Marta Layna sonríe a la vida

Marta Layna sonríe a la vida

PAISANAJE DE GUADALAJARA

“Sonríe a la vida, nunca te rindas”. Esta es la frase con el que hoy ha amanecido el perfil de Facebook de Marta Layna junto a una foto en la que luce una de las sonrisas más bonitas que cualquiera pueda imaginar.  A Marta, con sus 47 años, que evidentemente parecen bastantes menos, la mayoría la conocen subida a una moto, a una Harley, junto a otro gran personaje de Guadalajara que cualquier día de estos asomará por méritos propios a esta sección, el Mosquy. Pero lo que a lo mejor algunos no saben es que hace ocho meses Marta cambió el casco de la moto por un pañuelo de colores, pero sin renunciar a su enorme sonrisa, esa misma que luce hoy, en el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, para contagiar su espíritu de lucha en una batalla que ella ya tiene casi ganada.

“Siempre hay que sacar el lado positivo de todo, incluso de las adversidades, es el único modo de hacerlo más llevadero”, asegura Marta, con una voz dulce y pausada, atendiéndonos al otro lado del teléfono, de manera inmediata, tras nuestra petición de conversación, para contar su experiencia, “si puedo ayudar, cuenta conmigo”.

En la fuerza de esa sonrisa, y también en el gran apoyo de su familia, sus amigas y ese Mosquy, que ha sido durante todo este tiempo su mejor aliado, “lo ha dejado todo por cuidarme”, ha cimentado Marta su resistencia.

Eso y un optimismo positivo, pero realista, que aún la hace dar las gracias “por un diagnóstico precoz, una operación en la que solo me han tenido que quitar el tumor y un tratamiento de quimioterapia que ha funcionado sin complicaciones”.

Para Marta este es el primer Día Mundial Contra el Cáncer de Mama como protagonista y ella, como otras muchas mujeres, aunque era consiente de que le puede pasar a cualquiera, nunca imaginó que la pudiera tocar, por eso insiste en los consejos de prevención, "tócate para que no te toque, aunque la frase no es mía”.

“Exteriorizar esta enfermedad es una opción muy personal, yo lo hice y no me arrepiento de ello, porque lo que he recibido a cambio son muchas muestras de cariño y apoyo que me reconfortan”, asegura Marta, explicando que la lucha contra el cáncer de mama trae días muy malos “sobre todo después de los ciclos de quimio, pero donde también hay día buenos que hay que saber aprovechar a fondo. Cualquier momento bueno se convierte en algo grande ahora”.

Por eso Marta, tras el impacto inicial de conocer su diagnóstico y esos días iniciales de abatimiento y hasta de lágrimas a escondidas, se calzó la sonrisa, las ganas de luchar y las ganas de vivir, sin renunciar a lo que ella es.

Hasta mi perrita Ada ha sido un gran consuelo, los animales intuyen lo que te pasa y te dan todavía más cariño y a mí me crecían las ganas de sacarla a pasear y es que las ganas de querer hacer lo que siempre has hecho no desaparecen, si acaso que a veces faltan las fuerzas, pero hay que normalizar tu vida todo lo posible”. ¿Cómo esas ganas de montar en moto?… “sí, aunque de momento no he podido, pero si que me he unido a las concentraciones para disfrutar con esa pequeña gran familia de mis amigos moteros”.

Como madre, el trago de contarle lo que pasaba a su hijo de once años, fue uno de los peores momentos. “Habían tratado este tema en el colegio, sabía que yo estaba preocupada por un bulto en el pecho, y preguntó directamente. Aunque la primera vez no tuve fuerzas para contarle, luego pensé que no tenía más remedio. Es más él hasta se enfadó un poco por ser el último en enterarse”. Después, seguir peleando con los deberes de su hijo, o por sacar fuerzas para atenderle, era casi terapéutico. “Trabajar no he podido trabajar en estos meses (lo hace en el Centro de la Mujer de Cabanillas), pero sentirte útil, dentro de tus posibilidades, sigue siendo muy importante en el proceso de curación”.

De la lucha de estos meses, aparte de su entorno personal, Marta destaca el enorme trato humano de la Unidad de Oncología del Hospital de Guadalajara, “son una gente estupenda” y también la fuerza y el empuje que ha descubierto en otras muchas mujeres que allí ha conocido, peleando también contra el cáncer "de manera asombrosa y ejemplar".

Y la anécdota más feliz, esa fiesta sorpresa que le prepararon las amigas antes de la última quimio “que me puso las pilas”. “Te das cuenta de que antes te preocupabas por cosas muy tontas, como llevar el pelo mal arreglado, y ahora sabes que la familia y los amigos son lo realmente importante”.

A Marta Layna no la pedimos ningún consejo para otras mujeres que como ella están luchando contra el cáncer de mama, solo la pedimos que nos preste su sonrisa, porque es lo mejor que se puede decir.

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