Carlos Goñi: "Soy absolutamente feliz tocando la guitarra"

Carlos Goñi, alma de Revólver desde hace 20 años, acude este sábado a tocar a Guadalajara. Presentará su nuevo trabajo “21 gramos” en el Teatro Auditorio Buero Vallejo, éste sábado, 18 de abril. Con el que lleva meses girando y agotando entradas en todos los lugares donde ha actuado.

Carlos Goñi actúa este sábado en GuadalajaraHe de reconocer que hablar con Goñi no es como imaginaba. Siempre tan serio en sus apariciones públicas, con discos repletos de canciones enormemente comprometidas… Tenía la imagen de un tipo serio, parco en palabras… Pero no. Me ha sorprendido gratamente, porque al otro lado del hilo telefónico encontré a un hombre afable y divertido, que no se muerde la lengua; de risa sincera, franca, contagiosa; con las ideas claras; chistoso y muy simpático.
Cuando le comento que hubo un fotógrafo en Guadalajara apellidado como él, que era fotógrafo de Alfonso XIII y le confieso que pensaba preguntarle si lo de la foto va con el apellido, pero que luego, me pareció absurdo. Me contesta: “Pues sorpréndete, mi único hobby es la fotografía”. Tengo ganas de escucharlo en el Buero Vallejo el sábado 18, porque una vez “conoces” (todo lo que se puede conocer a alguien en 25 minutos) a Carlos Goñi, comprendes mejor porqué hace lo que hace y cómo lo hace. “Soy absolutamente feliz tocando la guitarra” afirma. Se nota, Carlos. Se nota.

P: Primero González Iñárritu y luego usted recuerdan el peso del alma, "21 gramos" en un momento en que el mundo occidental da la espalda cada vez más a lo espiritual. ¿Es por ir contracorriente?
R: (Se ríe a carcajadas) Me encanta que se considere ir a contracorriente en ese sentido. No sé cuál sería el caso de Iñárritu, pero el mío fue que todo el álbum funcionaba con un concepto muy reflexivo en cuanto a letras, no había personajes concretos a los que les ocurrieran cosas, que suele ser algo habitual en los discos que hago. De ahí, que me pusiera a teclear en internet multitud de chorradas tipo “cuánto mide un beso”, “cuánto pesa un abrazo”, se me ocurrió lo del peso del alma.
Tengo la película, de hecho, pero no se me quedó de ella eso, la película me caló por otros derroteros. La mayoría de la gente sabe que 21 gramos es el peso del alma, pero no sabe de dónde viene y me gustó la historia y por eso, lo adopté para el álbum.

P: Curioso que el experimento que pretendía probar el peso del alma se llevara a cabo a principios del siglo XX, cuando no parecía sencillo comprobar cosas como esa…
R: Pues sí, fíjate. Tengo la teoría que el señor que la hizo iba de láudano y absenta hasta más arriba de las cejas, pero es una opinión muy particular (ríe).
 
P: Su sello siempre han sido las letras comprometidas, ¿Quizá se confundió al poner la tilde en el nombre del grupo y lo que pretende es "revolver" conciencias?
R: (Ríe) ¡Qué bonito! (Ríe de nuevo). No me he atrevido a dar un consejo ni a mis hijos. Como mucho me atrevo a contar las cosas como las veo yo. Soy de la opinión de que no hay una verdad absoluta o que sí la hay, pero una para cada persona que habita en el mundo, esa es la mía, no es ni mejor ni peor que la de otro cualquiera.
Sí me gusta revolver, pero no me he creído que estoy en una especie de púlpito para decir: “Hermanos os voy a contar la verdad de la vida”. No.
Ahora, estoy dando unas clases en la Sociedad General de Autores de Valencia y cuando los chavales llegan, les digo: Si alguno piensa que saldrá de aquí sabiendo componer que vaya y pida que le devuelvan el precio que ha pagado. Espero que si han entrado con dos o tres dudas, salgan del curso con 150 más. Revolver conciencias me parece muy interesante.

No me gustan las letras que hacen hoy en día. Neil Young decía que en época de crisis hay un caldo de cultivo para que la gente diga lo que piensa. Lo veremos dentro de dos años



P: Se dice que la poesía es un arma de futuro, ¿Podría decirse lo mismo de la música?
R: Sí (arrastrando la palabra). Pero tengo mis dudas respecto a que sirva para algo, en cuanto a que pueda cambiar algo de una manera clara. Sirve para demostrar la disconformidad con lo que pueda ocurrir. Hay mucha gente que lo lleva haciendo [demostrar la disconformidad] a lo largo de la Historia. Nunca he creído que la música sirva para cambiar el mundo, pero sí para que tú te sientas mejor. Tanto el que la escribe, como el que la escucha.
Eso hace que sirva para algo. A lo mejor, de rebote, consigues cambiar la vida de una persona, porque piensa que no es la única que piensa así, que hay más gente que opina igual. Pero no creo que, respecto a un poder establecido, la música pueda servir para algo. Ahora no, porque mediáticamente es más fuerte, pero creo que siempre ha sido la hermana pobre de las artes y las letras.

P: Sin embargo, se han usado muchas canciones como himnos en movimientos sociales…
R: Sí, eso hace unificar criterios, te das cuenta de que el que está a tu lado piensa como tú y los dos la cantamos... Pero hoy en día, la música ya no está a eso. No sé hasta qué punto podríamos nombrar a cantantes que sean conocidos por su grado de compromiso, hoy. No encontraríamos tantos probablemente. En los años 30, 40 ó 60, sí, pero hoy en día no. Las letras de la mayoría de la gente van por otros derroteros.

P: Entonces, ¿Se ha quedado la música como algo puramente artístico o comercial sin nada de fondo?
R: Hombre, no me atrevería a decir algo tan tajante como eso, pero si nos ponemos a revisar las listas de éxitos, las letras no es algo en lo que más nos vamos a fijar. Podríamos tener un debate respecto a su calidad o en su parte contraria, entiéndeme, no me gusta cómo escribe mucha gente, otros sí me gustan; pero no se pone mucho el dedo en la llaga.
Neil Young dice que en periodos de crisis es cuando realmente se provoca un buen caldo de cultivo para que la gente se remueva en la silla y diga lo que piensa. Vamos a esperar un par de años a ver cuánto se remueven en la silla para decir lo que opinan en sus canciones.

P: ¿Pero ha llegado la crisis a la música?
R: (Ríe a carcajadas) Esto es una broma, ¿no? (ríe más). Llevamos con la crisis metida en los huesos desde hace por lo menos seis años, la diferencia es que el mundo se nos ha puesto a la par. Sí, además, hay una crisis importante en cuanto a cómo valoran la música los ciudadanos y al respeto que por ella tienen desde hace años.

Me gustaría que los discos costaran 6-8 euros, que es aceptable. Pero hay que mantener las compañías. El sistema como funciona ahora está agotado



P: Supongo que se refiere a las descargas por internet, pero hay muchos conciertos llenando y las entradas no son baratas realmente.
R: Sí, lo que pasa es que lo que ha ocurrido en España no es que haya más conciertos, sino que se crece. Ha mejorado la infraestructura, hay más espacios donde tocar ante 10.000 personas. Yo me acuerdo de tocar en un escenario que estaba sujeto por dos tractores, uno a cada lado, y no hace tantísimo tiempo. Esto, gracias a Dios, parece que ya no ocurre, pero hace 10-12 años esto era casi normal. O que estuvieras ensayando y llegaran dos tíos que estaban jugando a la pelota valenciana y te cogieran el grupo electrógeno y lo movieran de sitio porque les molestaba para jugar. Son cosas que pasan. Creo que esto se está erradicando y hay unas infraestructuras más adecuadas para tocar y, eso hace, que se toque más en directo.

P: Estas infraestructuras las suelen hacer los Ayuntamientos. No sé si también son ellos quienes le contratan y si tienen con los músicos la misma deuda que con las Pymes…
R: Pues mira es una cuestión interesante. En ese sentido, gozo de la enorme suerte de estar en una oficina como RLM que son quienes resuelven esos problemas y a mí no me llegan. Con los Ayuntamientos, se trabaja en verano y yo hace ya bastantes años que no giro en verano. Me gustan las giras de invierno, que suelen ser en locales privados. He tenido la enorme suerte de que, en esta gira, los conciertos se han hecho en lugares donde no he tenido problemas para cobrar. Creo (matiza en seguida y añade divertido), porque yo me ocupo de subir a tocar no de ir a cobrar.

P: Hablando de discográficas. ¿Cree que se podría cambiar el modo de hacer de las grandes compañías para que al usuario no le llegase la música tan cara?
R: Absolutamente sí, se podría cambiar para que al usuario le llegara más barata. Soy músico, pero soy un comprador de discos compulsivo, me gustaría tanto como a ti que los discos costaran 6-8 euros, que es un precio accesible y que creo que se puede llegar. Pero hay que mantener enormes emporios que son las compañías, aunque ya no quedan de esas.
Pero lo que está clarísimo es que el sistema no funciona, como otros tantos de la sociedad de consumo. La fórmula como tal de las compañías de discos, de la manera que la han venido haciendo hasta ahora, está agotada.
El problema es que, como siempre, la tecnología, la calle, los ciudadanos van por delante de los gobiernos y las medidas que toman siempre son tardías, para cuando vayan a tomar una decisión, los consumidores estaremos en otra onda, con lo cual, se la volverán a comer; pero algo tendrán que hacer porque el sistema está completamente agotado.

Soy feliz tocando la guitarra, no pensando qué voy a hacer con el dinero que ganas después de ir a un sitio. Lo importante es ser feliz con lo que haces



P: Comprador compulsivo… ¿Qué escucha Carlos Goñi?
R: De todo. Me encanta la música africana, me gusta muchísimo el jazz, el country, el blues; por supuesto, el rock americano… Me gustan muchos tipos de música, jamás se me ocurriría delimitar mi carrera o gustos a una parte de la música concreta, es un error, sería como perderse una parte de la cultura. Es como decir “sólo leo escritores en lengua castellana”, pues peor para ti. Esto es un poco lo mismo.

P: ¿Cuál ha sido el último grupo que le ha sorprendido?
R: (Repite la pregunta para sí en voz alta, mientras piensa) Había un grupo, a principios de los 90, que editó sólo un álbum. Se llamaba Arc Angels, formado por Doyle Bramhall y Charlie Sexton. Hicieron un solo disco que es una absoluta maravilla del principio al final, pero no funcionó. Se disolvieron y uno se fue de guitarrista con Eric Clapton y el otro con Bob Dylan, lo que demuestra que eran auténticos genios. Ellos siguen sacando discos en solitario y, cada vez que oigo uno nuevo, me siguen sorprendiendo y poniendo los pelos de punta.

P: Usted reconoce que le gusta estar bien informado, ¿Es fácil distinguir el grano de la paja en la información publicada?
R: Me gusta mucho la radio, escucho diferentes emisoras y con los periódicos me ocurre tres cuartos de lo mismo. Nunca compro un periódico solo, si compro El País, compro también El Mundo. No me gustan los extremos, comprarlos me parece una gilipollez, porque son tan diametralmente opuestos que no iba a encontrar nada en común. Pero con un par de periódicos como El País y El Mundo, te puedes hacer una idea de qué es lo que ha pasado.
En cuanto a distinguir el grano de la paja, uno tiende a pensar lo que cree y saca sus propias conclusiones. No es buena cosa andar sólo en una dirección, porque te acaban condicionando con sus propios ideales.

P: Pero suele ser lo habitual…
R: Sí, es lo habitual, pero bueno, para eso estás tú como individuo para poder discernir una cosa de otra. Nunca he creído en la revolución colectiva, pienso que para que eso exista tiene que haber una personal, sin una revolución personal interna, la otra no me parece posible. Porque si no, será cuestión de tiempo que sea de nuevo lo mismo. Por eso, es bueno estar informado, buscar por uno mismo la información, no esperar a que te llegue.
 
P: Cuando vino a Guadalajara en el 95, sé que hace mucho tiempo, pero ¿Recuerda qué es lo que más le llamó la atención?
R: Sí, actué en un anfiteatro, al aire libre y lo pasé muy bien, lo recuerdo además con mucho cariño y espero que este sábado lo pasemos igual de bien. Si alguno vino en esa ocasión y repite, espero que le guste. Que le merezca la pena volver a vernos.

P: Lo mismo aclaran gargantas, porque en aquella ocasión incluyó el tema "Si no hubiera que correr", grabado en Guadalajara, en su disco "Rarezas"...
R: Bueno, igual aclaran gargantas (Ríe a carcajadas)
 

Si dices las cosas muy alto y muchas veces, consigues que la gente haga lo contrario, por molestar



P: Dice en su nuevo disco: "Trazar una recta de mi corazón a la boca y ser fiel hasta morir". ¿No es francamente difícil mantener eso hoy en día?
R: Hay que tener cuidado. Por ejemplo, en “Mestizo”, me mantenía fiel a algo y decía lo que pensaba, pero cometí un error monumental, que lo grité demasiado alto. Eso no está bien, porque no somos imbéciles, cuando te dicen las cosas demasiadas veces y muy alto al oído, acabas por hacer lo contrario sólo por molestar. Lo que sí es verdad es que ser fiel a uno mismo no me parece tan complicado, siempre y cuando decidas que el precio que vas a pagar merece la pena. Me parece relativamente sencillo.
Por ejemplo, hace unos 9 años, decidí que no iba a hacer más playbacks en televisión. Se montó una muy gorda: una bronca monumental en mi compañía y que estuviera muchísimo tiempo sin salir en la tele. Al cabo de los años, ¿qué ha ocurrido? Nada, que hago la misma televisión que hacía entonces, pero la hago en directo y cualquiera que me oiga sabe que, o lo hago en directo o no lo hago. El playback me parece de un anticuado y de un desuso… que ya es absurdo. Para hacer playback, es preferible que pongan un videoclip. Como esta decisión, podría contar muchas más. Tomas una decisión y tienes que asumir las consecuencias. Otra cosa es que digas: lo que quiero es trepar y llenarme los bolsillos hasta arriba. Pero en mi caso, es que soy feliz tocando la guitarra, no pensando qué voy a hacer con el dinero que ganas después de ir a un sitio. Lo importante es ser feliz con lo que haces.

P: Negarse a hacer playbacks, ¿es respetar al público?
R: Efectivamente, si haces playback mantienes el mito del disco y no acercas al público cuál es la realidad del músico. Lo que pasa es que para las televisiones es infinitamente más barato que suelten el playback y no tener que poner un técnico de verdad ni hacer pruebas ni colocar micrófonos… Hacerlo en directo es más costoso, pero a mí me gusta muchísimo más, porque lo otro suena siempre igual.
El directo es algo que me apasiona, me planteo diferentes formatos de directo para que nunca sea igual y no aburrirme. Ahora, llevo dos giras a la vez: una eléctrica con toda la banda y otra acústica con un piano, guitarra y acordeón, ésta última me gusta mucho más, permite cuestiones diferentes. Es la que llevo a Guadalajara.
Con la otra, tocas dos horas, con un sonidazo de muerte y fenomenal. Pero no compongo los álbumes para eso, pensando en el público, sino pensando en mí, puede que suene egoísta, pero creo que es cómo funcionan bien las cosas.
 
P: En este disco, usted afirma tocar si no todos, casi todos, los instrumentos. ¿Quién le sustituye en directo?
R: (Ríe con ganas) Bueno, lo voy a explicar. Cuando compuse el disco, se trataba de ir para adelante y para atrás durante la grabación. Es decir, componía una canción y, tiempo después, la escuchaba y no me gustaba, entonces, tenía que poder decidir qué diferentes direcciones quería tener y lo grababa de nuevo. No tienes más remedio que grabarlo todo y escucharlo y decidir qué quieres hacer al final. Lo hice solo por cuestión de tiempo, porque si quería ir hacia atrás y cambiar algo que no me gustaba, podía hacerlo. Si hubiera estado con la banda, haciendo eso, me habrían mandado al carajo no sabes a qué velocidad. No lo he hecho por egocentrismo, sino por eficacia. Al final, estoy contento con el resultado. Eso sí, mejora de una manera importante con los músicos con los que tengo la enorme fortuna de poder tocar, son muy buenos.

P: ¿Quiere añadir algo más?
R: Nada, que me lo he pasado muy bien en la entrevista y que espero a la gente el sábado.
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