Eucaristia en recuerdo de la Duquesa del Sevillano. Eucaristia en recuerdo de la Duquesa del Sevillano.

Comienzan los actos del centenario del fallecimiento de la Duquesa de Sevillano

Con la celebración de una Eucaristía de recordatorio en Santa María Micaela, este sábado comenzaban los actos organizados por el Ayuntamiento para conmemorar el centenario del fallecimiento de la Duquesa de Sevillano, que traen un ciclo de conferencias, la primera a celebrar el próximo jueves11 de mayo, donde Blanca Sagasti Lacalle, analizará los orígenes navarros de la Condesa dela Vega del Pozo, visitas temáticas y talleres infantiles, durante todo es mes de mayo, además de una ampliación de apertura en el monumento del Panteón.

Y es que este año se conmemora el centenario del fallecimiento de María Diega de Desmaissières, duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo, uno de los personajes más emblemáticos de la historia reciente de Guadalajara. Además de poseer una de las mayores fortunas nacionales de su tiempo y ser heredera universal de numerosos títulos nobiliarios, la duquesa de Sevillano destacó por su sencillez, discreción y dedicación a los más necesitados. Emprendió importantes iniciativas sociales y, gracias a su inversión y promoción, Guadalajara conserva grandes obras de la arquitectura decimonómica. La Fundación de la duquesa de Sevillano (Colegio Niña María) y el propio palacio de la familia (actual Colegio Maristas), son algunos ejemplos. 

Prueba del cariño que le profesaban las gentes de Guadalajara fue la gran comitiva que acompañó sus restos mortales desde el tren procedente de Burdeos hasta su panteón, echándose la ciudad entera a las calles en su último adiós.  Falleció en Burdeos el 9 de marzo de 1916 y el Ayuntamiento de Guadalajara en 1888 la nombró Hija Adoptiva.

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Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo

En junio de 1887 doña María Diega de Desmaissières y Sevillano, duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo, obtuvo del Estado la autorización para levantar un panteón familiar en Guadalajara. El encargo para proyectar esta construcción recayó en uno de los arquitectos más reputados del momento, Ricardo Velázquez Bosco.

Sabemos que en 1901 la empresa había alcanzado prácticamente su cénit, y que la edificación de los pabellones para el asilo e instrucción de niños de Guadalajara estaba en plena actividad.

No obstante, el 9 de marzo de 1916, día del fallecimiento de la duquesa, aún restaban algunos trabajos por concluir, como la instalación del Calvario pintado por Alejandro Ferrán para exorno del altar mayor y por finalizar las esculturas que estaba ejecutando Ángel García Díaz.

Desde entonces, este singular monumento y su cúpula de tejas púrpuras es uno de los iconos más representativos de Guadalajara.

El panteón de los Sevillano es una de las obras más representativas de la arquitectura 0 ecléctica de la Restauración, y responde a los gustos estéticos de la sociedad alfonsina, aún presa de los ideales del romanticismo historicista y amante de los antiguos monumentos medievales hispanos.

En la búsqueda de ese modelo de edificación de raigambre, Velázquez Bosco se perfiló como uno de los principales protagonistas.

Así, en consecuencia, don Ricardo para el mausoleo alcarreño se inspiraría en la alta Edad Media peninsular. En concreto, en la arquitectura de la monarquía visigoda: interpretando y combinando a su antojo crismones, molduras labradas, fajas ciegas, arcos de medio punto y de herradura; y marcando las intersecciones de planos con largas pilastras y fustes para otorgar un movimiento ascensional a todo el conjunto.

La aleación entre la verticalidad tomada de aquellas iglesias / palacios y la centralidad de la de cruz griega empleada para la planta tiene por resultado un alzado esbelto y armonioso perceptible desde todos sus frentes, y allá desde donde se contemple. Este efecto monumental se multiplica con el voluminoso tambor del remate y con la cúpula de cerámicas reflectantes que sirve de soporte a la corona ducal y a la cruz victoriosa. Aquí, la deuda con los cimborrios de las catedrales del ománico leonés es inapelable.

En el interior, Velázquez Bosco mantiene su discurso. Pero, ante la parquedad de los referentes hispánicos se apropiará de los modelos más exquisitos del estilo bizantino. Así, frente a la sobriedad del exterior, la capilla se exhibe como una preciosa estancia con los paramentos recubiertos de mármoles de diversas tonalidades, piedras semipreciosas y molduras de bronce dorado. El ornato llega a su cota máxima en las techumbres abovedadas, en las trompas y en los arcos formeros que las sostienen, recubiertas por mosaicos de teselas áureas y multicolores que nos transportan a las primeras basílicas cristianas.

La profusión de ventanales permite el libre paso de los rayos solares que, al incidir sobre la superficie dorada, procuran una atmósfera atemporal e ingrávida que lo inunda todo, incluso hasta la cripta mortuoria gracias a la bóveda calada que divide las estancias.

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