Victoria Camps, en la conferencia celebrada ayer en el Centro Ibercaja organizada por la  Fundación Siglo Futuro. Victoria Camps, en la conferencia celebrada ayer en el Centro Ibercaja organizada por la Fundación Siglo Futuro.

Victoria Camps: “Para ser libre y autónomo hay que querer ejercer la libertad”

La catedrática de Filosofía, Victoria Camps, volvía ayer a Guadalajara por tercera vez y de la mano de la Fundación Siglo Futuro para dar una conferencia en el marco del ciclo “Pensamiento, sociedad, ética y filosofía” que organiza la fundación. La filósofa tuvo muy buena acogida, con un público variado que llenó hasta los topes el salón de actos del Centro Ibercaja para escucharla.

Durante una hora y media, Victoria Camps abordó el tema de la libertad, un tema tremendamente tratado desde la ética. Partiendo de la polémica veraniega que surgió a raíz del uso de burkinis en Francia, Camps apuntaba a los argumentos de las musulmanas para llevarlo: “de puertas para dentro, por respeto a una doctrina y, de puerta para fuera, porque son libres de elegirlo”. Porque el burkini, el velo…etc. pueden ser y son también signos de identidad cultural y religiosa “pero en Occidente no lo entendemos porque lo vemos desde la perspectiva de la dominación” apuntaba la filósofa. “¿Acaso las occidentales son más libres cuando se ponen zapatos de tacón que las hacen sufrir todo el día?”.

Victoria Camps recordaba los dos conceptos de libertad que contempla la filosofía: la negativa, que sería la propiamente liberal, la de “poder hacer todo lo que no está prohibido por ley” y la positiva, una autonomía moral que implica una capacidad de autogobierno personal. Haciendo un repaso desde los orígenes de la ideología liberal hasta nuestros días, la autora fue desgranando hechos y cuestiones para llegar a su concepción de lo que es ser autónomo y libre de verdad.

La Ilustración promovía la tolerancia a todas las religiones y la libertad del individuo a acogerse a cualquiera de ellas pero la evolución hasta la secularización de Occidente y las sociedades laicas conlleva que el impulso al cumplimiento de normas morales que aportaba la religión se pierde. “El progreso que supone poder elegir no tener una religión no implica no tener unas bases o criterios que marquen lo que se debe o no hacer”. De ahí que la conferenciante hiciese hincapié en la necesidad de la ideología humanitaria o en los valores cívicos que “todo el mundo debería hacer suyos para que exista una moralidad pública”.

También se aludió a las cuatro virtudes aristotélicas: prudencia, fortaleza, justicia y templanza; cuatro cualidades que ya en el s.IV a.C. se consideraban claves para la formación de la ciudadanía. “Todas estas virtudes han fallado en los últimos años de crisis económica y financiera”, señalaba Camps quien apuntaba que hay que mirar hacia la educación, cuya responsabilidad no sólo descansa en familia y escuela sino en el conjunto de agentes socializadores. “Hay que educar no en libertad, sin ninguna clase de norma o deber, sino para la libertad. Sacar lo más excelente que hay en una persona, ayudarla a formar su propio carácter y a que pueda ser capaz de elegir libremente”.

Por otro lado, cuando uno tiene la libertad de elegir, no necesariamente entre una acción buena y una mala, sino entre opciones más complejas que impliquen consecuencias o renuncias, se produce también lo que la autora llama “el amparo de la tribu”: la búsqueda fuera de uno mismo de soluciones simples para problemas complejos. Esto “se deriva del miedo, de no saber qué hacer ante la posibilidad de elegir”. Además, la autora apuntaba al sistema económico de consumo como otra parte del problema ya que nos domina sin que nos demos cuenta: “borra las diferencias entre unos y otros, aquello que creemos que elegimos nos viene impuesto, no es fruto de una decisión personal sino del arrastre de la sociedad”.

Por tanto, la filósofa añadía que, en las sociedades occidentales tenemos más fácil ejercer la autonomía personal “pero hay que querer ejercerla”, y aludía a una frase de Mark Twain: “tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos”.

En definitiva, para Victoria Camps, alguien libre y autónomo es alguien que aprende a dudar, a argumentar su criterio, a disentir, que no asume sin más lo que se considera políticamente correcto y que se muestra sincero y es íntegro consigo mismo.

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