Ser, o no ser, con la coma puesta por Buero

La Junta de Censura mantuvo un extraño matrimonio con Buero Vallejo, ya que la publicación de sus obras dependía de los informes que realizaran los censores del régimen franquista, y sobre este asunto ha querido ahondar un poquito más la Asociación de Prensa de Guadalajara que, dentro de su ciclo de otoño, ha querido también sumarse al homenaje del gran dramaturgo con una conferencia titulada “Ser, o no ser: Buero Vallejo y la censura”.

Un acto en el que intervinieron Carlos Buero, hijo del dramaturgo, Berta Muñoz Cáliz, investigadora del Centro de Documentación Teatral del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; Denis Rafter, director de escena, actor y autor de Hamlet en España; y Carlos Alba Peinado, vicepresidente del Instituto del Teatro de CLM

“Buero lo tenía todo para fracasar y pasar desapercibido en la España franquista”, sin embargo, se libró de una condena a muerte, superó las secuelas de la cárcel y la tragedia familiar de la guerra y consiguió subir a los escenarios un teatro crítico y ético “pero sin revanchas”. Un teatro “comprometido no con las ideas sino con las personas que las sufren”.

 Carlos Alba apostillaba que “el Premio Lope de Vega tiene presencia gracias a Buero y al éxito de Historia de una Escalera y no al revés”, ya que el premio solo había existido un par de años en la etapa republicana y Buero ganó su primera convocatoria en la dictadura, no era un premio con trayectoria. Este éxito, permitió que Buero siguiese publicando ya que el autor estableció una especie de “pacto con el público” que le abrió camino en su carrera, tal y como señalaba Carlos Buero, hijo del dramaturgo.

El aprecio del público por el teatro de Buero hacía difícil a la Junta de Censura prohibir sus obras, especialmente en  los ’60, cuando tenían que adaptarse a la imagen aperturista que buscaba el régimen y cuando Buero era ya un autor reconocido y su prohibición, como la de otros, podría causar escándalo.

Historia de una escalera no fue censurada, según explicaba Berta Muñoz,  “no solo porque narra lo cotidiano de la vida misma si no porque los censores son incapaces de ver un sesgo político en la obra”. Buero fue inteligente y a través de la evolución de los personajes en el tiempo, en 1919, 1929 y 1949 (nótese que omite el 1939) pasan de ser jóvenes llenos de proyectos e ilusiones a ser adultos cargados de fracasos y con la vida arruinada al tiempo que se produce un traspaso de sueños y proyectos a las generaciones jóvenes cuyo futuro queda abierto. “Sin necesidad de hablar de Franco, Buero logra que la gente se pregunte ¿cómo he llegado aquí? ¿Qué nos ha pasado?”  y lo que había pasado “es que había habido una guerra civil y una dictadura fascista”.

Dictaduras ficticias, torturas e impotencia policial

No obstante, aunque a la Junta de Censura se le pasó el trasfondo de Historia de una Escalera, Buero no pudo despegarse de ella y en 1953 su obra Aventura en lo gris es prohibida ya que habla de la dictadura en el país ficticio de Surelia. Paradójicamente los censores no la consideran tendenciosa ni peligrosa, pero fue prohibida por un superior. “No era normal que una obra autorizada por la Junta de Censura pasase después por manos de superiores o incluso de ministros, como ocurría con las de Buero”, explicaba Berta Muñoz, “eso evidencia que Buero era un personaje nada cómodo para el franquismo”.

Finalmente Aventura en lo gris se estrenó en 1963, en el arranque de ese proceso aperturista, aunque en el mismo año, La doble historia del Doctor Valmy volvió a poner al autor en el punto de mira. Era una historia de tortura a presos políticos que, además, narraba la impotencia sexual que el ejercicio de esta labor le causa a un policía. La obra era carne de censura aunque, curiosamente, había incluso a quien le escandalizaba más la impotencia del policía que la tortura a los presos. Pese a todo la obra no se prohibió. No era ya tan fácil prohibir a Buero sin generar revuelo. Sin embargo, quedó retenida en el silencio administrativo y no fue estrenada en España hasta la muerte del dictador.

La coma de Hamlet

La conferencia llevaba por título “Ser, o no ser: Buero Vallejo y la censura” no solo porque el autor se mueva en esa dicotomía ser o no ser, publicar o no publicar… sino porque esta frase tan célebre del Hamlet de Shakespeare, guarda un vínculo con el dramaturgo.

Denis Rafter, que ha estudiado las múltiples traducciones de Hamlet al castellano, destacaba en la tarde de ayer la que realizó Buero Vallejo por su “grandeza” y porque “no pierde nada del original”. El dramaturgo irlandés exponía que, en su opinión, la mejor aportación de Buero a Hamlet es la coma que coloca en dicha frase: “Ser, o no ser”. Esa coma, una sola coma detrás del ser, permite pasar de la disyuntiva a dos principios filosóficos, el ontológico del ser y el metafísico del no ser. Y ahí está la cuestión.

La traducción que hizo el alcarreño del Hamlet superó la censura y fue llevada al teatro en 1961 bajo la dirección de José Tamayo y con Adolfo Marsillach en el papel principal. Rafter lamentaba que no le hubiesen encargado a Buero la producción de la obra por toda la fuerza que podría haber sacado de los personajes y porque es una obra con un trasfondo político que invita a la reflexión. Buero “habría sacado un Hamlet bueno y español”, ya que según Rafter en España tenemos la “enfermedad” de mirar siempre al extranjero en la producción teatral y lamentaba profundamente “toda la riqueza que pudo haber dado a la obra de Shakespeare” si la hubiese impregnado de una perspectiva española y se preguntaba hasta qué punto el régimen había influido a Buero para no querer tocar a Hamlet en exceso: “hubiera sido de un impacto tremendo”.

La otra censura

En cualquier caso, los ponentes coincidían en que Buero no sólo sufrió el aparato de censura franquista sino también otras fórmulas de censura desde la Transición hasta nuestros días. “Buero estorba a cualquier poder, también al democrático, porque el poder es el poder”, apuntaba su hijo. La obra de Buero “no ha sido tratada como merece, ni siquiera en su tierra” y hoy que somos “tan modernos” en el plano cultural, no se le reconoce como un autor al que hay que ver. “¿No le interesa al público o no le interesa a los políticos o a los programadores culturales?”, se preguntaba Muñoz.

El teatro en Guadalajara

Carlos Alba, aprovechó la oportunidad para recordar a las autoridades encargadas de la cultura en Guadalajara (aunque ausentes en el momento de su intervención) que Castilla-La Mancha “es una de las dos únicas comunidades autónomas sin estudios reglados de arte dramático”. Y que el Instituto del teatro de Castilla-La Mancha, cuya vicepresidencia ocupa, no es más que una asociación para impulsar esta reivindicación “siempre ignorada”. También invitó a las autoridades a aprovechar los recursos y el potencial teatral que ofrece Guadalajara y a sentirse orgullosos del Premio de Teatro Antonio Buero Vallejo “que lleva treinta años otorgándose en la ciudad y ninguno de los premiados ha sido representado”.

 

 

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