Movilización en las redes para reclamar el arreglo del Puente Árabe de Guadalajara

Movilización en las redes para reclamar el arreglo del Puente Árabe de Guadalajara

"No podemos permitir que el Puente Árabe de Guadalajara, declarado Monumento Artístico, se encuentre en las condiciones que está". Con esta premisa el grupo de faceboock "Amigos del Ayuntamiento de Guadalajara", que lidera el popular Eduardo Díaz, ha iniciado una movilización a través de las redes sociales, con el fin de recabar apoyos y presentar ante la Junta de Comunidades un escrito para reclamar el arreglo de este puente sobre el Río Henares, cuya reforma ya estaba anunciada para el verano del 2017, pero que ahora ha desaparecido su partida presupuestaria en las cuentas regionales.

Para aquellos que quieran sumar a la petición: https://www.facebook.com/groups/1520919431546359/?fref=nf

Según nos cuenta el cronista provincial, Antonio Herera Casado, este puente es de origen romano, pero construido plenamente por los árabes, en época cristiana medieval era ya de proporciones monumentales, y tenía en el centro una torre alta y fuerte, según hemos leído en la Relación de 1579, y así llegó a los días de Núñez de Castro, que fue el último de sus antiguos historiadores, a mediados del siglo XVII. Así decían los redactores de la “Relación” de Guadalajara en 1579: Está sobre el dho rio vna Puente de mui hermoso y fuerte edificio, con vna torre alta y fuerte en medio de ella que en su demostracion arguye gran antigüedad, y segun viejas escripturas presúmese haver sido edificada de los romanos, es el edificio de ella cal y ladrillo y canto. 

Pero la torre desapareció, posiblemente en los avatares de la Guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII, cuando nuestra tierra fue teatro de importantes acciones bélicas, hundiéndose definitivamente el puente en 1757, en el discurso de una gran riada otoñal, dando a partir de entonces servicio en precarias condiciones a través de un puente provisional de barcas y maderas mal puestas. 

Por el agobio que para las relaciones comerciales y sociales suponía la falta de puente en Guadalajara, el corregidor de la ciudad recabó la colaboración (en forma de impuestos) de todos los pueblos en 30 leguas a la redonda, que se obligaron a hacer aportaciones para su reconstrucción; así y todo, no llegando los dineros para la construcción completa, fue necesario acudir a las arcas del Estado para que pusieran lo que faltaba y así reedificar el puente con la solidez y grandiosidad con que entonces se acometían estas obras. Redordemos que se hace esta reconstrucción durante el reinado de Carlos III, tan dado a montar estas grandes obras públicas en beneficio del desarrollo de la Patria.

Todavía a mediados del siglo XIX, en 1856, fue necesario hacer otra gran reparación, quedando desde entonces tal como hoy lo vemos. Como si fuera el tocón de un gran árbol, en el puente de Guadalajara han quedado marcados los siglos en forma de tipos diferentes de piedras, de colores distintos, de estilos y parches. 

Este puente guadalajareño, que está declarado monumento nacional, puede calificarse de obra antiquísima, pues como ya he dicho fue levantada por los romanos para dar acceso al puesto militar que vigilaba el Henares desde su orilla izquierda, cercano a la vieja Arriaca que asentaba (por donde hoy anda Marchamalo) junto a la Vía Augusta que avanzaba desde Mérida a Zaragoza. En el lecho del río se pusieron enormes losas talladas, que aún se conservan, y sobre ellas se construyó este puente, que ha ido sufriendo derrumbamientos por vejez, avenidas del río y guerras, pero que aún hoy conserva su aire morisco y su vetustez. 

La principal fábrica de este monumento es árabe, de la segunda mitad del siglo X, y fue ordenado levantar por Abderramán III, para servir de acceso a lo que ya era una de las más importantes ciudades de la Marca Media. Consta de varios arcos apuntados, y en el centro del río, contra corriente, avanza un fortísimo espolón o estribo que remata en varias hiladas de sillería en degradación, y sobre él aparece un “arco ladrón” en herradura, al que llaman el ojillo para dar salida a las avenidas impetuosas. Tuvo originariamente una alta torre en el centro, y al parecer otra en el extremo opuesto a la ciudad. Mide 117 metros de largo, y se forma por siete arcos y seis pilastrones, muy fuertes y macizos los dos centrales, llevando uno de ellos un aliviadero muy característico de los puentes árabes. Se han rescatado los dos últimos en unas recientes jornadas de recuperación arqueológica. 

Se trata de una obra en la línea más pura de la arquitectura califal cordobesa de la época, pues en principio tenía una fuerte rampa doble o lomo, que suponía ser más elevada la parte central que las laterales. En lo que resta de obra árabe, alternan las hiladas de sogas con variable número de tizones. La forma de sus arcos y la estructura de sus bordes es muy similar a la de los que se ven en la mezquita de San Salvador en Toledo.

Fue remodelado en época cristiana, sufriendo muchas reformas a lo largo de los años. Del extremo sur, el que da a la población, arranca en zig zag la pontezuela que se dirigía hacia el barranco del Alamín, y cruzándolo, seguía camino por la margen izquierda del río (el camino salinero) sin necesidad de subir a la ciudad. En el fondo del puente se levanta un monolito pétreo en el que se ve borrosa leyenda explicativa del arreglo que de este puente hizo Carlos III, tras su derrumbamiento en 1757 por fuerte inundación. Fue el arquitecto montañés Juan Eugenio de la Viesca quien se encargó de llevar adelante la obra de restauración. En el siglo XX se le privó del pretil de piedra y la chepa central que aún, tras las muchas reformas, le confería un verdadero aire medieval, hoy ya perdido.

Al igual que los clásicos puentes romanos y árabes este de Guadalajara tiene unos pilastrones que mantienen los arcos con planta angulada o picuda aguas arriba, y redondeada aguas abajo. Como detalle singular nos ofrece el aliviadero (los de Guadalajara le llamamos “el ojillo” que se abre sobre el pilastrón más antiguo, con doble zarpa. Ese aliviadero consta de un arco de herradura enjarjado, con una estructura que permite fecharlo sin duda en la segunda mitad del siglo X. El pasadizo que forma este aliviadero tiene una bóveda con sección de herradura, con sillarejos colocados a tizón, muy bien ordenados. 

No hay duda que la construcción originaria de esta puente sobre el río Henares es árabe. Durante los primeros siglos de existencia de la ciudad, el río se cruzaría por un vano cómodo y empedrado, o por un puente de madera. El hecho de que Abderaman III mandara personalmente iniciar la construcción de esta gran obra, prueba la importancia que hacia el año 950 había ya adquirido la Wad-al-Hayara de la Marca Media andalusí. Y las reformas y ampliaciones hechas en la Edad Media castellana, a partir del siglo XIII (de lo que son muestra la numerosas marcas de cantería que se ven en los sillares bajos, especialmente abundante la estrella de cinco puntas) vendrían a darle la configuración actual.

 

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