El San Isidro de D. Simón; capítulo VIII: Un dislate continuado

El San Isidro de D. Simón; capítulo VIII: Un dislate continuado

FERIA DE SAN ISIDRO

Llevamos ya, a día de ayer, casi un tercio de las corridas de toros del periplo isidro y algo podemos decir. Muy poco, es cierto, en cuanto a lo bueno; porque en el polo opuesto corre serpenteante la desilusión y se apunta, hacia el desasosiego, en el alma del aficionado...

Si hay alguien en el mundo que se crea todo lo que le dicen.., ese es, sin duda alguna, el público de toros. El aficionado..; el aficionado, se toca un poco la ropa porque a estas alturas conoce el percal y se lo piensa algo más.

Así que, los: visionarios, mesías y predicadores del mundo empresarial taurino, tenían el campo abonado para lo que quieran mandar con los mensajes que considerasen oportunos. Por tanto, si la perspectiva del negoçi era de alicaimiento pues.., una de optimismo para levantar taquillas. Que para eso se lo bastan solos o acompañados de su total organización, en todas sus vertientes...

Se dice pronto, pero llevamos ya sus 6 corridas 6, (36 toros), del muy afamado encaste Domeq con los diferentes trapíos, las variantes que uds gusten y todos ellos con más pitones que una corte vikinga. Y miren por donde, las variantes están variando muy poco. Lo que sí varía respecto a las pasadas temporadas, es que se están viendo corridas con una morfología, trapío y edad que antes solamente se lidiaban en el agosto venteño.

Así que, por mor de la programación ofertada por la UTE de D. Simón, (se supone), al carecer desde julio hasta la feria de otoño de festejos mayores, salvo tres fechas ..; todo lo contratado en el campo con aires ciertos de limpieza de camadas, para lidiarse en la canícula, no tiene más pe...rspectiva, que anunciarse en mayo. Y para eso, nada mejor que hacerlo dentro del abono ferial. Ojo clínico, se llama eso...

Por tanto, semejante dislate como el que está ocurriendo hasta ahora, no es sino las consecuencias de habérsele llenado a alguno el pecho de prometer lo imposible, como es el cambiar de la noche a la mañana las características de casta, fiereza y trapío de la cabaña brava en su rama comercial. Aún así, el problema se complica porque por chungo que vaya siendo el juego de los funos, no es menos cierto que en contadísimos casos hubo donde hacer algún cesto.., en casi cada tarde.

Un toro de La Quinta, otro de El Ventorrillo, uno de Montalvo; otro herrado con una gótica M ,(¡válgame el cielo!), de El Pilar, acá un fuenteymbro manso, más que bienaventurado.., pidieron el carnet de sus respectivos matadores y resultaron, a la vista de todos, que tenían fechas borrosas o cerca de su caducidad. Y claro, el Sanedrín venteño, con sus miles de jueces, ha tomado buena nota porque el desbarre de ciertos matadores, ante la gran oportunidad perdida, ha sido palmario...

El octavo festejo, celebrado ayer, ofertaba las repeticiones de Curro Díaz y David Mora que seguro vendrían con sus obligados actos de contrición y de penitencia al corriente, después de los petardos recientes. Remataba la terna Iván Fandiño, que no estaría muy lejos de semejante situación, dado que sus últimas actuaciones en Las Ventas tienen algo de camino de la amargura; y para remate, lo mismo se esperaba del ganadero...

Por vez primera en el ciclo se rompió la lidia al completo de la ganadería anunciada, ya que se recompuso el sexteto con un toro de El Montecillo y con el discurrir del festejo, se amplió a uno más.

Lo que ocurrió ayer en Madrid, fue un dislate general como pocas veces hemos visto. Fue un dislate el aprobar tres de los cinco de Parladé por su falta de trapío. Fue un dislate el mantener en el ruedo la ruina de tres de los cuatro que se lidiaron de la ganadería anunciada. Fue un dislate el mantener desde el palco el pié y la letra del reglamento en el tercio de banderillas del quinto toro, cuando lo competente era el interpretarlo y acortarlo para favorecer una lidia desquiciada por causa de un serio animal con cuernos, engendrado por el mismísimo demonio..; fue un dislate conceder un trofeo con escasa petición, por una faena de muy buena apertura y tres tandas con la derecha, en la que la nobleza del toro mereció más mando en plaza y pureza en su desarrollo y que acabó a la baja por la insistencia en la continuidad cuando el toro se acabó. Fue un dislate, en fin, el palco, que perdió el uso racional de los pañuelos en la
plaza y posiblemente, por su buena fe, los papeles en los corrales...

Lo mejor de todo lo que ocurrió fue el comprobar que Curro Díaz pueda creer a pié juntillas en los milagros, después de que el toro se frenase cuando lo iba a rematar contra las tablas; que Víctor M. Martínez lo pueda seguir contando después de la guadaña que le tiró ese barrabás del quinto; que David Mora se haya rehecho bastante de su petardo anterior y que se vieran destellos del jiennense y el madrileño; porque lo de Fandiño.., lo de Fandiño últimamente en Madrid, es para darse contra la pared por lo que le toca apechugar. El pasado año fue un torrealta producto cierto del averno; y esta feria un montecillo de veintisiete padres... y para más inri le queda la de Pereda.

Pero para remate ocurrió lo mejor: que se cumpliera el dicho ese de “Que Dios reparta suerte”. Ayer lo repartió la Santísima Trinidad...

Ficha del festejo: Plaza de Las Ventas 18/05/2017. Tres cuartos largos de asistencia.
Cuatro toros de Parladé descastados salvo el sexto y muy blandos; y dos, 4º y 5º, de El
Montecillo descastados y de pésima condición el 5º.
Curro Díaz: silencio y silencio. Iván Fandiño: silencio y reproche injustificable.
David Mora: ovación y oreja protestada.

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