La Noche de los Sentidos en el Placio del Infantado. Fotos: J. Fraile. La Noche de los Sentidos en el Placio del Infantado. Fotos: J. Fraile.

Guadalajara se volcó con todos los sentidos en el Palacio del Infantado

El Palacio del Infantado quiere ser Patrimonio de la Humanidad no solo como una joya arquitectónica del gótico final, obra de Juan Guas, sino como un edificio vivo testigo de una intensa actividad cultural y escenario de los acontecimientos más notables de la ciudad de Guadalajara, que sus vecinos sienten en el corazón y con los cinco sentidos. Y de eso se trataba la Noche de los Sentidos, de abrir el Palacio del Infantado al mundo, a través de los sentidos de cientos de guadalajareños que acudieron a la llamada de una noche cargada de actividades para escuchar, saborear, tocar, oler, y ver al Palacio del Infantado. Una noche mágica en la que a pesar del frío, Guadalajara se volcó para dejar su testimonio de cuánto quiere al Palacio del Infantado.

Una hora antes de que comenzarán las actividades, cuyo inicio estaba previsto para las 18:30 horas, ya había colas en el zaguán para apuntarse a aquellas que tenían cupo reducido: las visitas teatralizadas, con tres turnos de 40 personas y las catas de Aceite y Miel de la Alcarria y Vinos de Mondéjar, con otros tres turnos de 25 personas. Se completaron los cupos en menos de una hora y fueron muchos los que se quedaron sin poder inscribirse, aunque había otras muchas actividades abiertas a todos.

El gran mural que el Ayuntamiento de Guadalajara instalaba en el Patio de Los Leones, para dejar el mensaje personal de cada cual de apoyo a la candidatura del Palacio del Infantado para ser declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, era la primera parada de casi todos los visitantes. Pronto los mensajes diseminados que habían dejado los grupos escolares que durante toda la mañana giraron visitas al monumento (700 escolares de sexto de primaria de todos los centros de la ciudad) se vieron acompañados de otros muchos que con dibujos, con palabras y hasta con versos daban su apoyo a simplemente expresaban su cariño y admiración. Al final no quedó ni un hueco en blanco y los mensajes se entrecruzaban y amontonaban como una enorme sopa de letras "infantada".

El alcalde de Guadalajara, Antonio Román, era uno de esos primeros visitantes en estampar su firma con la dedicatoria, "de Guadalajara al mundo, Palacio del Infantado, patrimonio historia y futuro". También lo hicieron el presidente de la Diputación provincial, José Manuel Latre y el delegado de la Junta, Alberto Rojo, pues las tres instituciones acompañaron el momento inaugural de esta Noche de los Sentidos, animando a todos a participar y realizando la entrega de premios del concurso de pinchos “Palacio del Infantado,¡de Guadalajara al mundo!

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Saboreando el Infantado

El pincho de Aurum Gastro Bar, elaborado por Carlos Gumiel, era el ganador del Infantado de Oro, dotado con 1.500 euros. Se trataba de un “bizcocho de Imperial Porter, foie, trufa y miel”, que llevaba cerveza Arriaca Negra, harina de trigo negrillo de Sigüenza, miel de romero de La Alcarria y trufa negra de Molina y al que coronaba una punta de diamante como las de la fachada del Infantado. Espectacular, era el comentario de quienes pudieron llegar a probarlo, pues también la degustación se quedó corta o el público asistente largo. “Ya se sabe que los bizcochos borrachos de Guadalajara son lo mejor”, era el comentario de una de las catadoras, que con su desliz de confusión desvelaba que no solo Guadalajara estaba saboreando el Infantado.

El restaurante Post Post se llevaba el Infantado de Plata, con "Trucha del Tajo escabechada sobre base crujiente de jamón de Atienza y aroma de miel de la Alcarria”, elaborado por, Elizabeth Baños y el Bistró de Lino, con Mario de Lucas, el Infantado de bronce, con "Columna de Patio de los Leones con corazón de pato y velo de membrillo, coronado con pistacho”.

Y mientras se entregaban estos premios culinarios, comenzaba a sonar la música de Old Dixieland Band en el Patio de los Leones, que cada vez se iba llenando con mucha más gente y muchos niños con sus globos en forma de corazón con la marca del Infantado al mundo.

Se llenaban los talleres infantiles donde los más pequeños se hacían su propia máscara de león o grifo con cartulinas de colores.

También se llenaban las primeras catas de las Denonimaciones de Origen, con una sala para cada una en la galería superior del palacio, donde los afortunados que lograron plaza, pudieron aprender a distinguir el aroma de la aceituna verdeja, a diferenciar las composiciones florales en el color de la miel, o a apreciar con un pequeño sorbo de vino de Mondéjar, que este es dulce, salado, ácido y amargo al mismo tiempo.

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Descubriendo el Palacio

Cada cual campaba a sus anchas por el Infantado y el bullicio de gente era cada vez mayor. Los más jóvenes retaban al frío paseando por los jardines y haciéndose sus memorables fotos junto al estanque, mientras que los más mayores buscaban refugio en el interior.

Se llenó la exposición permanente del Museo para descubrir los Tránsitos y Salas del Duque que no cayeron cuando el bombardeo de 1936 y también tuvieron que espaciar las entradas. 

Para muchos era la primera vez que se encontraban con el Sepulcro de doña Aldonza de Mendoza, con el Ecce Homo que también existe en Guadalajara y nadie trastocó, y con los frescos de Rómulo Cincinato en las Salas del Duque.

Para otros una oportunidad de repetir, con el añadido de esos audiovisuales que lo explican todo sobre la familia Mendoza, que es la que vivió en el Palacio grandes momentos de esplendor, hasta el siglo XVII, convertido en una pequeña “corte” en torno a los duques del Infantado. Que alojó a reyes de España y albergó varias bodas reales.

Toda la historia del Infantado, incluida la de la trama de diamantes, los leones enfrentados y los grifos mitológicos, alados y  encadenados, también se iba explicando en esas visitas teatralizadas, donde los personajes de los Mendoza cobraban vida.

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Y todo lo que aprendían en las visitas o sencillamente lo que veían, arropado por un atardecer mágico que tiñó de tonos rosados el horizonte antes de vestir la fachada con luces de colores ya en la noche, era captado por cientos de cámaras de teléfonos móviles y también otras muchas profesionales. 

Ya fuera a modo de selfie, como foto para el recuerdo, como foto artística o como foto informativa, todos querían captar la esencia del Infantado y divulgarla por las redes con ese hastag #PalaciodelInfantado que aspiraba a ser trending topic.

También a modo de concurso, con esa propuesta de Rally Fotográfico que realizaba la Agrupación Fotográfica, que también impartió un taller de fotografía, y que nos pedía agudizar los sentidos. Hubo más de treinta participantes inscritos, y unas 50 fotos divulgadas en redes, pero se hicieron muchas más, solo que algunos se quejaban de que les resultó imposible subir las fotos, con el tráfico de datos colapsado.

Y aunque no acompañó la luna, pues era nueva, el manto negro de la noche era lo ideal para ver otro Infantado como nunca se ha visto, con proyecciones de juegos visuales de luces en el Patio de los Leones que transformaban y ponían en movimiento el edificio.

Hubo mucho público durante las cuatro horas que duraron las actividades, pero cuando llegó el final, pasadas las once de la noche,  apenas unas cien personas disfrutaban de esa teatralización de despedida, en la que un bibliotecario, el Marqués de Santillana y la princesa Isabel de Valois,  animaban a todos a seguir escribiendo la historia del Infantado, como una historia de amor, con el tacto de unas plumas.


Galería Gráfica La Noche de los Sentidos Fotos: J. Fraile

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