Santoneando con las mascotas

San Antón a San Roque le pegó un palo y el perro, al gorrino, le mordió el rabo”. Esta cancioncilla se escuchaba en los pueblos de la Alcarria, celebrando San Antonio Abad, el patrón de los herreros, y por ende de los animales. Entonces los animales lo eran casi todo para el mundo rural, medio de transporte, alimento, calefacción y fuerza bruta. Al santo se le sacaba en procesión y daba vueltas a la ermita seguido de caballos, mulas, cochinos, gallinas y amos y a eso se le llamaba santonear.

Ahora existen más animales en las ciudades que en los pueblos, de los de cuatro patas, aclaro. Y ayer, en la iglesia de Santiago, los guadalajareños santoneaban con sus mascotas al modo urbanita, sabiendo que no cumplen tantas funciones como los domésticados de antaño, pero que llenan un hueco de cariño, digno de una bendición.

La variedad zoológica no fue mucha y se demuestra una vez más que el perro es el mejor amigo del hombre, y el de raza pequeña, el más beato. Los animales no entienden de ritos religiosos, y más de un ladrido se escapó dentro del templo.

Mientras el párroco de Santiago, Rafael Iruela, bendice los panes, unos 150, hechos con harina y anís. Los feligreses pueden comprarlos, como manda la tradición, y esta vez se agotaron enseguida.

Hisopo en mano, el cura empieza a esparcir el agua bendita sobre las cabezas de felinos, canes y pájaros, sin mucho entretenimiento y luego cada cual marcha a su casa, que hace un día de perros..

Ya lo dice el refrán, “Hasta San Antón todo son Pascuas”, y ahora sigue la cuesta de enero.