La sombra de Shakespeare

Que por primera vez una compañía de la tierra, entre a formar parte del concurso en el Certamen de teatro Arcipreste de Hita, no es un hecho casual, pero no responde tanto a la partida de nacimiento de "Ultramarinos de Lucas", como a la calidad de su obra "La sombra del Lear", que ayer se puso en escena en el Teatro Moderno, marcando el ecuador del Arcipreste de Hita.

Encantados de repetir la experiencia como espectadores y mantenemos la crónica del estreno, sustentando cada una de las palabras con el convencimiento de que como el buen vino, esta obra mejora con el tiempo.

Ultramarinos de Lucas se propone una vez más jugar al teatro y esta vez lo hace sobre la cuerda floja, nada más y nada menos que contando a Shakespeare, que no representándolo. La pirueta resulta magistral y el público sale convencido de haber visto algo muy bueno, después de codearse con el dramaturgo inglés y la historia del viejo y cansado rey Lear. Satisfechos de haber fagocitado teatro del bueno.

Esto es un lío, como Shakespeare, pero ahora trato de explicarlo, más o menos, si puedo. Un solo actor, compartiendo escenario con el público, aparece sentado en una silla de ruedas con la soga al cuello y en ropa interior. Como en todas las obras de Shakespeare, nada es casual. Se ha desnudado ante el público, porque así va a estar durante dos horas, por mucho que cambie inmediatamente su vestuario.

Desnudo, como el rey Lear despojado de todo lo superfluo, para emprender su locura teatral: contar lo que quiso contar Shakespeare con su historia del rey Lear y contagiar el encantamiento de su poesía. Se lía la soga al cuello porque está enredado en un buen lío. El teatro es una disciplina que requiere de la complicidad del espectador y va a interpretar a ratos hasta once personajes de la gran tragedia del rey Lear, cuando en realidad estos son zapatos, un guante o el brazo de un maniquí.

Necesita de la imaginación del público para no resultar patético. Bueno y porque ya Shakespeare es un lío. Y la silla de ruedas, pues es eso, una silla de ruedas. La vejez. No podía ser de otro modo si el rey Lear es un gran zapato.

El hecho escénico implica un trabajo de equipo y de orden (aunque no necesariamente un orden preestablecido) y aquí Ultramarinos de Lucas cambia el orden del teatro a la narración, para referir lingüística y visualmente esa sucesión de hechos que describe las consecuencias de la irresponsabilidad y los errores de juicio de Lear al entregar el poder sus hijas malvadas.