serrano venían precedidos de una inmejorable crítica: El joven pianista Menorquín empezó en clásico a los siete añitos, así que con 14 ya era un pequeño genio que absorbió todo de maestros como Suso González y Tomé Olives. De ahí a la escuela superior de música de Cataluña y en 2009  obtenía la licenciatura en piano Jazz.
Improvisador como ninguno, la maestría de este genio de 28 años nos enseña un camino expedito y sin límites.

Ya forma parte de los créditos de más de cuarenta discos y es uno de los pianistas más solicitados y elogiados en todo el mundo.  No relataremos sus logros porque obligaríamos al lector a echar unas horas con la crónica; baste decir que no hay festival de renombre que no cuente con él ni músico que no necesite imperiosamente de las mágicas manos de este fenómeno musical.

La primera parte fue suya y desde la primera nota era imposible contener la emoción en el pecho. El Moderno entero se olvidó de respirar viendo las evoluciones del pianista sobre el instrumento rey al que hasta el teclado se le quedaba corto porque acudía a su interior para obtener nuevos sonidos de los aceros y la caja para mayor admiración del respetable.
Una tras otra las interpretaciones se iban agolpando en la caja de las sensaciones que todos llevamos dentro, no sabemos cuales ni cuantas... o no hace falta porque todo se hizo uno y aquello se transformo en un acto de amor hasta el descanso. En ese momento llegó el relevo y la segunda parte se iniciaba con otro portento que vino a terminar de maravillar al personal con un instrumento de esos que no suele ser protagonista, la armónica.

Porque Antonio Serrano es armonicista, dicen que uno de los que no hay, de los que saca notas imposibles y que hasta el agudo más estridente convierte en armonía. Ya le conocimos hace una década en las viejas jam's del desaparecido barlovento y sabíamos de su calidad; no en vano fue considerado el mejor armonicista de Europa siendo adolescente, pero es que ahora si Dios toca la armónica es porque recibe clases de Antonio. ¡Qué bestia parda! Parece mentira que ese chisme nacido en centroeuropa en la segunda década del XIX pueda lograr las variaciones, el cromatismo sonoro tan extenso que saca el músico madrileño.  Y ojo, que es hombre versado pues se apaña y de que modo con el piano, el violín y la percusión, además de ser un profundo conocedor de la historia de la música y otras artes.

Ya saben como le va la armónica al blues, ¿no? Pues Antonio Serrano lo demuestra trayendo a Huckleberry Finn soplando melodías junto al Mississippi o al tahúr que se mece en la butaca del Barco casino de vapor  mientras espera alguna partida para ejercer sus trampas. También sondea en el swing y todas las variantes del jazz, hasta el flamenco; incluso se atreve con temas clásicos nacidos mucho antes que el propio instrumento dotándolos nuevas sensaciones para el oyente que comprende que hacer música con armónica es hacer el amor, ¿ Como no si son los labios  los que dejan cantar al alma?

El tramo final fue inolvidable. Los dos musicazos enzarzados en la batalla de no dejar una emoción sin sacar interpretaron a dúo varios temas entre los que destacaba una obra de Paco de Lucía, Civian, que nos dejaron con el lagrimón puesto hasta el próximo ciclo de jazz.

En resumen, el más perfecto final para un ciclo que ha superado cualquier expectativa y para el que casi podríamos asegurar  tiene confirmados los llenos de las siguientes ediciones porque nada tiene que envidiar a otros encuentros de mayor recorrido y fama. Se ha apostado fuerte y se ha acertado pero esto supone que superarlo es complicado, que no imposible pues lo mejor de él es su organización que bien ganada tiene una de esas larguísimas ovaciones escuchadas en los conciertos vividos.

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