“Hay demasiados vinos iguales”

SANTIAGO VIVANCO, bodeguero

Santiago Vivanco amplía su sonrisa cuando se le pregunta por un vino para tomar estas Navidades. “El que más le guste a cada uno, pero que tomen vino”, ríe. Al menos una botella para estas fiestas en las que la cerveza, el champán y la sidra compiten también por hacerse un hueco en la mesa. “Mi padre dice, y es verdad, que no hay ningún vino malo, todos son buenos”, asegura el hijo de Pedro Vivanco, el patriarca actual de una dinastía de bodegueros que comenzó su andadura en 1915 y que ahora mismo se encuentra en su apogeo.

De formación humanística, Santiago se encarga ahora del área administrativa y financiera de las Bodegas Dinastía Vivanco, situadas en Briones (La Rioja). Una función que alterna con la presidencia de la Asociación para el Desarrollo del Turismo y la Cultura (ACTE) y con la dirección de la Fundación Vivanco y el Museo de la Cultura del Vino; este último un orgullo para la familia en el que el Gobierno autonómico “invirtió 0 euros” y que se ha convertido en uno de los destinos turísticos de más renombre en La Rioja desde el año 2004, con 140.000 visitas anuales.

El pasado miércoles, Vivanco impartió en Guadalajara una conferencia llena de datos interesantes con el título “Vino y tradición: una perspectiva cultural”, dentro de las actividades que organiza regularmente la Fundación Siglo Futuro. Una visión histórica de la relación entre el hombre y el vino que también aprovechó para reivindicar la experimentación y la innovación con nuevas variedades de vid, especialmente las autóctonas de cada zona, frente a la tendencia actual a la homogeneización. “Hay demasiados vinos iguales”, asegura Santiago.

P: Una conferencia sobre vino y tradición ¿Qué nos ha de sorprender de estos 8.000 años de historia?
R. Eso precisamente, que llevamos 8.000 años de historia entre el hombre y el vino, con momentos de amor y odio. Estamos en un momento bonito, porque la gente cada vez quiere saber más de vino, pero también en uno complicado, porque desde los países del Norte, que no son productores, hay un ataque al vino y a la cultura del vino. Tenemos que divulgar esa cultura y defenderla frente a ataques políticos que pueden hacer que el vino sufra.

P. El origen del vino estuvo en Azerbaiyán y Georgia; Egipto fue una civilización vinícola ¿Qué ha pasado para que ahora las potencias del vino estén en otros extremos?
R.  En esas zonas donde se desarrolló y tenía más importancia el vino, al llegar el Islam desapareció el consumo y vemos ahí toda la zona de Oriente Medio y Egipto, que fueron en su día cunas y fueron los que enseñaron a hacer vino, y ahora son zonas donde no se elabora - aunque hay pequeñas elaboraciones- y no hay casi consumo por el tema religión. El tema cultural también puede mucho. Pero bueno, también hizo que en zonas donde no existía la variedad, por otros temas, se llevó el vino a América, a África… el vino va en función del hombre, y el hombre lo va moviendo de un sitio para otro con sus culturas.

P.  Quieren “devolver al vino lo que el vino nos ha dado a nosotros” ¿Qué le ha dado el vino a la familia Vivanco? En especial a usted, que entró en esto a través de unas inquietudes más humanísticas.
R. Nos lo ha dado todo. Yo no tenía intención de meterme. Estudié derecho, pensaba trabajar en alguna ONG, en algún tema de derecho internacional, pero luego, cuando ves el vino, lo que le ha hecho a mi familia, a mi padre, la pasión… terminas queriéndolo. Me ha descubierto un mundo, me ha permitido viajar, conocer muchísima gente, amigos, realizarme, estar aquí en Guadalajara. Y generar riqueza, claro. Tenemos 200 personas que trabajan en la empresa, que es importante. Nos sentimos orgullosos.

P. ¿En esta época de crisis es un momento para potenciar y defender más el vino, tanto a nivel cultural como económico?
R.  Si. Por supuesto, por la crisis, ha bajado el consumo. En general en España ha bajado. De los 60 litros por habitante al año a principios de siglo XX ahora estamos por debajo de 20. Ha bajado mucho pero también se toma mejor aunque se tome menos. La crisis ha hecho mucho daño y ahora las bodegas lo que hacemos es salir a exportación, donde el vino está funcionando mejor. Además, cuanto más presente esté el vino de España ayudaremos también a la imagen del país, a la gastronomía española y un poco a la imagen de todo.

P. Hablaba usted también en la charla de la influencia de algunos periodistas y medios de comunicación, de Robert Parker [influyente crítico estadounidense] en particular.
R. Es espectacular. Jamás una persona ha tenido tanta influencia en el vino. Todo el mundo intenta hacer vinos que él los puntúe bien. Si los puntúa mal no vas a vender vino. Esto puede tener algo de bueno, porque está marcando unos niveles de calidad, pero también mucho de malo porque se están homogeneizando todos los vinos del mundo, que cada vez son más parecidos. Y se están perdiendo otros que no están sometidos a esas leyes porque el consumidor no los compra, porque el mercado está pidiendo unos productos y convenciendo a la gente para que los pida. Van a ir desapareciendo vinos raros, producciones pequeñas… es una pena.

P. ¿Hacia donde debemos ir ahora, entonces, para evitar ese exceso de vinos iguales?
R. Hay que experimentar más con variedades autóctonas. No siempre terminar con el Cabernet, Merlot, Tempranillo, Viura, Malvasía, Sauvignon o Verdejo. De eso hay mucho. Creo que hay que potenciar las variedades minoritarias, que en todas las zonas las hay; investigar y buscar cosas diferentes. Y recuperar sobre todo cosas de la tradición, que son nuestras, de aquí, y que nos pueden ayudar también a ser más fuertes a la hora de vender vino.

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