Una revista caminada en Cabanillas para recuperar la memoria

Una revista caminada en Cabanillas para recuperar la memoria

Superando todas las previsiones, más de un centenar de vecinos y vecinas de Cabanillas del Campo se sumaron este jueves a la primera edición de “El Andariego”, una “revista caminada” que acaba de nacer en Cabanillas del Campo. Con ella se ha realizado un paseo a través de la memoria histórica de la localidad, combinando recuerdos reales con cuentos y poesía, en una actividad cultural que se ha prolongado durante casi dos horas y media.

Con puntualidad británica, a las seis de la tarde, se reunía el nutrido grupo de participantes en la Plaza del Pueblo. Allí, el concejal de Cultura, Manuel Gallego, era el encargado de dar la bienvenida a los participantes. A continuación, el escritor y narrador oral Pep Bruno explicaba brevemente el funcionamiento de la actividad, consistente en un paseo por cuatro lugares que fueron importantes en la vida social y colectiva de Cabanillas del Campo en un tiempo no muy lejano. En cada una de estas paradas se combinaba una explicación histórica del lugar, con un relato relacionado con la actividad que en él se desarrollaba. Todos los narradores y narradoras participantes han sido vecinos de la localidad, tanto en el caso de las explicaciones históricas, como en el caso de los cuentos.

La primera estación del paseo estaba fijada en la plazuela donde se ubicaba una de las antiguas panaderías de Cabanillas. Allí, Mari Carmen Alcázar, descendiente de la familia que la regentaba, ha explicado minuciosamente dónde estaba el horno y cómo se cocía el pan en el pueblo (lo que sucedió hasta finales de los años 70), y cómo estaba dispuesto el despacho de pan en el bajo de la actual vivienda. Alcázar ha comentado que se siguió despachando hasta el comienzo del presente siglo, cuando cesó la actividad. Tras ella, Victoria Espada contaba la primera historia de la tarde: un relato de amor donde el pan tenía una presencia fundamental.

Desde allí la comitiva se desplazaba a la Plaza del Lavadero, donde antaño estaba la infraestructura que todavía da nombre al lugar. Mariaje Paniagua era la encargada de explicar cómo, hasta hace unos 40 años, las mujeres del pueblo lavaban y secaban la ropa en este rincón del municipio, en una labor que estaba cargada de curiosidades, ceremonias, ritos y costumbres. Las disputas por el correcto uso de las pilas, o la utilización del lavadero como lugar de cotilleo, han sido algunas de las anécdotas introducidas en el relato, seguido con mucha atención por los asistentes. Tras Paniagua, la narradora Concha Soria contaba una divertida historia donde las protagonistas eran un grupo de siete amigas empleadas de una lavandería, también en un entorno rural.

La tercera parada estaba fijada en la actual Plaza del Alguacil Julio Biosca. Allí, en el piso superior del Bar Alcázar, estaba ubicado hasta los años 80 el cine del pueblo. Ha sido Julia Moratilla, presidenta de la Asociación de Mujeres de Cabanillas, la encargada de explicar qué películas se proyectaban, cómo se las ingeniaban para poder compartir rollos entre varios municipios, o cómo la censura local, fundamentalmente la que ejercía el clero, mutilaba muchísimas de las proyecciones que disfrutaban en una Cabanillas que entonces acogía a centenares de jornaleros en las temporadas de patata, y que eran también habituales del cine. Tras Moratilla, la encargada de contar un cuento ha sido Ángeles Maestre, quien narraba una nueva historia de amor rural entorno a un jornalero y una joven local de la que se enamora perdidamente, y a la que consigue invitar, precisamente, a una sesión de cine.

La última parada histórica estaba fijada en los edificios de las antiguas escuelas (que hoy albergan el Centro Social Polivalente y el Centro de la Mujer). En los patios exteriores, Ángel Renieblas, actualmente maestro en Cabanillas, ofrecía una trabajada explicación de cómo evolucionaron las infraestructuras escolares de Cabanillas desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, con el punto central de la construcción de estos dos edificios hace ahora exactamente 90 años. Luego los participantes pasaban al interior del Centro Polivalente, donde se ubicaba la Escuela de Niñas, y escuchaban un cuento ofrecido por Cheles López, basado en un niño que no sabía dibujar, pero que se convirtió en un gran artista gracias a una maestra.

Se alcanzaban las dos horas de “Andariego” cuando todos los participantes volvían al punto de partida. De nuevo en la Plaza del Pueblo, frente a la fachada del Ayuntamiento, el Coro Poético y Peripatético de Guadalajara, que dirige la actriz, narradora y escritora Estrella Ortiz, ponía el punto final a una velada mágica, llena de fantasía, y que ha supuesto toda una inmersión en la pequeña historia cotidiana de lo que era Cabanillas del Campo antes de que se llenara de industrias, viviendas, y vecinos llegados de otros lugares.

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